domingo, agosto 16

Narrativa con lenguaje y circunstancias.

Tijuana BC Agosto/009.    Narrativa con lenguaje y circunstancias.

 

 

La narrativa, es un acto que toda la humanidad practica.

La existencia está llena de relatos que nos contamos, de las historias con las que hilamos el desarrollo comunitario y la bitácora personal.

La prosa de la ficción, es un paso delante de la realidad en la exhuberancia de un árbol, cuyas raíces se adhieren al abono de las cosas cotidianas, de nuestras rutinas diarias, de nuestros disgustos, resentimientos y alegrías como partes de una comunidad, como habitantes de una época especifica, como miembros de una sociedad en particular.

Escribir, para quienes practicamos este viejo y respetable cometido, es una forma de combinar lo que sabemos y lo que imaginamos, una forma de mezclar la naturaleza de nuestro mundo y los paisajes de nuestra fantasía, los mitos que funden lo humano con lo divino, y las diversas facetas que definen a la condición humana como una realidad compleja y contradictoria  en sus actos, en sus comportamientos.

En mi caso, la escritura ha sido un homenaje al pasado, tanto como una promesa de futuro, un exorcismo de los fantasmas que me acosan.

Lo que quiero ser y que aún no soy.

El acontecer de la comunidad de la diversidad sexual, es de lo que se nutren mis relatos.

Cuando comencé a darle vida y perspectiva a este género con "El Chat"  se perfilaba un escenario caracterizado por una frontera hostil para nómadas y sedentarios, al mismo tiempo que representaba una mirada externa de visión heterosexual que observa desde una ambigua lejanía.

Una herida abierta, un mundo aparte

A medida que las palabras escritas se van asentando, la figura va cambiando con relatos que remiten a un pasado colectivo, a historias ocultas detrás de los prejuicios.

Los secretos comunitarios van revelándose como parte esencial.

Las aristas filosas y cortantes no dejan de tener una carga explosiva que va más allá de un territorio específico.  

Hoy que lo local es global, y que lo propio, lo distintivo de cada comunidad, es la materia prima para las artes contemporáneas, veo que mi narrativa es parte de esa fuerza.

Que escribir desde Tijuana BC, ciudad fronteriza con los Estados Unidos, específicamente con California, entidad que representa la vanguardia social del ultimo grito de la moda.

Y lo que busco es relatar la particularidad de vivir en la periferia de distintos mundos, que aquí colisionan, de distintas culturas que aquí se cruzan y se entrecruzan.

La hispanoamericana y la anglosajona, la comunidad de la diversidad sexual y la sociedad heterosexual.

Escribo desde lo que me es propio, desde la vida al filo de la línea entre distintas visiones.

Narrativa hecha con lenguaje y circunstancias.

Busco relatar lo no relatado, dar voz a quienes no han tenido voz.

Hay que escuchar todas las historias que son nuestras, todas las palabras que nos unen como parte de un mundo que aún tiene mucho que contar.  

La creatividad se cultiva en las cosas que son muy antiguas, y muy modernas, muy locales y muy globales al mismo tiempo.

Es por esto que escribo, para recorrer el velo de los misterios que son parte de mi comunidad, los nudos que nos aprietan con su sed de justicia y franqueza.

Yo escribo para no olvidar, para que el pasado siga vivo entre nosotr@s, y nada, ningún abuso, ningún atropello, quede impune para siempre.

Mi narrativa es ficción, sólo que toda ficción es un deseo por cumplir, una frontera por cruzar.

En mí narrativa, intento retener la realidad de la violencia que nos afecta en múltiples formas, personajes y circunstancias.

Esto significa una narrativa que desde lo particular, puede asumirse como crónicas para quienes están interesados en conocer los otros mundos que no son su mundo.  

Escribir es un acto de confianza en nuestro propio entorno, una prueba de fe en nuestra capacidad.

La ruta esta abierta, sólo falta cruzarla, o mejor dicho, sólo falta imaginarla.

Andrea Guadalupe.

 

 

 

   



                                              Andrea Guadalupe.

                Tijuana BC. México. Tierra que abraza siempre al regreso, que cobija entre latidos  
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domingo, agosto 9

Cuatro + cero…


Tijuana BC Agosto/009.   Cuatro + cero…

Sentí  frío y me hundí bajo las sábanas, pensando que todavía tenía tiempo antes de prepararme para ir a trabajar, sonriendo al darme cuenta de que no tenía que hacerlo.

Envolví con mis brazos el cuerpo de quien reposaba a mi lado, y sonreí al notar los latidos, presurosos, de un corazón enamorado.

Baje la mano izquierda hasta el vacío triángulo de la ingle, y palpe con la mano derecha el pecho plano y firme.

 Susurró entre sueños y se dejó arrastrar por el mar, se dejó abrazar, disfrutando del sabor del  presente.

Y me estreche contra su cuerpo, suspire, mis labios alojados en los hombros de mi amante.

Descanse la cabeza en el hueco de su cuello y me estrechó más contra sí.

 Se dejó querer, mientras su alma descendía de entre las nubes y ascendía hacia la superficie, mientras volvía del sueño a la vigilia, entre aquellos brazos que no eran los suyos; tersos y firmes, no cultivados a la fuerza en un gimnasio.

Dejándose querer, sentí envidia, y volviéndose, bese unos labios que, sorprendidos, retrocedieron un poco.

¿Cuánto es cuatro más cero?, preguntó, retirando su boca y mirando a su amante, su amada. Cuatro, dije yo, que ya conocía el juego.

'No', me corrigió, sujetándome contra la cama 'Cero.

Aritmética sexual: me contesto, los varones transexuales son 0, las mujeres 1, los varones 2; 3 los hermafroditas y las lesbianas de polaridad complementaria, y 4 los transexuales de hombre a mujer, que nacen en cuerpos hostiles a su identidad, cuyos cuerpos son fluidos como su propio ser; Así, ¿cuánto es 4 + 0?

Me beso, y empezó a recorrer despacio cada centímetro de piel, eche la cabeza hacia atrás, y me deje llevar.

En la lejanía, un pensamiento hacia eco, ojala nunca llegara el final, ojala nunca llegara el clímax que ponía fin abruptamente a la excitación masculina.

Ese clímax que él no tenía, y que le permitía alargar cada encuentro horas y horas.

 

Sí, sí, sí… cuanta razón tenía: cuatro más cero… cero.

Andrea Guadalupe.


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domingo, agosto 2

Será otra la que te desnudará.

Tijuana BC Agosto/009.       Será otra la que te desnudará.

Conocí a una mujer de grandes ojos cafés  y sonrisa de conejo, llena de encanto en una reunión de gente penetrante y convencida como ella, amantes del futuro que no llega.

Por esa mujer daría la existencia decidida e imaginada, subiría por unas peligrosas escaleras a un balcón vigilado, hablaría en lenguas desconocidas, haría de ella mi universo, mi piel sería arcilla humedecida en manos afiladas... En un deseo de entrega sin límites, de posesión vanidosa pues la mujer es demasiado de todo.

Es el cuerpo arqueado, meciéndose sobre manos y rodillas, es el cuerpo dejando caer su peso en el otro cuerpo, es exhibir el placer frente a sus ojos grandes cafés, es olvidar el futuro.

Sé que la encontrare en otras ocasiones, le sonreiré, ¡Hola! exclamare con tono alegre y luego seguiré antes de que la vida se ría.

 

Sin tristeza recuerdo que me pase horas como en una historia cuidadosamente editado cada caricia, beso, suspiro, mirada, gemido de una mujer perdida.

Realizada la veía por todas partes y sentía en el pecho un peso muerto que jamás concluía. Aunque estaba destruida, vivía humedecida y atenta, las manos no me bastaban, abstraída soñaba con el regreso de ella, e imaginaba escenas desbordantes de todo lo que perdió.

Sonrío pensando que no se merecía tanto y que la revestí de un traje que no estaba hecho a su medida.

Desde entonces decidí que nadie volvería a abandonarme.

Me tropecé con una veterana de mil guerras y deslumbrante de atractivo dorado y terrible como el de una leona, me convirtió en lava, me despertó, me volvió loca, me destruyó, me hizo avanzar en el lodo, me hizo olvidarme de quimeras, y entendí finalmente porque le gustaban tanto las mujeres.

En sus manos fui puta de a pie, puta de prostíbulo, puta de ricos, yegua y caballo, hombre y mujer, vulgar y refinada, una lady inglesa y un camionero, jamás volví a amar de ese modo aunque sí de otros.

Por primera y última vez mi universo  fue uno solo, sin mundos paralelos, sin deseos ocultos, el mundo uno y completamente real.

Cuando todo acabó tarde años en levantar cabeza y en comprender que la pasión también se aprende y se aplica

Releo una carta de despedida que recibí una vez de la mujer de bellos ojos cafés y sonrisa de conejo que hice el favor de dejar libre en contra de mi voluntad.

Será otra la que te desnudará.

La que te quitará la ropa con tiernos cuidados o con ansiosos gestos, la que se inclinará sobre ti, te apartará el cabello del rostro, te besará con sabiduría o con algo de rudeza, según el día, el tiempo o la respuesta que insinúes; te sujetará firme o fríamente por las muñecas y será bajo el peso de su cuerpo en movimiento que te agitarás o te quedarás dócil y tranquila esperando o hasta exigiendo con un toque de ira, simple impaciencia, o casi suplicando.

No siento celos o ira: imposible sentirlos; sufro simplemente una pérdida.

Y aunque ya no te interese, también tu sobrellevas una pérdida: mi entrega, la docilidad de una fiera con las heridas contenidas por tu cuerpo, mis gemidos, la pasión de mis días, el volver a tomarme por un brazo, el robarme un beso, el imponerme con dulzura tu voluntad o el disfrutar la sumisión de seguirme sin queja.

No sólo yo quedo vacía, mi amor te perseguirá.

Siento remordimientos porque la mujer de ojos cafés y sonrisa de conejo sufrió horrores por mi causa... Siento el rigor del amor que no volveré a tener, y la nostalgia de la piel que da sed, y la sensación de los ojos acariciados por aquella mujer  y el orgullo de una decisión sensata.

 

La he observado a lo largo del día mientras le sonrío, mientras sale desnuda y olorosa luego de bañarse.

Me canso de observar y decido invadir su cuerpo con los ojos, los labios, la lengua, las manos, la piel y el peso del cuerpo.

La miro con ojos brillantes de leve orgullo porque se abre levemente y su olor apaga las angustias del día y saboreo sus senos, me río ante las ondulaciones del cuerpo.

Cuando ya todo está a punto y quiero sentir latidos y humedades más hondas, la mujer de ojos cafés y sonrisa de conejo me toca con destreza: me desgajo en un gemido tan genuino y profundo que mi tranquila compañera me tapa la boca pues es discretísima.

En el conocimiento está la diferencia pienso adormilada.

Andrea Guadalupe.



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Hombres, hombres…

 

 

Tijuana BC Agosto/009.  Hombres, hombres…

 

 

Ella lo miró con cara de piedad.
No te preocupes, a cualquier hombre le puede pasar alguna vez.
Él no la escuchaba.

Pensaba en sus amigos, que nunca habían encontrado una chica como su pareja con la que poder hacerlo, y en cómo siempre lo miraban con envidia.

Si se enteraban de lo sucedido, esa admiración quedaría en nada.

No podría divulgar lo historia, sería vergonzoso.
Ella seguía intentando consolarlo.
La culpa la tiene el perro del vecino, que se la pasó ladrando y no te dejó concentrarte.
Sí, acertó a contestar, aunque sabía que era una excusa muy pobre, habrá sido eso.
Bajo la mirada compasiva de su pareja, él dejó el mando en el suelo y se fue a la cocina.

Había sido derrotado por una mujer, con su propia consola, y en un juego de fútbol nada menos. Pasaría algún tiempo hasta que consiguiera superarlo.

 

Al condenado a muerte le preguntaron qué quería en su última cena.

 ¡Quiero comer a besos tiernos y mordidas cachondas, las nalgas de la mujer del gobernador! grito el delincuente.

Era la primera vez que un condenado solicitaba hacer un cunilingus en lugar de pedirse la típica langosta con "crêpe suzette" de postre.

Nadie se lo esperaba, lo cierto era que la ley no permitía ejecutar a nadie sin concederle la última comida que él expresara.

Dos horas después de la extraña petición, y a pesar de las desconsoladas lágrimas de su mujer, el gobernador decidió indultar al condenado.

 

Él recordó el pasado.

Esa mirada, ese tono de voz comprensivo, dulce y agradable.

También esa mirada apasionada, ese gesto de travesura que invitaba siempre a algo nuevo, prohibido y excitante.

Recordó cómo hablaban de que era curiosa la forma en la que se habían conocido, la forma en la que se habían enamorado, tan rápida, tan especial, tan única.

La recordó a ella diciéndole que nunca se había imaginado enamorándose de alguien así, que tal vez era el destino... No podía ser casualidad.

Siempre le había llamado la atención que ella hubiera vivido antes otra historia parecida.

Esas cosas no solían pasar, aunque la historia a veces se repite.

Quizás la primera vez era un aviso, y la segunda era la auténtica.

A veces alguien se unía misteriosamente a otra persona dos veces.

A veces eso pasaba.

Eso pensaba él, sólo que de eso hacía ya muchos años.

Ahora la había visto, tan solo dos semanas después, ya con otro.

La había visto mirarlo con esa mirada pícara que invitaba siempre a algo nuevo.

La había escuchado hablándole con ese tono comprensivo, dulce y amable.

Le había preguntado cómo era él, cómo se habían conocido; "Bueno...", dijo ella. "No sé cómo, aunque nos conocimos y nos enamoramos... No sé, nunca había pensado que me enamoraría de alguien así, y mira, no puede ser casualidad... Tal vez es el destino".

 

Y mientras él se daba cuenta de todo, ella preguntó: "¿Y tú, qué tal estás?"

Andrea Guadalupe.

 



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jueves, julio 23

Historias Urbanas. Entre el silencio y la marginación

Tijuana BC Jul/009.     Historias Urbanas. Entre el silencio y la marginación

 

Las compañeras del hotel donde trabaja como recepcionista le han preguntado qué es eso que toma todas las mañanas, eso que parece jugo de tamarindo.

Ella, mintiendo, contesta que son vitaminas nada más.

Tiene 30 años, dos hijos, sus ojos son de parpados profundos, su cuerpo dibuja curvas de proporciones atractivas.

"Si se enteran en mi trabajo que tengo VIH, seguramente me van a rechazar"

Entonces guarda silencio en un rincón de su historia personal.

Hasta hace tres años, no se imaginaba que pudiera tener VIH.

Sus médicos calculan que vivo más de dos años con el virus en el cuerpo.  

Ahora, cada mañana, antes de ir a trabajar, se toma medicamentos anti- retrovirales que le prescribieron, esas pastillas le acompañan siempre.

Las guarda en su bolso, cuidando que no se las puedan encontrar.

Sus amigas no lo saben, sus compañeras de trabajo y vecinos no lo sospechan.

Su familia se entero tras una crisis que sufrió y que casi la llevo a la muerte; llego a pesar 47 Kg., su peso regular era de 65.

Cuando se entero la de su infección, nunca había pensado en la palabra SIDA.

No conocía nada del tema, lo sentía algo lejano.

No le creyó a su ex pareja, cuando tiempo atrás, le confeso que era portador del VIH.

Prefirió alejar al papá de su hijo, después, empezaron los problemas fiscos, vomito, diarrea, malestares.

O estoy embarazada, o tengo SIDA, pensó.

Y fueron las dos cosas.

Un medico es pocos días, le confirmo; tiene VIH.

Sintió que moriría pronto.

En ese instante, había encontrado a otro hombre que la hacia feliz, y con quien tuvo su segundo hijo.

"Pienso en esto todo el día, dependiendo de lo que esté haciendo"

"Sobre todo en las noches, antes de dormir"

"Pienso en tantas cosas, en como me siento, en que es difícil aceptarlo, en que quisiera otra vida, no saber que estoy enferma, pido a Dios tener un poco más de vida para estar con mis hijos"

"Es que no sé, sólo tuve dos parejas en mi vida,…estoy tan joven…"

 

De lunes a viernes, después de comer, arregla su cabello, se ve en el espejo.

A las dos de la tarde, llega a su trabajo, registra su entrada, se detiene a saludar a sus compañeros.

"A veces, los veo, pienso que alguno de ellos quizá pueda tener VIH, y no saben, o si saben, sólo que como yo, no le dicen a nadie"

Hace 12 años, cuando se entero de su infección,  trabajaba en dos empresas, dejo una, le dio miedo que le descubrieran.

"Me imaginaba que me llamarían a una junta, que me confrontarían preguntándome si tenia SIDA"

Diciéndome que me fuera, así, frente a todos, y duramente.

En sus suposiciones, se adelanto y pidió su renuncia.

Sonríe con ojos de nostalgia, viste jeans viejos, chamarra de mezclilla, camiseta sin marca.

En su cubicuelo tiene una nota impresa; Aumentaron los casos de SIDA en Europa.

¿Europa?, Si, y se transporta en sus pensamientos.

Recuerda y cuenta que hace más de seis años, viajo dos veces a visitar a su pareja en Francia.

Con el vivo dos años en el Distrito Federal, recuerda el amor y cuidados de su novio, quien no tenía VIH.

Siempre usaron protección.

En su relación amorosa, le acepto y cuido hasta que llego una beca para estudiar en Europa.

Sigue solo desde entonces, jamás volvió a tener una pareja estable.

Vive con sus padres, quienes a veces le preguntan por qué tiene tantas diarreas y por qué está tan solo.

 

 

Se puso pálido cuando supo el resultado.

Se quedo callado por mucho tiempo.

Respetamos ese silencio.

Salí y cuando regrese, estaba llorando mucho.

Eso es normal, la mayoría piensa que ya se van a morir, preguntan cuánto les queda de vida, preguntan que cambiara, si se lo tienen que contar a alguien.

Pensaron que jamás les pasaría algo así, y de pronto, por un acostón sin protección, les sucede.

Se ven como cualquier persona normal, trabajan, tiene planes, llevan una vida sana y en un descuido, todo cambia.

Andrea Guadalupe.

 

 

 

 

 

 



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miércoles, julio 22

Adios.

 

 

Tijuana BC Jul/009.  Adiós.

 

Ayer, justo después de un año de no vernos, no escucharnos, no saber nada  una de la otra, nos encontramos.

Fueron sólo quince minutos y sobraron catorce para darnos cuenta de que tú y yo nunca más podremos ser aquellas.

Yo te miraba mientras tú, en otra época, enigma del silencio, no parabas de hablar.

Observaba la geografía de tu cara que tan sólo hace un año me transportaba y buscaba reencontrarme en tus ojos, aunque fuera en un único instante cómplice que me revelara que habíamos alguna vez compartido algo más que el calor de dos cuerpos.

Sólo que tus ojos, que parecían mirarlo todo y no posarse en nada, no se acercaron a mí.

Y en el momento en que parecieron hacerlo fui yo la que desvió la mirada.

La charla no paso las fronteras del absurdo.

Tampoco el más leve intento de pisar el terreno personal.

Así, como si nada jamás hubiese existido entre nosotras.

Supongo que teníamos miedo de confesarnos y sabernos ya suplantados por esas otras que hoy, dicen amarnos.

Esas otras a las que ahora entregamos el calor de nuestros cuerpos y que el día de mañana, probablemente, nos sean también extrañas.

Antes de irme, de repente, me tomaste la mano, la apretaste unos segundos y entonces sentí... que no sentía nada...

Y te dije adiós.   Andrea Guadalupe.


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martes, julio 21

Un amor surrealista.

Tijuana BC Jul/009.  Un amor surrealista.  

 

Aquel hombre le agradaba.

Algo misterioso resultaba de la pequeña cicatriz que tenía en su frente.

¿Sería casado?

Sus ojos oscuros rieron cuando lo negó, finalmente una noche aceptó su invitación y se sentó en el sofá de su casa dejándose abrazar y besar hasta el amanecer.

Lo notó diferente.

Sus manos acariciaron su cuello produciéndole inquietud, bajaron con suavidad hasta su blusa desprendiéndole los botones sin prisa, con delicadeza; apretándole con delicadeza los senos, mientras los chupaba con su lengua húmeda.

Te quiero, susurró.

Yo también, le respondió.

Y eso fue todo, y la dejó hecha un despojo, con la blusa desprendida y un seno afuera de la copa del sostén.

Más tarde, la invitó a ver sus pinturas almacenadas en una habitación pequeña que olía a aguarrás.

Varios cuadros a medio terminar se hallaban sobre caballetes.

La mayoría eran de colores brillantes.

Unos diez desnudos colgaban sobre la pared del fondo, todos parecían de la misma mujer; Algunos  rasgos se repetían, el pelo ondulado, el cutis trigueño, labios y ojos grandes, la nariz muy pequeña; de forma muy sensual.

Se sintió celosa y no pudo evitar preguntar quién era.

¿Ella?... No es de carne y hueso, le contestó, y atrayéndola hacia él la volvió a besar con dulzura.

Segundos más tarde, temblando de emoción, por primera vez se animó a decirlo:

Si aceptas a mi amor surrealista, estoy seguro que seremos felices.

¿Tú amor surrealista? ¿Quién es ella?

Más tarde tal vez te lo cuente, ahora no creo que estés lista para comprenderlo.

 

Conocerla fue lo mejor que le pudo ocurrir, era bella, inteligente, culta, independiente, sólo que sentía muy dentro de sí que no podía hablarle de su amor surrealista  y de sus siete largos años con ella.

¿Cómo decirle que la necesitaba para hacer el amor?

¿Aceptaría que estuviera siempre entre ellos?

Se culpaba por sus sentimientos, y por más que lo había intentado no había podido alejarla de su lado, su inocencia y su dejarse hacer una y otra vez sin queja alguna, lo colmaban de placer.

No podía destruirla.

Ella lo vencía siempre con su fría sonrisa y su lujuriosa actitud.

La luz indirecta y una vela encendida sobre la mesa le daban al ambiente un toque íntimo.

La música que había elegido se elevó perezosa por la vivienda.

Ella le besó en el cuello y el torso desnudo arrastrando sus dedos.

Me gusta con la habitación iluminada.

Espera un momento, le dijo; era su oportunidad y tardó menos de un minuto en traerla a  la cama.

Cuando encendió la luz, ambas mujeres se enfrentaron; Ella la miró sorprendida, quiso grita, no pudo, él, tapó su boca y la obligó a masturbarlo con ambas manos…

 

El día que fue padre, se convirtió en el hombre más feliz de la tierra.

Lo malo es que después de nacer el bebé, ella se volvió fría y alejada.

 Pensó en la existencia de otro hombre, meditando, llegó a la conclusión de que eso era un imposible, su mujer casi no salía de la casa.

Ella lo supo desde el primer momento en que la conoció, que algún día cedería a la tentación.

Y esa tarde fue la tarde perfecta; quizás porque afuera llovía y siempre la había excitado la lluvia.

Había vivido más de un año con el deseo reprimido de poseerla para sí misma, sola, de acariciarle los senos, su cintura perfecta; así que le puso su mejor lencería y la acostó sobre la cama y unos segundos después, cuando el aceite que tenía en su interior recorrió cada parte de su cuerpo, se volvió excitante, mucho más que ella.

Un amor surrealista, de cabello ondulado, suave y sensual que invitaba a tocarla y acariciarla, labios gruesos y carnosos, que se abrazaban a la boca y la succionaban con arrebato, piernas perfectas, senos erguidos y redondos, una obra de arte, la réplica de la más hermosa hembra de goma suave y perfumada, poseedora además del pene más viril y armónico que jamás haya probado…lo tocó y acarició, con el mismo ardor con que lo hacía él, con un sudor cóncavo corriéndole por la espalda.

Y desde esa tarde, cuando su marido se iba al trabajo, ella no esperaba que desapareciera su auto de la calle para sacarla del armario.

Un amor surrealista le daba el único placer que encendía su cuerpo y por eso, nunca más la hizo esperar…  Andrea Guadalupe.

 

 



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Benditas palabras.

Tijuana BC Jul/009.    Benditas palabras.  

 

No es no.

Y hay una sola manera de decirlo, sin admiración, interrogantes, o  puntos suspensivos.

Es corto, rápido, monótono, directo y desnudo.

Se dice una sola vez…No.

Con la misma entonación…No.

Como un disco rayado...No.

Una negativa, no necesita explicaciones y justificaciones.

No es no, tiene la brevedad de un segundo, es un no para la otra persona porque ya fue no para una misma.

No es no, aquí y muy lejos de aquí.

No, no deja las puertas abiertas o confunde con esperanzas, no puede dejar de ser no, aunque el otro y el mundo se incomoden.

 No, es el último acto de dignidad.

No, es el fin de un libro, sin más capítulos ni segundas partes.

No, no se dice por carta, no se dice con silencios, en voz baja, gritando, o con la cabeza baja, o mirando hacia otro lado, ni con símbolos devueltos, con pena y menos aún con satisfacción.

No, es no.

Cuando el No es no, se mira a los ojos y el no se descuelga naturalmente de los labios.

La voz del no, nunca es palpitante, vacilante, o agresiva y no deja duda alguna.

Ese No, no es una negación del pasado, es una corrección del futuro.

Y sólo quien sabe decir; No puede, decir Sí.

 

 

Benditos los lápices de labios que enrojecen mis palabras, bienaventurados los parques, las calles

Bendita la máscara que maquilla mi tristeza y bienaventurada la reina de corazones que me recuerda que tengo uno y que aún sigue latiendo.

Bendita sea la palabra que dibuja mis sueños, que me esconde la tristeza.

Benditos sean los pasajes a la esperanza y los días libres para deshacer y volver a hacer

Bendita tú eres entre todas las mortales y bienaventurada yo soy entre todas las mujeres contigo.

Y los también y los quizá...     Andrea Guadalupe.

 



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lunes, julio 20

Deslizando palabras.

Tijuana BC Jul/009.     Deslizando palabras.  

 

 

 

Lo cruel de la pasión es cuando pasa...

Cuando al punto final de los finales, no le siguen dos puntos suspensivos.

 

Tú y yo no necesitamos razones para vernos...

Necesitamos excusas.

 

Tú, crees que me mataste...

Yo, creo que te moriste en el intento.

 Finalmente...

Nuestro principio duró sólo al estreno

Tu magia fue fugazmente eterna y terminó cuando murió mi deseo.

 

Todo lo que me rodea tiene que ver contigo.

¿Cómo puede ser que te adaptes tan perfectamente a cada canción que escucho?

¿Quién te dio el derecho a meterte en las palabras de cada libro que leo?

¿De dónde sacaste el permiso para interpretar a cada personaje de película que veo?

Multiplicada infinitas veces en la cadencia de cada palabra que digo...Todo.

Todo me recuerda a ti...

 

Sólo deseo; Que cuando me mire, me vea., que cuando me oiga, me escuche, que cuando me toque, me sienta.

 

Con la mirada firme, clavada sin señal de duda en lo más profundo de tus pupilas, deslicé las palabras...

Con un tono que dejaba apreciar la seguridad de mis intenciones, hablé sin tartamudeos, prometí sin parpadear.

Y mentí sin culpa alguna.

 

Hombres dixit;

Las mujeres; se hacen piercings, tatuajes en todo el cuerpo, liftings en la cara;  se operan el trasero para levantarlo o rellenarlo.

Pasan por partos, ya sea normales o cesáreas, se hacen la liposucción, se aplican inyecciones de botox, se depilan con pinzas y con cera caliente, se meten tampones y se sacan la cutícula de las uñas, se quitan costillas para tener más cintura, se perforan las orejas y quizás también otros lugares...

Y no entregan el tesorito porque les duele…

No me jodan....

 

Deseos femeninos; Quiero decirle todo, que las palabras encuentren el camino de mi boca a su oído

Que las entienda, que las procese, que vea con mis ojos, que comprenda mi verdad, que reflexione, y que actúe.

Quiero...que haga lo que yo quiero.

 

No vuelvas a mirarme así.

No vuelvas a jugar a descubrir lo que estoy sintiendo.

No vuelvas a intentar creer que aún todo entre nosotros es posible.

No vuelvas a abrazarme.

No vuelvas a besarme.

Es simple, no vuelvas.

 

Toda mujer debería tener: Un antiguo amante con el que pueda imaginar volver.

Y uno que le recuerde lo lejos que ha llegado...

 

Se busca: Amor perdido, es de color rosa, un poco escurridizo.

La última vez que se le vio llevaba un bolso lleno de caricias y de besos, un abrigo de promesas olvidadas y un corazón de plástico lleno de lágrimas falsas en la mano derecha.

Le gustan los atardeceres, el verano y las palabras.

Es escandaloso y va salpicando la vida de horas intensas.

Si lo ven, díganle que debe volver para ocupar su lugar en mi memoria,

Que sin él, la línea del tiempo se está transformando en un círculo vicioso.

 

Lo que el viento nunca se lleva.

Están al acecho, devoran el  aliento,  se acuestan sobre mi almohada hablándole a los sueños de mi alma.

Nadie les invita, vienen de lejos, de antes, de lo gris.

No tienen nombre, sólo son (están...y punto) y se alimentan de lo que no viví.

Son los fantasmas que regresan (o quizás nunca se hayan ido) y me recuerdan que siempre hay una nube oscura dispuesta a vaciar su diluvio de tristeza encima de mi.

Rostros sin rostros que me rodean, me tocan, me adulan, me gritan en silencio, me asfixian...

¿Desde dónde me miran?

¿Cómo me huelen?

¿Qué sabor tienen sus labios?

 Andrea Guadalupe.

 



                                              Andrea Guadalupe.

                Tijuana BC. México. Tierra que abraza siempre al regreso, que cobija entre latidos  
                                            sumergidos en una busqueda natural.

                   Desde mi rincón existencial, donde el  sol nace al poniente.      

 
 




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Leyendas urbanas en la frontera.

Tijuana BC /Jul 009.      Leyendas urbanas en la frontera.

Cuando aquel tosco y desagradable tipo se le quitó de encima, quedó flotando sobre la cama sintiéndose perdida, desamparada como jamás lo había estado, abandonándose en la humillación de su desnudez.

La necesidad inocente que la había arrastrado hasta ahí la ofendía y angustiaba mucho más de lo que su poca imaginación le hubiera podido advertir con anticipación.

Por un momento se quedó quieta, asustada, pensando en el regreso a su casa y el enfrentamiento con su madre.

Recordó lo que a diario escuchaba acerca de a los turistas y lo que estos buscaban por las calles y bares de la ciudad.

Recién ahora comprendía.

Miró hacia el techo con los ojos entrecerrado.

Todo era malestar y el calor maloliente del cuarto, no eliminada por el ruidoso aparato de aire acondicionado, la hacían sudar e irritaban hasta cortarle la respiración.

Sentía una intensa debilidad, un cansancio que le aflojaba las piernas y el cuerpo entero.

Así se quedó por unos minutos, dominada por su agitación y sin saber qué hacer.

Un momento después, apretando los labios, bajó la vista hacia el líquido pastoso que se le escapaba por su vagina.

Más allá de su demacrado vientre, le subía un olor irritante desde la entrepierna.

Estremeciendo el rostro y tapándose la boca se contuvo de dar un grito al ver los hilillos de sangre en la cara interna de sus muslos.

Cerró las piernas y giró el cuerpo sobre la cama, temblando, desorientada.

Buscando un refugio se encogió y se cubrió a medias con las sábanas, sin dejar de temblar, resguardando sus pequeños senos con las manos.

Más que dolor, mucho más que cualquier otra cosa, sentía vergüenza y humillación.

La angustia que la ahogaba iba más allá del miedo que había sentido desde que había llegado al hotel sin saber qué hacer, al quedar sometida a la voluntad y la mirada de los tres hombres en la oscura recepción; impotente, sabiéndose sin regreso, conteniendo todos los llantos recientes que se sumaban a los que llevaba acumulados en su vivir diario.

Lo que había padecido con aquel extraño la hería en carne y hueso, en lo más hondo, oprimiéndole el alma en intermitentes gemidos que no podían romper su desamparo y su silencio; y sintiéndose ridiculizada en su inexperiencia, no entendía el por qué para ella había sido todo tan traumático y brusco.

Sentía un sabor metálico en su boca reseca y el pensamiento hacía desgracias en su cuerpo, atropellándola.

Se reconoció herida y distinta.

Nunca había imaginado que lo soñado tan romántico entre encajes y caricias iba a terminar siendo tan desagradable y sucio.

La mayoría de sus amigas lo hacían una y otra vez, casi a diario, y haciéndolo podían comprarse ropa y zapatos en las tiendas que sólo aceptaban pagos en dólares.

Y le describían esos encuentros sin ningún tipo de pena, en plena calle, pintarrajeadas, con el mayor descaro, mostrándole cómo se movían y gemían en la cama para satisfacer a sus acompañantes.

Y lo relataban como un triunfo, como si fuesen ellas las que se aprovechaban de los tipos que se movían como lobos en cacería.

Sólo que a ella le había resultado muy difícil y doloroso; no podía parar de recordar el temor que había sentido cuando al principio, antes de desnudarla, el hombre le introdujo su miembro en la boca mientras la agarraba con fuerza por la cabeza, obligándola a tragarlo, maltratándola, produciéndole asco y náuseas.

Calladamente intentó resistirse, no pudo.

Y cuando la penetró con violencia y agresión, sintió que las piernas apenas le respondían y que el alma se le escapaba del cuerpo con cada queja reprimida, deshaciéndose bajo el peso de todos los movimientos de aquel bruto, para luego ser abandonada sobre la cama como un despojo.

Ahora lo podía escuchar tarareando bajo el de agua de la ducha, complacido, seguramente convencido de su hombría.

Y lo odió, lo maldijo desde el primer momento en que la empujó dentro del cuarto, deseoso, era un hombre feo y desagradable.

Se sentía sola, no podía más.

Se levantó y se limpió la entrepierna con las sábanas, de nuevo con asco, asqueada de sí misma. Después, se vistió con la ropa miserable que llevaba puesta cuando el hombre le tocó el hombro y se le insinuó en la plaza a donde le dijeron que fuese bien "arregladita", en la Tijuana vieja, a pocos pasos de la Catedral y de la garita de San Ysidro.

Se paró frente al espejo y se maldijo con repugnancia al verse como si fuese otra persona, delgada, ojerosa, indefensa y se sintió muy lejos de ser una mujer verdadera.

Cuando se puso los zapatos con torpeza y cerró las hebillas con sus manos temblorosas, sentada en el borde de la cama, por primera vez tuvo conciencia de que sobre la mesita de luz la radio seguía sonando con música a todo volumen.

Sonrió con tristeza y desprecio al entender aquel mundo de basura y hambre que la empujaba sin tregua hacia la nada día a día.

De la misma mesita agarró los diez dólares que el hombre le había prometido.

Los estrujó con rabia y caminó hasta la puerta queriendo desaparecer.

La abrió sin producir ruido y salió sin cerrarla.

Y se fue caminando por el oscuro pasillo, sin mirar atrás, con la cabeza baja, ladeándose casi sin caderas sobre los sucios tacones altos.

Lloraba, tenía apenas doce años.        Andrea Guadalupe.

 



                                              Andrea Guadalupe.

                Tijuana BC. México. Tierra que abraza siempre al regreso, que cobija entre latidos  
                                            sumergidos en una busqueda natural.

                   Desde mi rincón existencial, donde el  sol nace al poniente.      

 
 




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