domingo, marzo 20

En el vaivén de la marea.



          Marzo 2011.                 En el vaivén de la marea.

 

Mi playa es un gran pan moreno punteado de bordes de roca que gruñen cuando las olas le muerden la corteza, de color marrón oscuro, árido y terregoso a pleno sol... sólo que jugoso cuando se rocía de aceite verde de lluvia.

Es un pan duro al cuchillo del viento, horneándose al abrigo de constantes crestas que empuja un viejo mar.

Tiene mi playa una amiga que se oculta de día en las pequeñas cuevas marinas, cuajadas de bordados que forman los conchas, corales y algas, respirando el aroma salobre del mar vestido de azul, de verde o de gris.

A veces se la puede ver en compañía del sol, admirando cómo el mar mueve despacio su melena con peine de sal.

Guarda muchas historias en sus ojos plateados, siendo en las noches calurosas de verano cuando las relata  a la luz de las luciérnagas.

Una noche se escapó una ola a descansar sobre la orilla, pues cansada de moverse al son que marcaba el mar, se soltó para contemplar la noche desde la arena.

Su oscura piel se hinchaba recogiendo oxígeno caliente, cambiando sus gotas por una espuma salada.

Se ondulaba lentamente queriendo alargar el tiempo de vuelta al mar, intentando hacer realidad su deseo: bailar con cuerpo propio y abandonar el susurro marino por golpes de voz.

Solo quería crear y caminar, mirar y descansar... aunque ella sola.

Y fue a tumbarse a la orilla cuando descubrió que la miraba con ojos diminutos la arena.

Tienes la frescura y transparencia necesaria.

Combinas el movimiento y el viento... Y sabes lo que es llenarse de vida.

¿Necesitas más?, ¿Qué te falta para hacerlo?

Se acercó la arena hasta ella, y sentándose en un remolino de aire le confeso: Las arenas tenemos un secreto, escuchar el corazón de las olas.

Forman parte de un gran mar que siempre ruge, gime y susurra.

Sólo que cuando alguna de ustedes llega a la orilla, se siente sola... esperando ser escuchada en medio del silencio.

Sin querer, el agua se filtra poco a poco, y sus sueños se empapan en nuestros granos de arena.

La ola comprendió que ser escuchada tenía un riesgo.

Al alba no sería nada más que otra ola en el  mar...Y la angustia le hizo temblar.

¿Por qué no te arriesgas?

Crees que yo no me siento hueca cuando me muevo si me empuja el viento, me mojo si la lluvia o el mar quieren, sabiendo que jamás va a crecer nada en mí.

Aunque…me dejo modelar,  y siempre he pensado que es la sal que me dejan ustedes, que se une a mi deseo por la caricia de unas manos.

La ola sonrió dejándose descubrir.

La arena le apretó la mano húmeda dejándose empapar, y continuaron hablando de ellas y de sus mundos salados durante toda la noche.

Con los primeros rayos del alba, el rocío se perfumaba con gotas de mar bien frescas.

 

La playa despertaba poco a poco dejando que las gaviotas  se dieran el primer desayuno.

El mar acariciaba la orilla con un compás tranquilo, mojando mis pies morenos, que dormía sobre la playa.

Volviendo a la vida tras un largo sueño donde la luna parecía haberme hechizado, desperté desentumeciendo el cuerpo.

Me moje la cara con las olas, sintiendo el aroma del mar confundirse con el aire de mis pulmones.

El vuelo del vestido, se mojaba en el vaivén de la marea.

Mi piel canela brillaba como la fina arena que me arropó mientras dormía.

Caminando, me mire las manos, apreté los puños y desenredando los dedos, nadaron en el mar del viento, curvando las palmas al aleteo de las muñecas.

Andando al fin por la ruta, proyectó el sol su luz, contemplando en mi sombra la forma de la arena y el movimiento de la ola...y lloró gotas saladas.

Desde BC, mi rincón existencial, tan lejos de mi tierra... y tan cerca de mi espíritu, sueño que me mece al ritmo de las olas,  me arrulla con sus vaivenes, y me funde con su espuma. Andrea Guadalupe.

                                     Andrea Guadalupe.

                Tijuana BC. México. Tierra que abraza siempre al regreso, que cobija entre latidos  
                                            sumergidos en una busqueda natural.

                   Desde mi rincón existencial, donde el  sol nace al poniente.      

 
 


El cielo es océano y las estrellas barcos mercantes.


 

Marzo 2011.    El cielo es océano y las estrellas barcos mercantes.

Es imposible en ocasiones olvidar aquellos recuerdos que en su momento fueron importantes.  

Quedan por alguna extraña razón, prendidos en la memoria como el ancla de un barco.

Tan profundos y firmes que no se puede continuar el viaje si no dejas en el fondo del mar una huella que sea rastro de que te detuviste allí.

A pesar de que el tiempo transcurre lento y preciso, se van dejando atrás instantes que amaste con todo el furor de tu creer.

Evoluciona el mundo y nuestra existencia con el, sin embargo liberarse del pasado a veces cuesta, sobre todo cuando ha quedado alguna huella imborrable.

La pregunta es: ¿Se puede continuar el presente, sin dejar que el pasado cause efecto en el diario vivir?

Intersecciones del destino o simples contradicciones.

La melancolía no se sube al lomo de ningún caballo que la lleve lejos del corazón

Se queda aquí, aferrada, trabada a la doliente carne, se bebe las lágrimas y alborota la sangre.

La tristeza no se marcha como el agua de los ríos, se vuelve un mar que arrastra implacable.

Una espina adentro de la carne es el dolor, quiero abrir mi piel entera para dejarlo aquí debajo de esta tierra, la misma que abriga la olla de barro, casa de mi ombligo.  

Tierra que sostiene el cordón de mi vida, la que habrá de jalar mis riendas para volver con flores y llevar a las tumbas de mis muertos.

La espera es indefinida en esta estación helada donde los minutos pesan en las ventanas y descienden, lentos, como gotas de agua que se deslizan hasta volver otra vez a la tierra.

Invierno que se va, lleno de hojas muertas que pasean de uno a otro lado arrastradas por un viento triste con olor a café.

Estiro mi cuerpo en la cama: las manos hacia el norte y los pies hacia el sur, como si acaso así abarcara todas las direcciones y pudiera llegar hasta ti.

La eternidad no es más que esto: tu inevitable ausencia evaporada, escondida tras las señales susurradas en voz dormida.

 Es no tenerte, sólo que verte como el aire que se escapa de los besos y va deshaciendo su forma hasta reducirse a un sueño que rellena todos los días que nunca podremos vivir.

Está mañana, la ciudad  se ha vuelto de papel estraza, y ha doblado sus esquinas hasta convertirse en avión planeador de nuevos destinos.

Harta de ruido, distancias, secuestros, crímenes, robos, guerras contra el narco y pavimento dañado, se dispone a despegar.

Las playas vinieron a mezclarse con las calles del centro: la zona Rio y todos los sectores colindantes, Mesa de Otay,  La Mesa, San Antonio de los Buenos, Sánchez Taboada,  Centenario, Cerro Colorado, La Presa.

A través de mi ventana he observado todo con una sensación de olvido: el piso de mi vivienda no contaba como pasajero y he quedado colgada del techo, como una fotografía antigua que descuidada del gran álbum, se mece entre la pared hasta resbalar a la loseta más triste.

Hoja marchita de árbol, que viene a morir a los pies.

Ahora todo está lleno de polvo.

Los restos de la fronteriza ciudad no son más que los círculos que dictan mi movimiento, empañados de ideas confusas que dejan una estela de escarcha sobre mi piel.

Ha resuelto la geografía rellenar las áreas vacías de un nuevo desierto helado de jorobas blancas.

Puede advertirse en el centro, mi vida flotando en el aire, a punto de llegar al suelo.

Caigo, hago poco ruido, me basta un segundo para mirar al cielo y ver alejarse la ciudad con sus viajeros dentro.

Capto tus ojos en la última ventana que miran a los míos y se preguntan en silencio, si dejarse llevar al nuevo mundo o apretar el botón de emergencia y descender hasta la palabra precisa de mis miedos.

Floto en mitad del mar, algunas algas me rodean los brazos y los tobillos, como si fueran grilletes.

Soy una presa del mar que se disuelve entre corrientes de agua.

La boca me sabe a pasado, los ojos se me derraman de las órbitas envueltas en lágrimas, conscientes de todas las imágenes que perdieron.

Una ola pequeña me eleva, otra de mayor tamaño me lanza con fuerza hasta la última orilla del mundo.

 Cuando llega mi cuerpo, se deshace en el suelo como el largo vestido de seda del que te desprendes, y la desnudez sonríe al mundo.

Mientras el mapa de mi nuevo destino se va dibujando en la arena a mis pies.

Mi vestido se estira hasta envolverme como una manta y mi respiración se acelera porque tengo miedo de morir.

Tumbada en la arena, descubro que el cielo es océano y las estrellas barcos mercantes que se dirigen al fin del mundo.

Del suelo brotan rascacielos, iglesias, autopistas arrugadas y un desierto de serena indiferencia.

Hace frío.

Desde BC, mi rincón existencial, donde tengo en el corazón una ruta sin nombre.

Andrea Guadalupe. 

                                              Andrea Guadalupe.

                Tijuana BC. México. Tierra que abraza siempre al regreso, que cobija entre latidos  
                                            sumergidos en una busqueda natural.

                   Desde mi rincón existencial, donde el  sol nace al poniente.      

 
 


viernes, marzo 18

El resto... es sólo rutina


Marzo 2011.   El resto… es sólo rutina.

La alarma del teléfono celular me despierta, con pereza uno de mis brazos sale de las sábanas.

 Un día más empieza y no quiero salir de la cama, todavía caliente debido a tu presencia la noche anterior.

Froto mis muslos uno contra el otro tratando de encontrar de nuevo esa maravillosa sensación de tenerte aquí.

 El sol se anuncia entre las últimas sombras del amanecer, no puedo estar un minuto más en la cama, por lo que me pongo un camisón de encaje negro para cubrir mi cuerpo desnudo y voy directa a la cocina.

El aroma del café me recuerda tu aliento, y no puedo evitar mojar mis labios con la lengua como si fueran los tuyos sobre mi boca.

Del frutero tomo una manzana y la muerdo, como tú mordiste mis labios mientras mis manos se deslizaban por tu espalda.

 Finalmente la taza está vacía, igual que mi cuerpo después de que te fuiste.

Ya en la ducha... Dejo que el agua recorra la piel desde el cabello a los dedos del pie, como si en este líquido estuvieran tus manos acariciando cada parte de mi geografía.

Tomo la toalla, suave, tersa y comienzo a secar el exceso de agua por mi cuerpo.

Mientras escurro mi cabello con ella, puedo imaginar tus manos abrazando mi cintura y atrayéndome de espaldas hacia tu cuerpo desnudo, pidiéndome abrir mis muslos... Mis senos se balancean hacia adelante y atrás con el mismo ritmo que tu lengua excita mi cadera.

Me miro en el espejo y sólo puedo suspirar, esperando que vuelvas esta noche.

Voy a la cómoda y saco mi ropa interior.

Escojo el juego perfecto de seda roja para que, cuando me desnudes, puedas removerla sensualmente.

Pongo pequeñas gotas de perfume en mi cuello, oídos, brazos e ingles, las cuales semejan suaves besos de tu boca.

Mientras subo mis medias puedo ver tus dedos explorando mis piernas, que finalmente acarician suavemente mis nalgas y le dan ese último toque a mi entre pierna haciéndome gritar de placer.

El resto, es sólo rutina... Y aquí estoy de nuevo, a la expectativa de tus besos, tus caricias y tu irracional forma de hacer el amor.

Desde BC, mi rincón existencial, donde llega la noche, y mi mente no puede pensar en otra cosa que no seas tú, y tu presencia en mi cama.

Andrea Guadalupe. 

                                              Andrea Guadalupe.

                Tijuana BC. México. Tierra que abraza siempre al regreso, que cobija entre latidos  
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                   Desde mi rincón existencial, donde el  sol nace al poniente.      

 
 


jueves, marzo 17

Escribo para no pasarme el día matando moscas con el rabo.


Marzo 2011.     Escribo para no pasarme el día matando moscas con el rabo.

 

No sé muy bien por qué escribo, cuál es el impulso primero.

Sospecho que es una manera más de mirarme el ombligo

Trato de ir hacia atrás, como si fuera el sondeo del primer recuerdo, el que nunca me contaron, el que no pertenece al rescoldo de la memoria incitada.

Admito que escribo por la necesidad de expulsar lo que no se puede decir con palabras.

Para corregir un error, para no pensar en la muerte o para pensar en ella con cierta distancia.

O simplemente escribo para perdonar y para ser perdonada, porque me cuesta expresar los sentimientos, por eso los disfrazo con grandes giros, en cambio, en mi narrativa brotan libres, como si no fueran míos, como si no fuera yo.

Escribo para buscarme y conocerme.

A veces, en el buceo interior nace la sorpresa, el tesoro olvidado.

También escribo para descubrir mundos maravillosos o terribles, ya que de todo hay en la mente, y escribo, sobre todo, para no volverme loca.

A veces me gustaría tener la valentía de arriesgar, decir: el aprendizaje ha terminado, ahora necesito escribir.

¿Qué es mejor?

La cómoda monotonía y seguridad de lo que una hace bien o el riesgo de descubrir que no hay talento.

Creo que escribo para que no me conquisten el humillante agobio y la mediocridad del mundo en el que la mayoría ha renunciado a la utopía de querer cambiarlo.

Aunque tampoco está nada mal la respuesta que me dio el diablo el último día en que intenté negociar la venta de mi alma.

Que como el mundo sabe, escribe torcido con renglones derechos, para diferenciarse de Dios.

 Me reveló: Mugre loca, no puedo pagar el precio de tu alma, aunque voy a contestar a tu pregunta: escribo para no pasarme el día matando moscas con el rabo.

Desde BC, ni rincón existencial, donde escribo también para ser Dios y jugar a modificar las reglas, sólo que eso únicamente está al alcance de los más grandes.

De los verdaderos gigantes.  Andrea Guadalupe. 

                                              Andrea Guadalupe.

                Tijuana BC. México. Tierra que abraza siempre al regreso, que cobija entre latidos  
                                            sumergidos en una busqueda natural.

                   Desde mi rincón existencial, donde el  sol nace al poniente.      

 
 


miércoles, marzo 16

: D En alguno de esos dos puntos nos vamos a encontrar.


Marzo 2011.   : D  En alguno de esos dos puntos nos vamos a encontrar.

 

 Me estoy perdiendo en la lenta cadencia de las palabras, hasta hace muy poco, me instalaba y peleaba con las letras, siempre buscando, añorando y deseando hasta la última batalla con las comas, acentos y puntos.

Ahora sólo nado en un mar de corales y sargazos con los brazos extendidos, dejándome llevar por el flujo y reflujo de las olas.

Corales rosas, violetas y blancas me jalan, me van quitando el aliento y las palabras.

Me voy cansando de conjugar sin verbos, voy tratando de atrapar ecos, sólo que el agua salada no lo permite y encuentro más tranquilidad entre los farallones, donde pronunciar se reduce a suspiros mortales.

Tal vez seria más fácil perderme en la amplitud del papel blanco, dejarme cortar por sus puntas y desangrarme.

Debo cuidarme de no perder la mente, luego entonces, debo cuidarme de no perderme entre los laberintos de la percepción.  

Aunque en realidad, debo cuidarme de no perderme en ningún lado pues me gusta provocar al destino, derrocharme.

¿Por qué seguir las reglas, si a mi me gusta sumergirme en el desastre?

Quisiera no sentirme tan sola para no provocar el caos, mi soledad me ha rebasado.

Ha tomado otros nombres, otras características, se ha modificado, busca colarse en mi vida.   

Hay personas en la distancia a quienes les importo, interpreto sus expresiones de cariño,  y pensar esto se lo debo a la tecnología, dos puntos y una D mayúscula me lo dicen…: D

Quiero distraerme mirando a los ojos, hablar porque el lenguaje me parece interminable, lo único interminable que tengo.

Hablar sentada, recostada, dormida, como cuando camino, pensando que los pájaros me pueden oír, hablar aunque piensen que estoy loca.

No hablar porque soy inmadura, hablar, porque no he leído lo suficiente.

Escribir porque no tengo con quien hablar, escribir, dialogo de comas mal colocadas, acentos ausentes, adjetivos que no provocan, escribir que no es fácil olvidar, no lo es después de horas de actividades, no lo es cuando pasan las horas y la realidad quema como la droga en los brazos.

Cuando ya no es suficiente escribir unas cuantas líneas pulidas por horas, sólo que imperfectas al fin.

He soñado con ella, la veo en esa armonía interminable, la escucho sin dejar de mirarla, segura de que me dirigirá su mirada y yo, me desintegrare en llanto, que en cualquier momento las luces se encenderán y no la volveré a ver.

La he sentido de noche en mi casa rodante, cuando sus líneas se convierten voz, cada trazo se convierte en un violento sepulcro al cual me quiero escapar con ella.

Quiero que me trague la noche tomada de su mano, para ahí, encontrar todas las historias perdidas y que nunca hemos terminado.

He soñado que recorremos calles, caminamos solas, me habla despacio, con pausas, describe como en su narrativa, la amalgama de todos los dolores en una frase,

Hoy desperté con ánimos de escribirle una historia de amor, de esas que intentan ahogar en alcohol, quienes buscan refugio en la bebida.

A mi, que nunca me han gustado las historias cursis, mientras tomo café y veo una foto tuya, me dieron ganas de escribirte una.

Sueño despierta en que te la voy a recitar todos los días como una oración, me pondré mi falda favorita y te la contare para verte derretir cuando sientas miles de letras mojadas en tu oído.

Será una historia triste, con ansias de besos, caricias y sonrisas, y aunque a mi, me gustan los amores simples, resulta que al final todo se complica.

Sólo que no la encuentro, ahora sé que no te podría escribir una historia de amor, de esas que guardan quienes buscan refugio en las botellas con su memoria barata y sabor a lagrimas con rímel.

A mi me gustan las que me hacen bailar y me drogan con sus letras, que signifiquen tus circunstancias con metáforas.

Esa que cuando la tengas frente a tus ojos, sepas que es para ti, nada de rosas en un jarrón, ni de caricias perdidas en un andén.

Quiero escribirle una historia y que la olvide para siempre, no quiero vivir repitiéndola, ni que las palabras escritas se conviertan en un conjuro vacio que provoque lágrimas en las madrugadas.

Una historia de tus caricias, para que la olvides y te haga falta cuando estés conmigo y sin mí.

Duermo en los abismos tatuando mis sueños, vivo arañando el polvo que cae dentro de mis ojos, colgada de acantilados.

Vivo dentro de los paisajes vacios de paisajes, donde los espacios se reproducen como los hijos sin madre en la ciudad con un destino de cemento.

Duermo en los abismos, en esos olvidados por las carreteras, en las fronteras sobre los planos y los arboles que crecieron sin manos esperando su ritual.

Me gustaría que escribir fuera fácil, despertarme cada mañana, dedicarle unas palabras de amor y tristeza como las suyas, comerme las faltas de ortografía y escribir sin pausa por miles de segundos.

Escribir sin mirar atrás, sin borrar nada, y que al releer, las palabras fluyeran y no me quejará de nada.

Quisiera un día, sentarme y escribir, tener una semana en la que no tuviera otra actividad, sino simplemente escribir.

Considerar y corregir todas las pequeñas historias que escribí hace años, buscar esas páginas, esos cuadernos en las libretas que he abandonado, esas citas en las paredes de las calles que he caminado, tratando de olvidar lo que recite en la oscuridad.

Me gustaría que escribir fuera fácil para narrarle todas las historias desparramas durante su ausencia en mi habitación y dejarla libre.

Me gustaría que escribir fura fácil, tan fácil como lo es pensar en ella, sin tener que escribir con reglas, como lo fue besarla sin pensar en signos de admiración.

Sólo que…no lo es, lo sabe ella, lo sé yo, la escritura fácil, tiene simple final.   

No, no me gustaría que escribir fuera fácil.

Desde BC, mi rincón existencial, donde sólo soy una nada en el universo, escribiendo mientras cae la tarde.

 : D  en alguno de esos dos puntos nos vamos a encontrar y nuestras circunstancias se iluminaran.

 

Andrea Guadalupe.


                                              Andrea Guadalupe.

                Tijuana BC. México. Tierra que abraza siempre al regreso, que cobija entre latidos  
                                            sumergidos en una busqueda natural.

                   Desde mi rincón existencial, donde el  sol nace al poniente.      

 
 


domingo, marzo 13

Mujer de todas las mascaras.

Marzo 2011.  Mujer de todas las mascaras.

 

Querida mía, si volviera a nacer te volvería amar, me volvería a enamorar de ti, ahora soy alguien que ha cambiado su posición en el mundo, se ha comprometido con los animales, con el planeta, tratando de estar en armonía con el cosmos, con el universo, con el plan de Dios.

Te amo como nunca he amado, te amo cuando duermo, te amo después de amarte, te amo en cada átomo que vibra en tu ser, que vibra en mi ser, no sé sí te he visto, en otras existencias pasadas, no sé sí te veré en otras existencias futuras y no me importa mucho.

Te seguiré amando entre mis sueños, entre mis dedos, donde la luz regresa a su origen, comienzo de todo el amor que puede vibrar y expandirse hacia todas las direcciones del Universo.

Te seguiré amando después que mi mirada se apague.

Te buscaré entre las tinieblas, te buscaré como la única salida para volver a casa.

Como la única estrella sobre mi frente, como mi único horizonte.

Yo me enamoré de ti, cuando leía a Hesse, a Kafka, a Gibrán, a Nietzsche.

Me enamoré de ti cuando me adivinaba en tu piel, cuando presentía la luna, sobre tu mirada, profunda como la última estrella, la que cierra los abismos.

Me enamoré de ti cuando soñaba contigo, y seguí enamorada de ti, de tu enigma, de tu secreto, de tus manos pequeñas como la lluvia.

Mi vida no es la misma sí tú no estás, mis lágrimas queman toda la memoria, para que renazca con nuevos ojos, para verte mejor.

Esas lágrimas bajo mi piel, que se mueven invisibles entre las palabras que te escribo, estás y las otras, todas las que te escribo.

Dejé de estar enamorada de ti, sólo para aprender a amarte mejor, aprender a ver sin ningún miedo la vida a la cara, aprender a verme a mi misma a la cara, reconocerme y poder sonreír; cuando pienso en ti, te sueño, te llamo, te nombro en silencio, como esa extraña canción que llevo a modo del eco de la muerte que no me quiere enamorar.

Sí volviera a nacer, te volvería amar, pelearía menos contigo, disfrutaría tu presencia, aprendería tu ser de memoria, tu mirada, para encontrarte más adelante, en otros reinos, otros cielos, te diría: Te amo mucha más veces de las que te lo dije sobre tu piel, en presente, porque sólo en presente te amo, sólo en presente puedo amarte, el pasado no existe, el futuro no existe, no nos pertenece.

Nos pertenece el presente donde te amo mejor cada día, porque tú me enseñaste, como se ama Mi querida mujer de todas las máscaras: Te Amo.

Desde BC, mi rincón existencial de sonrisas y llantos. Andrea Guadalupe.   



                                              Andrea Guadalupe.

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                                            sumergidos en una busqueda natural.

                   Desde mi rincón existencial, donde el  sol nace al poniente.      

 
 


Que tu canto con el mio…


Marzo 2011. Que tu canto con el mio…

 

El pitido anuncia la próxima llegada de La Bestia, o El Tren de la Muerte,  así llaman los centroamericanos al sistema de trenes, una de las travesías mas peligrosas que cualquier persona puede hacer.

La estación de Arriaga, Chiapas se prepara para recibirlo.

Las decenas de migrantes salen del albergue "Hogar de la misericordia"; otros más lo hacen de entre la maleza, que en señal de respeto detienen su avance al pie de las vías del ferrocarril, todos revolotean como palomillas alrededor de un foco.

Todos son un manojo de ilusiones buscando arrebatar una oportunidad a su flaco futuro.

Es el ferrocarril Chiapas-Mayab de la Costa que llevará a decenas de migrantes a Ixtepec, Oaxaca, y de ahí "pues nadie sabe"; "todos queremos llegar al norte, aunque pocos sabemos en dónde estamos".

Casi la totalidad desconoce la geografía mexicana.

No importa la hora que sea, el sueño no los vence; a la una y cuarto de la madrugada se escuchó el rugir del tren y el golpeteo de los vagones en la estación de Arriaga, cuarenta y cinco minutos después continuó su camino hacia Oaxaca con cien migrantes centroamericanos abordo. La mayoría de ellos viajarán atados al lomo del vagón "porque si nos dormimos nos caemos". Muchos son primerizos en la aventura migratoria.

Finalmente "la pobreza nos expulsó", afirma un nicaragüense de apenas veinte años de edad, en su camino hacia el norte de la república, toca un pueblo llamado La Patrona, cercano a  mi lugar de origen en el Estado de Veracruz, donde existe un grupo pequeño de mujeres que hace algunos años ha hecho suyo el compromiso y la tarea de preparar alimentos para los migrantes centroamericanos que viajan montados en los techos, escaleras y cualquier superficie que les permita transportarse hacia la frontera con Estados Unidos buscando cruzar en busca de trabajo o en busca también de algún pariente que salió de su pueblo rumbo al norte y no se ha vuelto a saber de él.

Las mujeres preparan una sencilla porción de arroz blanco y frijoles negros que colocan en bolsas de plástico; otras lavan botellas de plástico y las llenan de agua para amarrarlas de dos en dos en un hilo que permite tomarlas fácilmente a la pasada del tren.

Una vez preparado el bastimento, se acercan a las vías del tren para ofrecer mientras baja la velocidad de la máquina, el agua y el alimento.

Con alegría extienden sus manos hacia las personas que a su vez toman el abastecimiento con gusto y agradecimiento.

La tarea de entregar lo preparado dura apenas unos minutos, es el final de varias horas de trabajo en comunión mientras conversan, ríen y cuentan anécdotas, las edades de las mujeres van desde los veinte o quizá menos hasta los setenta y tantos años.

La emoción que dejan en su trabajo es premiada con el objetivo alcanzado: repartir toda la comida.

Agitadas, a veces lastimadas las manos por el instante en que la bolsa o las botellas pasa de sus manos a los migrantes, nada disminuye la satisfacción de regalar un poquito de dicha y satisfacción a quienes sin más equipaje que su determinación se lanzan en una aventura donde la inseguridad es el temor mayor.

Por un segundo se establece un lazo y la esperanza se anima en las miradas y en las sonrisas de quienes dan y quienes reciben.

Cuando el mundo nos muestra la crueldad de acciones violentas por todas, cualquiera o ninguna de las razones: combate al crimen, luchas internas entre perseguidos, luchas de liberaciones de un pueblo, violencia doméstica, abuso físico, verbal o financiero, encontramos en las mujeres de este pueblo un paisaje humano del que me gustaría formar parte.

Quizá a muchas se nos ha olvidado por dónde pasa el tren en donde viajan las ilusiones, la esperanza, el porvenir y a muchas con poder se les pierde la oportunidad de brindar lo elemental a quienes viajan con nada más que necesidad y sueños por la vida.

Desde BC, mi rincón existencial…quiero sonriente amiga, que el tiempo nos sea abundante, que tu canto con el mío, se confunda con los millones de voces que lo cantan en el mundo.

Andrea Guadalupe.


                                              Andrea Guadalupe.

                Tijuana BC. México. Tierra que abraza siempre al regreso, que cobija entre latidos  
                                            sumergidos en una busqueda natural.

                   Desde mi rincón existencial, donde el  sol nace al poniente.