miércoles, octubre 16

Más allá del deseo de la carne que penetra en la carne.

Octubre 2013. Más allá del deseo de la carne que penetra en la carne.
Salir en búsqueda de compañía, sentad@ en un solitario banco de algún  parque de la ciudad, preferentemente, apartado, silencioso, cómplice y oscuro.
Guiándose únicamente por la señal casi imperceptible: el gesto  apagado que delata; un movimiento de la mano; el fruncir de los labios en una forma que expresan sin pronunciar palabras; con la mirada que apenas resplandece en la semi penumbra de la noche; el pausado andar como quien flota entre nubes; o dejándose llevar solamente por la intuición, por una química totalmente desconocida para l@s no iniciados, por un algo inexplicable como la fuerza magnética.
Salir en búsqueda de compañía, utilizando sólo los más difusos recursos: Me puede dar fuego, por favor, sosteniendo entre los dedos temblorosos el cigarrillo durante un largo tiempo, o: Me podría decir la hora, mientras una lánguida mirada trata de insinuar, de convencer; o quizás pronunciar un nombre, para que vuelva el rostro y diga: No, y valorar por el tono de la voz si se puede proseguir, o simplemente decirle: Perdón, me confundí.
Salir en búsqueda de compañía para mitigar la crisis sentimental, sí, porque más allá del deseo, más allá de la carne que penetra la carne y hiere, lastima y satisface, están también los sentimientos, la necesidad de saberse conquistad@.
Y salir en búsqueda de compañía no significa solamente buscar el cuerpo ajeno que se acople, sino en encontrar la mitad que se anhela, la que se busca para compartir cada instante de la vida, para subsistir en esta difícil vida LGBT.
En esta ocasión, como en tantas y otras tantas, no hubo suerte y repasó con lentitud el camino hasta su casa.
Luego, acostad@ en su cama, fue el dejarse llevar por los recuerdos que le sumieron en un prolongado insomnio.
Recordó que desde su infancia, su orientación, estuvo marcada por eso que muchos llaman aberración y hasta vicio.
Desde infante, porque en la escuelita su compañía eran niñas, como lo eran en los juegos, el conversar de las cosas que conversan las niñas.
Desde la infancia, el gusto por las ropas femeninas, los cosméticos de su tía.
Desde infante, y después, ya adolescente, cuando el sexo comenzaba a aflorar gritando nuevas emociones, sentía ya el atractivo por los hombres, como aquel maestro joven, rubio, delgado, débil,  inaccesible, callado y solitario, y que mil veces se imaginó internándose con él por aquellos caminos de Dios.
Ya antes había pasado por experiencias, pero estas no habían sido totales, plenas…; La verdadera primera vez  fue diferente, y recordó.
Habían sido tan felices durante los dos años que compartieron sus vidas, le mimaba y protegía; cada noche le penetraba y le mordía suavemente la espalda, desde la primera vez, su primera vez, le hizo sentir aquella agradable ponzoña hiriéndolo, desgarrándole, satisfaciéndole finalmente al sentirse poseído.
La relación marchó sin dificultades hasta que llegó ella.
Delgada, de linda figura, calmada, no le importaba que fueran una pareja.
Cada tarde irrumpía en la casa con su risa, destapaba las ollas y sin ser invitada probaba la comida, compartían como tres buenas amigas.
Ella vendía ropas de uso y llegaba de tarde en tarde con cada nuevo lote formando bulla: ¡Miren las maravillas que traigo aquí!, y comenzaba a sacar las prendas del bolso: ¿Qué te parece esta blusa?
Y sacando una falda del atado: Pruébatela, para ver qué tal se ve.
Y la complacía con agrado. .
Una de esas tardes, mirándole a las tetas, expreso sin tapujos: Me gustaría tener un par así, vivir como mujer y dejar de ser tratado como varón.
Su pareja, tras un instante de vacilación, sólo alcanzo a decir: jamás me han gustado las mujeres, después, dio media vuelta y se fue a la calle.
Nunca más, le volvió a ver.
Desde entonces recomenzó la búsqueda de compañía, con la esperanza de encontrar un compromiso estable, aunque sólo aparecían parejas eventuales, míseros profanadores de una noche, simplemente alentados por la carne, excitados únicamente por el placer.
Hasta que sin esperarlo apareció el, no era rubio ni delgado, no tenía los ojos azules, sino negros, muy negros bajo el oscuro pelo ensortijado, muy distinto de su ideal.
Resultó dulce y dócil, complaciente.
Durante algunos meses transpiró felicidad.
¿Qué más podía pedir? Ya su edad rebasaba los 45 años y el pelo se estaba perdiendo y la piel mostrando señales de cansancio y su vigor, bueno, su vigor ya no era el mismo, ¿para qué negarlo?
Y su pareja, era mucho más joven, tenía que cuidar esta relación, escoger los amigos comunes, complacerlo, tolerarlo en sus caprichos, comprenderlo en sus fugaces fantasías, saciarlo de amor, hacer que se hundiera cada día más en aquel pozo de su goce y su cariño, sujetarlo por siempre junto a sí.
Un día le vio recogiendo sus cosas, la mochila ya estaba hecha, le preguntó qué hacía, y le respondió mirándolo a los ojos: Sucede que he comprendido que no puedo estar más a tu lado, eres sensible, tiern@; no tengo quejas de ti, sólo que… ¡Extraño mi libertad!
Déjame ir en paz, quedemos como amistades y se acercó para darle un tierno beso en la mejilla.
No opuso resistencia, la suavidad de la ruptura le había anulado.
No supo qué decir, qué hacer, y cuando salió de la casa sin mirar atrás, se tendió en la cama a estremecerse en llanto amargo.
Le ahoga nuevamente la soledad, así tendría ahora que enfrentar la vida, malgastar sus noches, soportar las miradas inquisidoras de quienes no comprenden..  
En soledad y forzad@ a salir en búsqueda de compañía, comenzar a buscar el cuerpo ajeno que se acople al propio, utilizando sólo como armas los más simples recursos; y más allá del deseo, de la carne que penetra en la carne y hiere, lastima y satisface, la necesidad de saberse acompañad@, encontrar la mitad que se anhela, la que se busca para compartir cada instante de la vida, porque también su cuerpo era habitado por un alma, donde latía un corazón.
Desde Tijuana BC, mi rincón existencial, lugar donde el dolor escurre silencioso.

Andrea Guadalupe. 

domingo, octubre 13

Bendita ceguera que no deja ver la realidad cuando duele.

Octubre 2013.   Bendita ceguera  que no deja ver la realidad cuando duele.
Saludo al nuevo día intentando olvidar las imágenes borrosas y los señuelos lanzados por el adolorido silencio del tiempo.
Mientras despierto, despedazo la niebla con las pocas fuerzas recopiladas en los sueños que aún no se han borrado del todo.
Los días soleados, vivo adherida a nubes y oscuridades indestructibles, y por más que me afano, no despego los pies del suelo reseco.
Los días de lluvia, concibo saltos y danzas rituales que me ayudan a evitar el gris y a exprimir el paisaje licuado.
Los días en que la niebla lo cubre todo, me empeño en deshacer dudas y temores, en desmarañar laberintos.
Los días de tormenta, me aplaco, me calmo, hiberno en un sueño manso y pacificador a la espera de tiempos mejores.
Sonrió tristemente cuando le comunicaron que habían encontrado a su ex muerta, con los ojos muy abiertos, rodeada de tazas de café y estimulantes de todo tipo.
Lógico, cuando me dejó, me dijo que no me quería ver ni en sueños, fue su única expresión.
El anciano lloraba cuando descubrió en el televisor a su hijo, subido en la carroza, con su capa carmesí y su corona siguiendo la tradición familiar de una tradición secular.
La alcurnia del apellido, obligaba a encabezar la caravana del santo patronal en la cabalgata.
Y ahí estaba su retoño, marchando, mientras su mujer lo miraba amorosamente, agradeciendo a Dios por la bendita ceguera  que no deja ver la realidad cuando duele, ya que las cataratas, le impiden percatarse, que su hijo va ataviado de Reina en el Día del Orgullo Gay.
No creas que no percibo tus burdas excusas y la fiel incoherencia de tus pretensiones sobre mí.
Sé muy bien que sabes perfectamente, que distingo la retorcida lógica que oculta tu ambigua sonrisa, el vacío lunar que inspira el ambiguo brillo de tu mirada, y el rancio aire que agita tu simulada pasión.
Y sé que sabes que, al igual que la tuya, mi piel se marchita, desesperada, cada minuto que transcurre sin interpretar nuestro simulacro.
Se decidió por un cambio de look radical, que el bótox, que unos implantes de silicona, que una liposucción, que un estiramiento, que la nariz.
Y, como toque final, implantes capilares en unos claros que siempre la habían mortificado.
Desde entonces, la oportunidad pasa desapercibida.
Desde Tijuana BC, mi rincón existencial, lugar donde rio danzando entre memorias torcidas no del todo derrotadas, y el aroma sutil de tu sonrisa embriaga el aire levemente viciado que flotaba entre nosotras.

Andrea Guadalupe. 

Cuento al café entre mis fallas, manías y bálsamos

Oct. 2013  Cuento al café entre mis fallas, manías y bálsamos
Hola, buen día, por fin he despertado pues he tomado mi primera taza de café,  estoy segura de que es algo químico, algo que me rebasa pues pertenezco al grupo de humanoides que sin tomar un café por la mañana son incapaces de mutar a humanos.
Es imprescindible para mí.
Y  aunque durante el día me vaya poniendo agria como naranja inmadura, siempre me levanto de buen humor, no es que dependa del café para sentirme contenta, mi primera sonrisa siempre llega antes que el primer trago.
La cosa va más allá: el café me centra, me alinea el alma con el cuerpo y la actividad neuronal, me pone completa en el mundo.
Razón que atribuyo al haber nacido en Córdoba Veracruz, tierra cafetalera y de manos que aprendieron a cultivar esta maravilla, una de las pocas que me devuelven la fe en la humanidad. Cuento al café entre mis fallas, manías y bálsamos; encaja en todas.
Podría contar mi vida entera en tazas de café y sin ellas: días en la plenitud y en el desamparo.
El hecho es que desde mi muy sesgado, subjetivo e innecesario punto de vista, como todos los puntos de vista, no tengo amistades a quienes no les guste el café.
Podría decir con precisión cómo toma el café cada una de las personas que he estimado y que amo aunque no recuerde su fecha de cumpleaños.
Es un placer dentro de otro y luego dentro de otro y otro.
No sólo el sabor de la bebida misma, aunque tengo claro que me gusta caliente, fuerte, sin azúcar y con un toque de leche o crema; también sé que me gusta sujetar la taza con las dos manos, que tengo mi taza predilecta, que lo prefiero cuando es aceitoso, que me gusta mirarlo y olerlo antes de dar el primer trago.
Y de pronto, me voy dejando atrás a mí misma, contemplando mis días pasados como una línea interminable de bitácoras matutinas.
Como aquella mañana que nos vimos para tomar un café y hablar, aunque sabíamos que lo único que quedaba por decir era adiós.
Como aquella mañana en la que hundía la nariz en mi taza humeante, café con lágrimas, el sabor es inolvidable.
Sé que hay tazas de café  célebres y otras que nos pudimos haber ahorrado.
Repito: desde mi muy parcial, arbitrario, calenturiento y punto de vista: gracias al papa Clemente VIII que le gustó el café y que no lo declaró vicio ni pecado en Occidente como el alcohol o el tabaco porque de haber sido así; ahí les encargo el área de bebedores y no bebedores de café, clínicas de rehabilitación para cafeinómanos, aerolíneas libres de cafeína y envolturas de café con escenas melodramáticas de niños moribundos desnutridos, chantajes en los medios de comunicación del tipo: no tomes café, tú puedes salvar tu vida.
Porque tal parece que de este lado del mundo, basta con nombrar algo pecado para que hasta nos genere malestares metabólicos.
Que si el café tiene propiedad curativa o atenta contra la salud, no me interesa.
Reniego de nuestro culto a lo saludable que lo único que refleja es que estamos más enfermos que nunca.
Dice Serrat: de vez en cuando la vida toma conmigo café y está tan bonita que da gusto verla. Yo creo que todas las tazas de café cuentan una historia, ya sea de insomnio insignificante o de mañana luminosa, pasando por tantas variantes como cada quien esté dispuesta a vivir.
Para mí el mundo se pone a girar con el primer trago, casi podría decir que prescindiría del sol pero jamás del café.
Desde Tijuana BC, mi rincón existencial, lugar donde les agradezco por el café que hoy se tomaron conmigo, y no me queda más que desearles que en el fondo de su taza, hoy se revele un buen pronóstico.

Andrea Guadalupe. 

domingo, octubre 6

De corazón y científicamente.


Octubre 2013. De corazón y científicamente.  
Con esa exactitud tan característica de la ciencia, lo que no flota, se hunde sin remedio; lo que no vuela, cae al suelo.
La energía, pura o no, nunca se destruye, aunque sí se transforma.
Y mucho, y se convierte en otra cosa.
Y aunque la recta tiene una dirección, no olvidemos que también posee dos sentidos: De ida, y de vuelta.
Todo lo que sube, baja; lo que entra, sale.
Y lo infinito, sólo está en el cielo, solo.
Por inercia, todo se mueve o reposa, y la inercia, créeme, es lo peor.
Para que me entiendas, he dejado de quererte.
De corazón y científicamente.

Octubre 2013.     Muñeca Rusa.
Además, el pollo tapado, siempre humea demasiado, respondió desanimada y ocultando los ojos.
E intentó sonreír.
Fue al volver de la cocina, en la que había permanecido con la puerta cerrada, y de la que salió tras apagar el ruidoso extractor.
Bajó el volumen del televisor, que ella misma había subido antes de salir, y se sentó a la mesa.
Tampoco hoy le diría el motivo real de sus ojos enrojecidos.
Lo guardaba al fondo de todo, donde ella también se ocultaba cuando, al volver su pareja tan tarde, traía pegada, ese perfume caro que a ella nunca le regalaría.

Desde Tijuana BC, mi rincón existencial, lugar donde las capas con las que intento ocultar el  dolor, traen a mi mente las muñecas rusas.

Yo me baño a diario.

Octubre 2013.  Yo me baño a diario.
Cuando el agua no fluía en el desagüe del baño, no me quedó más remedio que llamar al plomero.
Vino y sondeo, en la hora que duró, fue sacando todo lo que tapaba la tubería.
Lo primero fue un manojo de inseguridades, que le hizo mirarme con extrañeza, y a mí, bajar la vista de pena.
Después, sacó un rosario de preguntas y tristeza, desechos de indiferencia y hasta un enredo hecho de la vergüenza y arrepentimiento al no participar en aquella marcha del colectivo.  
Encontró una arandela de miedo, que me vino como anillo al dedo, un amasijo de llanto silencioso, de orgullo herido, de pena desbordada.
Saco mucha rabia revuelta y mezclada con todo.
Trozos de ilusiones desgastadas, ya transparentes, como vidrio hecho fragmentos.
En ese momento pensé que podía tratarse del mismo desagüe por el que se iban los sueños, y sobre el que había leído en algún sitio.
El fontanero sólo habló lo necesario.
Sobre todo suspiraba de tanto en tanto, mientras fue extrayendo cuanto veía.
Acabado el trabajo, se negó a cobrarme.
Recogió su caja de herramientas, me miró con infinita tristeza y me palmeó el hombro antes de salir.
Y aunque no dije nada, las cosas no parecen mejorar y yo me baño a diario.

            Una vida de mierda.
Nací un día por la mañana, no podía nacer más tarde, ni más temprano.
De quien me desecho, nunca más supe, allí me abandonó y, si te he olido, no me acuerdo.
Desde ese día mi vida ha transcurrido en la calle, por eso, he visto de todo: robos, atropellos, peleas, besos con lengua, bomberos… Hasta una manifestación que, para suerte mía, no fue muy numerosa y no tuvo que utilizar la acera.
Yo, que no soy estúpida, siempre he notado cómo la gente me mira, cómo me evita.
Siento sus desprecios, porque una tampoco es insensible, ni de piedra, ya quisiera yo, porque sé que a más de una la lucen en no sé qué museo prehistórico con cámaras de vigilancia, y hasta les ponen un guarda de seguridad y  sólo porque se han hecho fósil, dicen; a saber.
Yo, la verdad, siempre muy ingenua, muy alegre; toda de Dios.
Aunque, desde lo del pisotón, todo son males.
Hasta entonces tuve varios intentos, que quedaron en eso, sustos tremendos que te van degradando, porque tu integridad física se ve en peligro.
Y claro, quieras que no, algo te tocan, con ese pisotón se fue una parte de mí.
Me dejó consecuencias, o más bien, se las llevó.
Con el accidente mi carácter cambió y mi diámetro también; se vio agrandado y ahí sigo.
Y no fue mayor porque el despistado era joven y supo mantener el equilibrio, sino igual ya no estaría aquí, o al menos no tanta.
Lo mismo me tendría aun embadurnada en el pantalón, metida en una bolsa de plástico, a la espera de que alguien nos llevara a la lavamatica.
 Ay, sin duda, desde que me pisaron no soy la misma, ni física, ni emocionalmente, en serio.
Ahora sólo me queda esperar que, en el final de mis días, un buen barrendero me lleve, o una tormenta, de esas que arrasan con todo, me arrastre y me desparrame sin tener que dar cuentas, ni ella ni yo.
Porque no creo, la verdad, que un mayate, con lo que escasean por estos lugares, pase un día por aquí, me haga objeto de sus deseos y  me lleve rodando a ver el  mundo.
Desde Tijuana BC, mi rincón existencial, donde, como ven, la mía, es una vida de mierda, despreciable y fugaz.

Andrea Guadalupe. 

domingo, septiembre 29

Despierta, soñé mi muerte.

Otoño 2013.  Despierta, soñé mi muerte.
La arena dorada por el sol…el mar acariciando su orilla…algunos rostros bebiendo a sorbos el sol… aunque…nada es lo mismo…
La arena con huellas de otros pasos…la espuma de las olas deshaciéndose en sus continuas embestidas…el sol ocultándose tras nubes que dibujan formas distintas
Rostros nuevos hipnotizados, y yo…tampoco soy la misma…algunas arrugas comienzan a surcar mi rostro, heridas que han ido cicatrizándose
El reloj cuenta las horas recordando el paso del tiempo…sin embargo…algo se repite…aquel olor a algas marinas, a mar, que sube para colarse por la memoria y despierta en mí la fragancia de la infancia, de aquellos gritos de alegría.
El olor de la eternidad…
El viento se lleva las hojas muertas y los manuscritos olvidados.
Las palabras amarillas flotan levemente antes de caer, rendidas, sobre el camino de la infancia. Hablan de recuerdos marchitados por el tiempo, sólo que tan vivos como tenues destellos de luz entre las nubes de otoño.
Recuerdos errantes que se lleva el viento, junto a las hojas muertas.
Sentada, cruzo las piernas y mis párpados atardecen.
Desde Tijuana BC, mi rincón existencial donde despierta soñé mi muerte, la veía llegar erguida y oscura; empuñaba mis deseos de morir y me los clavaba.
Afectada por ese veneno aluciné que la vida se acercaba etérea y me devolvía mis deseos de continuar, mientras yo,  dudaba que elegir.

Andrea Guadalupe. 

El otoño que nace.

Otoño 2013.  El otoño que nace.

Ha partido el verano, el reloj se ha detenido, el tiempo no.
La paraplejía altera el equilibrios, amplifica los silencios, redimensiona la espera, mientras, el tiempo sigue viviendo sus sueños, acariciando sus ilusiones, sintiéndose…vivo.
La calma, suave caricia del no hacer nada, fresca sensación del estar en paz.
El tiempo se desnuda ante mí, mientras el agua, dormita acunando barcas.
Hoy la vida se viste de ganas, se despliega en la arena, se entrega en las sombras… El sol, es amable, mientras: Paisaje, melodía interpretada por Vicentico, te trae a mi lado.
La telaraña sube a través de los recuerdos, los mismos que absurdamente, me obstino en no dejar que se marchen, aunque su continua presencia enredándose alrededor de mis días, me dejen agotada.
 Y la telaraña invade inexorable y llega hasta mis sueños, cubiertos por una capa de abandono que amenaza con borrarlo todo.
Y continúa subiendo por encima de todos los deseos que se han acumulado a lo largo de mi vida solitaria…por encima de todo.
Telaraña pegajosa, que paraliza, inutiliza… que es mortal.
El aire es fresco, la luz esquiva, las hojas quietas preparan el final, el adiós, el vuelo.
Pronto las horas serán otras y revivirá la suave bruma de la calma.
Un arcoíris une la tierra y el mar, el sol juega esos extraños efectos del verano que muere y el otoño que nace, la soledad se reencuentra con su mundo, siente sobre la piel la partida anunciada, abre sus sentidos a lo irremediable, y se prepara para embellecer sus horas con historias trenzadas en la temblorosa angustia del verbo en singular.
Desde Tijuana BC, mi rincón existencial, lugar donde voy contando historias que surgen entre suspiros con sabor a nostalgias, porque soy fabricante de recuerdos, auxiliar del tiempo en su imparable ajuste de la maquinaria de la vida.
Andrea Guadalupe. 

jueves, septiembre 12

Una muere de verdad cuando nadie te nombra…

Sep. 2013.  Una muere de verdad cuando nadie te nombra…
Me senté y pedí un café, a través de los cristales deformados veía pasar siluetas.
Sirvieron un café negro, espeso, dulce.
Cerré los ojos y lo bebí lentamente de un trago.
Cuando los abrí, había perdido la noción del tiempo y del espacio.
Oscilaba, indecisa, entre la dulzura del amor y el amargo sabor como la existencia.
¿En qué piensas?
En ti, pensé que habías vuelto.
No se vuelve tan fácilmente.
¿Y tú?
Yo estoy envuelta en gasas en el fondo de algún sitio.
Nunca llegaron a rescatarnos ¿verdad?
Nunca.
Entonces, aunque tengamos memoria: ¿Seguimos en el fondo hasta que nosotras mismas nos olvidemos?
Sí, eso es así.
Una muere de verdad cuando nadie te nombra o cuando tú misma pierdes la memoria de tu nombre.
Vámonos, hace frío aquí también.
La ternura es una forma de seducción muy tierna, es la demostración del afecto.
La ternura de la palabra está en el tono.
El gesto en la ternura es la caricia.
La ternura y la piedad son primas hermanas.
La ternura debería ser una disciplina obligatoria
Movidas por el viento, se han caído las hojas del libro.
Hay días que es mejor no salir de casa, días que deberían terminar a las once de la mañana.
Hay días, sinceramente, horrendos que deberíamos meter en una bolsa de basura o en una caja y cerrarla.
Hay días espléndidos que abren todas las ventanas y cantan.
Hay días a los que le sigue la noche, aunque no siempre es así.
Hay noches eternas y días casi infinitos.
Hay días que saltan de la cama y se van a brincar al mar.
Hay días llenos de sábanas.
Hay días tristes., de una tristeza espesa, como por ejemplo, hoy.
Hay días para doblar las esquinas.
Hay días de la memoria, de los muertos que se nombran, de los muertos que se callan, días llenos de dudas que sólo la noche disipa.
Hay días en que el cielo es de color de plomo, días avaros, que esconden su belleza.
Hay días generosos en los que puedes andar por sus barandas y balcones.
Hay días invisibles, aletargados, soñolientos, elípticos, grises.
Hay días decisivos que describen la gran parábola del destino.
Hay días para la escritura que aprisiona el tiempo.
Hay días de fiesta en los que repartimos besos y pétalos de flores.
La memoria infantil apareció como alerta: mi hermano Alejandro Dixit.
La infancia está llena de días interminables, de anchas y largas horas que dormitan indolentes sobre algo que deber ser muy parecido a la felicidad.
Yo soy capaz de reconocer esa sensación despaciosa del tiempo y esa indolente placidez, aunque también he conocido infancias rotas, infancias negadas, que son en el fondo infancias sin infancia.
Tod@s perdemos la infancia, sólo que no el recuerdo de la infancia.
La mía se ha debido extraviar en algún lugar recóndito de la memoria, imposible de encontrar.
Al escribir, todo se trasforma, es divertido, aunque no es fácil contar la realidad, porque no existe una, sino múltiples, sucesivas, simultáneas, análogas.
Es un aprendizaje que nunca se acaba, en el que siempre estás escuchando nuevas voces, imágenes, gestos, espacios, gritos.
Contar al mundo con la palabra  es una pasión, pues tenemos las palabras dentro, como si estuvieran en una habitación dentro del cuerpo.
Siempre entran y salen por la boca y continuamente están entrando palabras nuevas que buscan acomodo, a veces dándose codazos con las otras.
Las palabras tienen unas disputas tremendas porque unas se creen con derecho a existir y se lo niegan a otras.
Yo no sabía que las palabras se hacen la competencia, hay gente que tiene muchísimas palabras dentro y otra gente que apenas tiene un centenar.
A veces las palabras nuevas las olvidamos y nunca más vuelven a salir de la habitación, se quedan inservibles dentro de nosotras.
Cuando no hablamos las palabras se quedan descansando, sólo que por lo general les gusta mucho salir a darse un paseo y lucirse,  son muy fantasiosas.
De cada palabra hay un sólo ejemplar, por ejemplo, de la palabra madre, hay una, como en la vida real, que entra y sale todas las veces que haga falta.
Lo mismo ocurre con otras palabras de nuestro idioma,  como mar, amig@, azul, amor.
También ocurre con las palabras antipáticas, como: gramática, icosaedro, paradigma, semántica, etc.
 La alegría es el rasgo fundamental de la personalidad de la mayoría de las palabras, pues cuando hablamos, las palabras dan saltos de alegría, caminan sobre las manos, hacen equilibrios sobre un alambre, dan vueltas de campana, se caen, se levantan, se dan porrazos, patinan, corren, nadan contra corriente, y luego regresan arrastrándose, hechas polvo, sudorosas, deshidratadas y van entrando por la boca para dentro y se van cada una a su cama, hasta que las volvemos a sacar.
Desde Tijuana BC, mi rincón existencial, lugar donde recorro el mundo con los ojos cerrados y siempre cometo el error de volver.
Andrea Guadalupe.



domingo, septiembre 8

De dónde sale el sol y de qué se esconde...

Sep. 2013.   De dónde sale el sol y de qué se esconde...
Existe quien camina bajo la lluvia, al igual que, caminantes que dan vueltas sin moverse de un punto.
Hay quien camina por la cuerda floja, así como aquell@s que caminan sobre sus sueños.
Nos encontramos con caminantes que llegan antes de partir, de la misma manera que, caminantes que no llegan a ninguna parte.
Y en los intrincados caminos, surge quien camina entre virtuos@ y caminantes virtuales, así como quienes se bifurcan en los caminos.
En este grupo, he conocido caminantes cualitativos y otr@s cuantitativos, aunque, recuerdo también, a aquell@s caminantes que nunca regresaron, porque tampoco partieron.
Ahora que lo menciono, también he conocido caminantes de un solo camino, y caminantes que siempre están pensando en regresar.
Yo fui caminante que camino toda la vida, aunque me he cuidado de no ser de aquell@s que se cierran todas las puertas, si de quienes hacen camino al andar.
Pensándolo bien, me considero de esas caminantes que algún día, morirá en el camino.
Y si me preguntaras, te diría que hay caminantes de la noche y del dolor, lo mismo que otr@s caminantes, que solo les interesa el camino, así como caminantes sedentarios y caminantes que siempre toman el camino contrario.
Igual he conocido caminantes que recorren caminos que no existen, son personas que llevan en sus pies el horizonte.
Hay caminantes obligad@s a caminar todas las veredas y caminantes que no caminan, así como caminantes desolados porque no hay caminos.
Surgen de entre mi memoria, caminantes perdid@s  y otr@s que se pierden, así como aquell@s caminantes del patio de sus celdas.

¿Cuánto falta para llegar al cementerio? 
Quiso saber el muerto.
¿Por qué preguntas? 
Respondió quien cargaba el ataúd.
El cansancio me está matando, exclamo el muerto.
¿Cansando de qué?
De la vida, pues no termino de irme.
¡Ay! , pues tendrías que estar fallecido, siete puñaladas no hay cuerpo que las aguante.
Pues ya ves, no termina de escapárseme la vida.
¡No!, pasa que eres ahora un alma en pena y confundes las cosas.
Dicen que la muerte es el descanso eterno y no siento más que tristeza y un enorme cansancio.
¡Ay! Muérete ya, por favor.
Está bien, no se hable más, me muero, sólo que antes de irme, dime una cosa: Siete puñaladas, son muchas puñaladas, ¿por qué me diste siete, si con una bastaba?

Pena y tristeza no son la misma cosa, se parecen, pueden parecerse, incluso puede llegar una después de la otra, aunque no, no son lo mismo.
Tener pena, no es igual que estar triste, cuando tienes una amiga con una  pena que la ahoga, puedes sentir esa expiación.
La pena duele, la tristeza no, preocupa, altera, inquieta, te mueve a intentar animar, aunque no duele.
Cuando alguien cercan@ está apenad@, de verdad no se puede hacer nada.
Le ves nadar contra la oleada de pena, intentar mantenerse a flote con un esfuerzo sobrehumano tanto físico como anímico, que literalmente le deja agotad@.
Bracea, patalea, intenta que las olas no le ahoguen…y se agota.
Cuando no puede más, se deja hundir, se rinde…y es en ese momento, el único en que se puede hacer algo, tirarte al agua o meter el brazo, agarrarle y hacer que salga a la superficie. Sostenerle a flote en lo que recupera fuerzas para seguir luchando contra su pena, en esa pena que le duele por dentro y le agarrota.
La tristeza viene después.
Tras mucho nadar contra la pena, tras luchar contra las olas, el rastro que deja esa batalla es la tristeza.
Ese alguien apenado consigue subirse a una balsa de madera que ha construido poco a poco y se tumba a descansar.
Ya no tiene que nadar contra la corriente, ya no hay olas que lo tumben y le ahoguen.
Está a salvo.
Ya no va a hundirse aunque no tiene ganas de remar.
Ahora es un mar pacífico y gris que se pierde en la distancia.
En esta etapa de la pena, puedes subirte a su barca, acompañar en la tristeza y por algunos momentos se olvidará de la tristeza.   
 Con la pena no pasa eso.
La pena no se distrae, no se olvida, aunque lo intentes.
Se irá cuando ella quiera y mientras tanto estará ahí.
Si la dejas, si no luchas o si te dejas, te invade, te llena por completo, te ahoga y crees que no puedes más, que vas a morirte.
Aunque entonces llega el llanto.
La pena verdadera duele tanto que no permite llorar.
Cuando aparece el llanto es el último recurso porque ya no puedes más, lloras hasta agotarte, lloras para vaciarte, lloras para que esa pena salga por algún sitio, para que esa angustia que no te deja casi ni respirar salga de ti.
Lloras desconsoladamente.
Y ahí, justo en ese momento...aunque no lo sabes... has dado un paso para dejarla atrás.
La tristeza tiene un horizonte, la pena no.
La tristeza puede llegar sin motivo...aletea y se va, la pena siempre tiene una causa.
De la tristeza se puede hablar, de la pena no.
Con la tristeza se hacen canciones…con la pena no.
Con la tristeza hay que hablar, con la pena hay que estar.
La tristeza puede ser dulce y cálida, la pena no.
La pena es amarga, la tristeza te hace sentir frio y querer un sofá y un cobertor para cobijarte, la pena da miedo y quieres un cobertor, sólo que para esconderte.
Para saber lo que está pasando alguien con una oleada de pena, hay que haberlo pasado antes. Hay que haberse ahogado en pena, braceado contra la corriente, sentirse morir y luego treparse a la balsa y dormir en la tristeza.
Sólo cuando has pasado todo eso, desarrollas la empatía suficiente para decir...Sé lo que estás sintiendo, sé lo que duele y que también, nada de lo que te diga va a servir…sólo que confía en mi…al final se atraviesa.

Busco las llaves, busco la tranquilidad, busco la cartera, busco mi teléfono, lo deje por aquí, busco una melodía que olvide.
Sigo buscando el amor, busco saber, busco a un amigo, lo he perdido, busco algo que no sé qué es, me busco  a mí misma, te busco, me estoy buscando la ruina, busco la felicidad intensamente.
Busco mi pick up, lo deje en algún parking, busco a mi padre todas las tardes, busco a mi perra chihuahua, no busco nada.
En ocasiones, busco música como vampira sedienta de sangre, también, busco una palabra que me calme, busco un verso que me impaciente, busco no condicionarme al decir algo, aunque, a veces, llego a decir disparates.  
Busco no sentir miedo, sentirme en paz y la maldita forma de conciliar el sueño.
Desde Tijuana BC, mi rincón existencial, lugar donde descubro que en el fondo de tus ojos hay un paisaje de barcos fantasmas que navegan en un mar de dudas.

Andrea Guadalupe. 

En primera fila.


Sep. 2013.   En primera fila.
He estado trabajando en Chicali, el patio trasero de Calexico.
Según ellos, el ideal inalcanzable para la gente de Tijuana porque está sin zona roja, sin cerros con asentamientos irregulares, sin asentamientos regulares con cerros.
Chicali,  paraíso para los que odian a los chilangos, aunque lamentablemente tienen a los chinolas, lugar al que vine porque me mandaron, se los juro.
Y porque la vida es tan generosa y tan buena que aunque yo sea mala, me regala experiencias cada tanto.
Pequeñas Ítacas  con sus perfumes y  sus fieros monstruos que contemplo siempre a punto del colapso.
Así miramos al mundo quienes tendemos al drama.
Mexicali es el lugar más caliente, polvoso y contaminado del mundo, ciudad también es conocida por ser el lugar más tembloroso del mundo, tanto que los niños nacen con Mal de Parkinson.
El Río Nuevo, es el río más contaminado, tanto que sus aguas han tomado una tonalidad verde y una consistencia gelatinosa y no líquida.
Dada la excelente ubicación de la ciudad, tanto dentro del país como con Estados Unidos, los principales productos que sostienen la economía es el narcotráfico, la exportación de productos naturales y productos avícolas, pollos, específicamente
Mexicali también tiene una infraestructura poderosa en el sector comercial, venta de cableado usado de casas y carros chatarra.
La ciudad de Chicali se compone de varias zonas de narco población, de la cual destacan entre todas, las colonias en donde viven más cholos, personas que tienen bajo nivel educativo, además de sus casas semidestruidas y calles sin pavimentar, con servicios públicos incompletos como lo son: El Cóndor, Hindialgo, la Carranza mejor conocida como el Polvorín,  Colonia Ranchonalista, Villa Cholonial, la Cholos Magón, Polvo Nuevo, la Drohogar, la Zacatuercas, Republica Mexichola, El Info... Narcozari, Valle Del Terregal, la Pobrezo, la Cochicali, Vigüeyes, las tan finas Villas del Rey y fraccionamientos de quinta aledaños (Quinta del Rey, Quinta del Prado, Quinta Chingada) Jardines del Vago, Fraccionamiento Horrorizaba y así mismo, destacan las zonas donde viven los rateros decentes, como son San Pedro Pica Piedra, donde viven los nuevos ricos queriendo comprar glamour y que han trabajado en el gobierno, Villa Fontana, Jardines del Valle, Los Pinos , Colonia Nueva y ciertos callejones que albergan diversidad de la fauna urbana, Vista Hermosa, y Los nArcos
También, destaca el distrito LGBT...XYZ donde reinan las pasivas, la tolerancia y la diversidad, como toda gran metrópoli, Mexicali tiene su distrito donde reina la diversidad, comparable con El barrio Castro en San Francisco, The Village en NYC, la Zona Rosa en el DF, el barrio de Chueca en Madrid, el Soho londinense: Villas del Gay, en Chicali City
El cachanilla es un ser muy diferente a sus congéneres mexicanos, es un bebedor empedernido de cerveza, se dice que la compañía cervecera Tecate se mantiene porque tiene a Mexicali cerca como único cliente, su capacidad etílica, es superior a la de los demás habitantes del país.
Es un ser superior culturalmente, sus modos de hablar se divide en dos tipo, el principal, es un acento único entre los típicos del Norte del país el cual se caracteriza por ser ranchero de pronunciación fuerte, sobre todo al término de las frase.
El segundo tiene la característica de la omisión de las s intermedias, generalmente antes de la letra t y, a su vez, terminar los participios singulares con s: ¿Ya acabates? ¿Me escuchates?, ¿Fuites?, ¿Trajistes? ¿Llevates?, ¡Te pasates de lancita!
También se da el caso de omitir la letra R justo antes de la letra L: Voy a matala, quiero comprala, tienes que probala.
También el de comerse la d al último; Ciuda, Universida, calida, etc.
El último es el de omitir voy a,  por bua; bua la tienda, bua la sombrerería, y por ultimo ahora sí: Decir pos y pa en vez de pues y para; pos este que me deje en paz, pa’ que bua la escuela si igual reprobé
Es destacable además: Los mushashos piden osho tacos de mashaca.
Mexicali se distingue por tener grandes y eficientes vialidades, con obras viales impresionantes, todas las calles están 100% pavimentadas y en excelentes condiciones, en ellas encontrarás una gran diversidad de perros muertos, muebles viejos, basura, postes tirados, gente atropellada, zacate seco, árboles quemados por el sol, y uno que otro encobijado, o en su defecto enmaletado.
El transporte público cuenta con camiones desechados por los gringos, en las cuales al pagar los 11.00, te garantizan que nunca te podrás encontrar basura, olores extraños como a drenaje u orina, asientos rotos con un alambre traicionero, ventanas rotas, refrigeraciones descompuestas que despiden un olor a rancio, que tiran más agua que el sudor de los pasajeros juntos y para rematar con los filtros con más tierra que afuera; movimientos involuntarios, conductores enojados porque le bloquean el contador que marca a los pasajeros o porque algún pasajero tiene credencial de estudiante y los bajan por lo general a gritos o fuerza, conductores que se agarran a golpes e insultos en avenidas principales abandonando su vehículo a mitad de la calle; todo un desfile de tecatos que se suben a pedir dinero vendiendo chicles más viejos que la peste a patas porque no tienen "Apoyo del gobierno" para una casa de vida, y por supuesto, más calor dentro de la unidad
Rutas donde después de media hora de viajes se suben a asaltar al pasaje, aunque, todo esto, claro, para hacer más ameno el viaje y no te aburras; También hay días en los que si tienes suerte y llevan armas de fuego, te puedes encontrar diferentes bandas rivales en los que por el mismo precio del pasaje te pueden introducir una bala perdida por la espalda.
Es como presenciar una película de vaqueros del viejo oeste en primera fila.
Los choferes son tan educados que ayudan a los ancianitos a subirse al camión y los ayudan a bajarse en tres segundos pateándolos, te cargan el mandado, te saludan con insultos al subirse, etc.
Además del hospitalario clima, existen muchos lugares de interés dentro de la región donde uno puede recrearse de una manera sana y positiva tales como:
El cañón de Tlaltenango: Expendio donde se rompen las leyes de la física, se venden caguamas congeladas por fuera y con la cheve líquida bajo cero adentro.
Plaza San Emo Pedro
El estacionamiento de la UABC, en la noche.....
Vincent Warrior Park (Parque Vicente Guerrero)
La Plaza de Toros Calafia, sin toros.
El Cóndor 90210
El museo Universitario al que nadie va
Las Fiestas del Sol, que se hacen de noche, cuando no hay Sol.
El Aeropuerko  Internacional
El Mercado Sobre Ruedas de la Drohogar
La Cervecería...Picadero por Excelencia
Museo Sol del Niño, con apariciones repentinas de Michael Jackson
El CERESO 821
Chicali ranch, se distingue indudablemente, por su alta gastronomía, que causa gastritis, obesidad y diarrea, aunque deleita el paladar más exigentes, entre la comida más reconocida del rancho está la Comida CoChina, los tacos de carne de perro asada , los tacos de perrego del ferrocarril; carretas de Tejuino... que lo hacen de quien sabe qué, aunque es para quien sufre insolación; flautas en el centro de la Ciudad, donde si te sale una hebra de carne te regalan otra docena; tacos de "gusano"...perdón, guisado... por toda la ciudad; tacos de borregato, de ratachaca, al pastor alemán, de pesgato y los de paloma pollo, además están los riquísimos y saludables Churros de Maíz con origen Mexicalense, que  se le puede dar sabor con Chile, Limón, Chamoy, que se venden en cada esquina de la ciudad, donde si los compras en la calle, el chile tiene la sorpresa de estar hirviendo provocándote gastritis.  
El clima de Mexicali es apto para deportistas, ya que los jugadores se juntan para hacerse sombra.
La competencia más practicada es la tomadera de Cerveza, generalmente Tecate, o en su defecto, el lanzamiento de meado.
En esta disciplina, hasta los niños se divierten participando, aunque los adultos se reservan el derecho de impedirles participar en la primera actividad, en su lugar, los chicos lo hacen con Coca Cola, así que si ve a hombres y mujeres acompañadas de pequeñas morsas o hipopótamos con ropa, no se asuste, no se escaparon del zoológico, sólo se trata de sus hijos con sobrepeso, gracias a la Coca Cola.
Sabías que: ...en Chicali Ranch hace un pinché calorón de 52 °C, y entre el horario de 8 a.m. a 8 p.m., la ciudad registra la mismas temperaturas que se dan en el centro de la Tierra, que cuando no hace calor o frio, tiembla, y no debe extrañarte si caminando, percibes un olor a carne asada y no ves taqueros cerca, es tu  piel quemándose.
En Mexicali sólo hay 2 estaciones: verano y la del Tren, y Tel Nor, entre el infierno y Mexicali sólo te cobra como llamada local.
Se dice que, el diablo solía vivir aquí aunque se regresó al infierno porque aquí hace mucho calor, y actualmente es la antesala del infierno, que cuando un Cachanilla muere y se va al infierno, se regresa por una cobija por que ahí tiene mucho frio.
Que  las llaves de baño marcadas con una C y una H significan Caliente e Hirviendo y  a veces sale vapor, y que en Mexicali el calentamiento global es imperceptible.
A Mexicali se le conoce como la Ciudad de los Huevos Fríos, porque todo el mundo anda con su Caguama entre las Piernas.
Y aun a pesar de todo esto, vine por unos días a ganarme la vida trabajando en lo que mejor sé hacer, detectando y corrigiendo las fallas en los equipos de la maquinaria que tiene la empresa para la cual trabajo.
Por ese motivo, me ausente temporalmente de sus ojos, nunca del cariño.
Gracias, de verdad, muchísimas gracias.  

Andrea Guadalupe.