domingo, septiembre 29

El otoño que nace.

Otoño 2013.  El otoño que nace.

Ha partido el verano, el reloj se ha detenido, el tiempo no.
La paraplejía altera el equilibrios, amplifica los silencios, redimensiona la espera, mientras, el tiempo sigue viviendo sus sueños, acariciando sus ilusiones, sintiéndose…vivo.
La calma, suave caricia del no hacer nada, fresca sensación del estar en paz.
El tiempo se desnuda ante mí, mientras el agua, dormita acunando barcas.
Hoy la vida se viste de ganas, se despliega en la arena, se entrega en las sombras… El sol, es amable, mientras: Paisaje, melodía interpretada por Vicentico, te trae a mi lado.
La telaraña sube a través de los recuerdos, los mismos que absurdamente, me obstino en no dejar que se marchen, aunque su continua presencia enredándose alrededor de mis días, me dejen agotada.
 Y la telaraña invade inexorable y llega hasta mis sueños, cubiertos por una capa de abandono que amenaza con borrarlo todo.
Y continúa subiendo por encima de todos los deseos que se han acumulado a lo largo de mi vida solitaria…por encima de todo.
Telaraña pegajosa, que paraliza, inutiliza… que es mortal.
El aire es fresco, la luz esquiva, las hojas quietas preparan el final, el adiós, el vuelo.
Pronto las horas serán otras y revivirá la suave bruma de la calma.
Un arcoíris une la tierra y el mar, el sol juega esos extraños efectos del verano que muere y el otoño que nace, la soledad se reencuentra con su mundo, siente sobre la piel la partida anunciada, abre sus sentidos a lo irremediable, y se prepara para embellecer sus horas con historias trenzadas en la temblorosa angustia del verbo en singular.
Desde Tijuana BC, mi rincón existencial, lugar donde voy contando historias que surgen entre suspiros con sabor a nostalgias, porque soy fabricante de recuerdos, auxiliar del tiempo en su imparable ajuste de la maquinaria de la vida.
Andrea Guadalupe. 

jueves, septiembre 12

Una muere de verdad cuando nadie te nombra…

Sep. 2013.  Una muere de verdad cuando nadie te nombra…
Me senté y pedí un café, a través de los cristales deformados veía pasar siluetas.
Sirvieron un café negro, espeso, dulce.
Cerré los ojos y lo bebí lentamente de un trago.
Cuando los abrí, había perdido la noción del tiempo y del espacio.
Oscilaba, indecisa, entre la dulzura del amor y el amargo sabor como la existencia.
¿En qué piensas?
En ti, pensé que habías vuelto.
No se vuelve tan fácilmente.
¿Y tú?
Yo estoy envuelta en gasas en el fondo de algún sitio.
Nunca llegaron a rescatarnos ¿verdad?
Nunca.
Entonces, aunque tengamos memoria: ¿Seguimos en el fondo hasta que nosotras mismas nos olvidemos?
Sí, eso es así.
Una muere de verdad cuando nadie te nombra o cuando tú misma pierdes la memoria de tu nombre.
Vámonos, hace frío aquí también.
La ternura es una forma de seducción muy tierna, es la demostración del afecto.
La ternura de la palabra está en el tono.
El gesto en la ternura es la caricia.
La ternura y la piedad son primas hermanas.
La ternura debería ser una disciplina obligatoria
Movidas por el viento, se han caído las hojas del libro.
Hay días que es mejor no salir de casa, días que deberían terminar a las once de la mañana.
Hay días, sinceramente, horrendos que deberíamos meter en una bolsa de basura o en una caja y cerrarla.
Hay días espléndidos que abren todas las ventanas y cantan.
Hay días a los que le sigue la noche, aunque no siempre es así.
Hay noches eternas y días casi infinitos.
Hay días que saltan de la cama y se van a brincar al mar.
Hay días llenos de sábanas.
Hay días tristes., de una tristeza espesa, como por ejemplo, hoy.
Hay días para doblar las esquinas.
Hay días de la memoria, de los muertos que se nombran, de los muertos que se callan, días llenos de dudas que sólo la noche disipa.
Hay días en que el cielo es de color de plomo, días avaros, que esconden su belleza.
Hay días generosos en los que puedes andar por sus barandas y balcones.
Hay días invisibles, aletargados, soñolientos, elípticos, grises.
Hay días decisivos que describen la gran parábola del destino.
Hay días para la escritura que aprisiona el tiempo.
Hay días de fiesta en los que repartimos besos y pétalos de flores.
La memoria infantil apareció como alerta: mi hermano Alejandro Dixit.
La infancia está llena de días interminables, de anchas y largas horas que dormitan indolentes sobre algo que deber ser muy parecido a la felicidad.
Yo soy capaz de reconocer esa sensación despaciosa del tiempo y esa indolente placidez, aunque también he conocido infancias rotas, infancias negadas, que son en el fondo infancias sin infancia.
Tod@s perdemos la infancia, sólo que no el recuerdo de la infancia.
La mía se ha debido extraviar en algún lugar recóndito de la memoria, imposible de encontrar.
Al escribir, todo se trasforma, es divertido, aunque no es fácil contar la realidad, porque no existe una, sino múltiples, sucesivas, simultáneas, análogas.
Es un aprendizaje que nunca se acaba, en el que siempre estás escuchando nuevas voces, imágenes, gestos, espacios, gritos.
Contar al mundo con la palabra  es una pasión, pues tenemos las palabras dentro, como si estuvieran en una habitación dentro del cuerpo.
Siempre entran y salen por la boca y continuamente están entrando palabras nuevas que buscan acomodo, a veces dándose codazos con las otras.
Las palabras tienen unas disputas tremendas porque unas se creen con derecho a existir y se lo niegan a otras.
Yo no sabía que las palabras se hacen la competencia, hay gente que tiene muchísimas palabras dentro y otra gente que apenas tiene un centenar.
A veces las palabras nuevas las olvidamos y nunca más vuelven a salir de la habitación, se quedan inservibles dentro de nosotras.
Cuando no hablamos las palabras se quedan descansando, sólo que por lo general les gusta mucho salir a darse un paseo y lucirse,  son muy fantasiosas.
De cada palabra hay un sólo ejemplar, por ejemplo, de la palabra madre, hay una, como en la vida real, que entra y sale todas las veces que haga falta.
Lo mismo ocurre con otras palabras de nuestro idioma,  como mar, amig@, azul, amor.
También ocurre con las palabras antipáticas, como: gramática, icosaedro, paradigma, semántica, etc.
 La alegría es el rasgo fundamental de la personalidad de la mayoría de las palabras, pues cuando hablamos, las palabras dan saltos de alegría, caminan sobre las manos, hacen equilibrios sobre un alambre, dan vueltas de campana, se caen, se levantan, se dan porrazos, patinan, corren, nadan contra corriente, y luego regresan arrastrándose, hechas polvo, sudorosas, deshidratadas y van entrando por la boca para dentro y se van cada una a su cama, hasta que las volvemos a sacar.
Desde Tijuana BC, mi rincón existencial, lugar donde recorro el mundo con los ojos cerrados y siempre cometo el error de volver.
Andrea Guadalupe.



domingo, septiembre 8

De dónde sale el sol y de qué se esconde...

Sep. 2013.   De dónde sale el sol y de qué se esconde...
Existe quien camina bajo la lluvia, al igual que, caminantes que dan vueltas sin moverse de un punto.
Hay quien camina por la cuerda floja, así como aquell@s que caminan sobre sus sueños.
Nos encontramos con caminantes que llegan antes de partir, de la misma manera que, caminantes que no llegan a ninguna parte.
Y en los intrincados caminos, surge quien camina entre virtuos@ y caminantes virtuales, así como quienes se bifurcan en los caminos.
En este grupo, he conocido caminantes cualitativos y otr@s cuantitativos, aunque, recuerdo también, a aquell@s caminantes que nunca regresaron, porque tampoco partieron.
Ahora que lo menciono, también he conocido caminantes de un solo camino, y caminantes que siempre están pensando en regresar.
Yo fui caminante que camino toda la vida, aunque me he cuidado de no ser de aquell@s que se cierran todas las puertas, si de quienes hacen camino al andar.
Pensándolo bien, me considero de esas caminantes que algún día, morirá en el camino.
Y si me preguntaras, te diría que hay caminantes de la noche y del dolor, lo mismo que otr@s caminantes, que solo les interesa el camino, así como caminantes sedentarios y caminantes que siempre toman el camino contrario.
Igual he conocido caminantes que recorren caminos que no existen, son personas que llevan en sus pies el horizonte.
Hay caminantes obligad@s a caminar todas las veredas y caminantes que no caminan, así como caminantes desolados porque no hay caminos.
Surgen de entre mi memoria, caminantes perdid@s  y otr@s que se pierden, así como aquell@s caminantes del patio de sus celdas.

¿Cuánto falta para llegar al cementerio? 
Quiso saber el muerto.
¿Por qué preguntas? 
Respondió quien cargaba el ataúd.
El cansancio me está matando, exclamo el muerto.
¿Cansando de qué?
De la vida, pues no termino de irme.
¡Ay! , pues tendrías que estar fallecido, siete puñaladas no hay cuerpo que las aguante.
Pues ya ves, no termina de escapárseme la vida.
¡No!, pasa que eres ahora un alma en pena y confundes las cosas.
Dicen que la muerte es el descanso eterno y no siento más que tristeza y un enorme cansancio.
¡Ay! Muérete ya, por favor.
Está bien, no se hable más, me muero, sólo que antes de irme, dime una cosa: Siete puñaladas, son muchas puñaladas, ¿por qué me diste siete, si con una bastaba?

Pena y tristeza no son la misma cosa, se parecen, pueden parecerse, incluso puede llegar una después de la otra, aunque no, no son lo mismo.
Tener pena, no es igual que estar triste, cuando tienes una amiga con una  pena que la ahoga, puedes sentir esa expiación.
La pena duele, la tristeza no, preocupa, altera, inquieta, te mueve a intentar animar, aunque no duele.
Cuando alguien cercan@ está apenad@, de verdad no se puede hacer nada.
Le ves nadar contra la oleada de pena, intentar mantenerse a flote con un esfuerzo sobrehumano tanto físico como anímico, que literalmente le deja agotad@.
Bracea, patalea, intenta que las olas no le ahoguen…y se agota.
Cuando no puede más, se deja hundir, se rinde…y es en ese momento, el único en que se puede hacer algo, tirarte al agua o meter el brazo, agarrarle y hacer que salga a la superficie. Sostenerle a flote en lo que recupera fuerzas para seguir luchando contra su pena, en esa pena que le duele por dentro y le agarrota.
La tristeza viene después.
Tras mucho nadar contra la pena, tras luchar contra las olas, el rastro que deja esa batalla es la tristeza.
Ese alguien apenado consigue subirse a una balsa de madera que ha construido poco a poco y se tumba a descansar.
Ya no tiene que nadar contra la corriente, ya no hay olas que lo tumben y le ahoguen.
Está a salvo.
Ya no va a hundirse aunque no tiene ganas de remar.
Ahora es un mar pacífico y gris que se pierde en la distancia.
En esta etapa de la pena, puedes subirte a su barca, acompañar en la tristeza y por algunos momentos se olvidará de la tristeza.   
 Con la pena no pasa eso.
La pena no se distrae, no se olvida, aunque lo intentes.
Se irá cuando ella quiera y mientras tanto estará ahí.
Si la dejas, si no luchas o si te dejas, te invade, te llena por completo, te ahoga y crees que no puedes más, que vas a morirte.
Aunque entonces llega el llanto.
La pena verdadera duele tanto que no permite llorar.
Cuando aparece el llanto es el último recurso porque ya no puedes más, lloras hasta agotarte, lloras para vaciarte, lloras para que esa pena salga por algún sitio, para que esa angustia que no te deja casi ni respirar salga de ti.
Lloras desconsoladamente.
Y ahí, justo en ese momento...aunque no lo sabes... has dado un paso para dejarla atrás.
La tristeza tiene un horizonte, la pena no.
La tristeza puede llegar sin motivo...aletea y se va, la pena siempre tiene una causa.
De la tristeza se puede hablar, de la pena no.
Con la tristeza se hacen canciones…con la pena no.
Con la tristeza hay que hablar, con la pena hay que estar.
La tristeza puede ser dulce y cálida, la pena no.
La pena es amarga, la tristeza te hace sentir frio y querer un sofá y un cobertor para cobijarte, la pena da miedo y quieres un cobertor, sólo que para esconderte.
Para saber lo que está pasando alguien con una oleada de pena, hay que haberlo pasado antes. Hay que haberse ahogado en pena, braceado contra la corriente, sentirse morir y luego treparse a la balsa y dormir en la tristeza.
Sólo cuando has pasado todo eso, desarrollas la empatía suficiente para decir...Sé lo que estás sintiendo, sé lo que duele y que también, nada de lo que te diga va a servir…sólo que confía en mi…al final se atraviesa.

Busco las llaves, busco la tranquilidad, busco la cartera, busco mi teléfono, lo deje por aquí, busco una melodía que olvide.
Sigo buscando el amor, busco saber, busco a un amigo, lo he perdido, busco algo que no sé qué es, me busco  a mí misma, te busco, me estoy buscando la ruina, busco la felicidad intensamente.
Busco mi pick up, lo deje en algún parking, busco a mi padre todas las tardes, busco a mi perra chihuahua, no busco nada.
En ocasiones, busco música como vampira sedienta de sangre, también, busco una palabra que me calme, busco un verso que me impaciente, busco no condicionarme al decir algo, aunque, a veces, llego a decir disparates.  
Busco no sentir miedo, sentirme en paz y la maldita forma de conciliar el sueño.
Desde Tijuana BC, mi rincón existencial, lugar donde descubro que en el fondo de tus ojos hay un paisaje de barcos fantasmas que navegan en un mar de dudas.

Andrea Guadalupe. 

En primera fila.


Sep. 2013.   En primera fila.
He estado trabajando en Chicali, el patio trasero de Calexico.
Según ellos, el ideal inalcanzable para la gente de Tijuana porque está sin zona roja, sin cerros con asentamientos irregulares, sin asentamientos regulares con cerros.
Chicali,  paraíso para los que odian a los chilangos, aunque lamentablemente tienen a los chinolas, lugar al que vine porque me mandaron, se los juro.
Y porque la vida es tan generosa y tan buena que aunque yo sea mala, me regala experiencias cada tanto.
Pequeñas Ítacas  con sus perfumes y  sus fieros monstruos que contemplo siempre a punto del colapso.
Así miramos al mundo quienes tendemos al drama.
Mexicali es el lugar más caliente, polvoso y contaminado del mundo, ciudad también es conocida por ser el lugar más tembloroso del mundo, tanto que los niños nacen con Mal de Parkinson.
El Río Nuevo, es el río más contaminado, tanto que sus aguas han tomado una tonalidad verde y una consistencia gelatinosa y no líquida.
Dada la excelente ubicación de la ciudad, tanto dentro del país como con Estados Unidos, los principales productos que sostienen la economía es el narcotráfico, la exportación de productos naturales y productos avícolas, pollos, específicamente
Mexicali también tiene una infraestructura poderosa en el sector comercial, venta de cableado usado de casas y carros chatarra.
La ciudad de Chicali se compone de varias zonas de narco población, de la cual destacan entre todas, las colonias en donde viven más cholos, personas que tienen bajo nivel educativo, además de sus casas semidestruidas y calles sin pavimentar, con servicios públicos incompletos como lo son: El Cóndor, Hindialgo, la Carranza mejor conocida como el Polvorín,  Colonia Ranchonalista, Villa Cholonial, la Cholos Magón, Polvo Nuevo, la Drohogar, la Zacatuercas, Republica Mexichola, El Info... Narcozari, Valle Del Terregal, la Pobrezo, la Cochicali, Vigüeyes, las tan finas Villas del Rey y fraccionamientos de quinta aledaños (Quinta del Rey, Quinta del Prado, Quinta Chingada) Jardines del Vago, Fraccionamiento Horrorizaba y así mismo, destacan las zonas donde viven los rateros decentes, como son San Pedro Pica Piedra, donde viven los nuevos ricos queriendo comprar glamour y que han trabajado en el gobierno, Villa Fontana, Jardines del Valle, Los Pinos , Colonia Nueva y ciertos callejones que albergan diversidad de la fauna urbana, Vista Hermosa, y Los nArcos
También, destaca el distrito LGBT...XYZ donde reinan las pasivas, la tolerancia y la diversidad, como toda gran metrópoli, Mexicali tiene su distrito donde reina la diversidad, comparable con El barrio Castro en San Francisco, The Village en NYC, la Zona Rosa en el DF, el barrio de Chueca en Madrid, el Soho londinense: Villas del Gay, en Chicali City
El cachanilla es un ser muy diferente a sus congéneres mexicanos, es un bebedor empedernido de cerveza, se dice que la compañía cervecera Tecate se mantiene porque tiene a Mexicali cerca como único cliente, su capacidad etílica, es superior a la de los demás habitantes del país.
Es un ser superior culturalmente, sus modos de hablar se divide en dos tipo, el principal, es un acento único entre los típicos del Norte del país el cual se caracteriza por ser ranchero de pronunciación fuerte, sobre todo al término de las frase.
El segundo tiene la característica de la omisión de las s intermedias, generalmente antes de la letra t y, a su vez, terminar los participios singulares con s: ¿Ya acabates? ¿Me escuchates?, ¿Fuites?, ¿Trajistes? ¿Llevates?, ¡Te pasates de lancita!
También se da el caso de omitir la letra R justo antes de la letra L: Voy a matala, quiero comprala, tienes que probala.
También el de comerse la d al último; Ciuda, Universida, calida, etc.
El último es el de omitir voy a,  por bua; bua la tienda, bua la sombrerería, y por ultimo ahora sí: Decir pos y pa en vez de pues y para; pos este que me deje en paz, pa’ que bua la escuela si igual reprobé
Es destacable además: Los mushashos piden osho tacos de mashaca.
Mexicali se distingue por tener grandes y eficientes vialidades, con obras viales impresionantes, todas las calles están 100% pavimentadas y en excelentes condiciones, en ellas encontrarás una gran diversidad de perros muertos, muebles viejos, basura, postes tirados, gente atropellada, zacate seco, árboles quemados por el sol, y uno que otro encobijado, o en su defecto enmaletado.
El transporte público cuenta con camiones desechados por los gringos, en las cuales al pagar los 11.00, te garantizan que nunca te podrás encontrar basura, olores extraños como a drenaje u orina, asientos rotos con un alambre traicionero, ventanas rotas, refrigeraciones descompuestas que despiden un olor a rancio, que tiran más agua que el sudor de los pasajeros juntos y para rematar con los filtros con más tierra que afuera; movimientos involuntarios, conductores enojados porque le bloquean el contador que marca a los pasajeros o porque algún pasajero tiene credencial de estudiante y los bajan por lo general a gritos o fuerza, conductores que se agarran a golpes e insultos en avenidas principales abandonando su vehículo a mitad de la calle; todo un desfile de tecatos que se suben a pedir dinero vendiendo chicles más viejos que la peste a patas porque no tienen "Apoyo del gobierno" para una casa de vida, y por supuesto, más calor dentro de la unidad
Rutas donde después de media hora de viajes se suben a asaltar al pasaje, aunque, todo esto, claro, para hacer más ameno el viaje y no te aburras; También hay días en los que si tienes suerte y llevan armas de fuego, te puedes encontrar diferentes bandas rivales en los que por el mismo precio del pasaje te pueden introducir una bala perdida por la espalda.
Es como presenciar una película de vaqueros del viejo oeste en primera fila.
Los choferes son tan educados que ayudan a los ancianitos a subirse al camión y los ayudan a bajarse en tres segundos pateándolos, te cargan el mandado, te saludan con insultos al subirse, etc.
Además del hospitalario clima, existen muchos lugares de interés dentro de la región donde uno puede recrearse de una manera sana y positiva tales como:
El cañón de Tlaltenango: Expendio donde se rompen las leyes de la física, se venden caguamas congeladas por fuera y con la cheve líquida bajo cero adentro.
Plaza San Emo Pedro
El estacionamiento de la UABC, en la noche.....
Vincent Warrior Park (Parque Vicente Guerrero)
La Plaza de Toros Calafia, sin toros.
El Cóndor 90210
El museo Universitario al que nadie va
Las Fiestas del Sol, que se hacen de noche, cuando no hay Sol.
El Aeropuerko  Internacional
El Mercado Sobre Ruedas de la Drohogar
La Cervecería...Picadero por Excelencia
Museo Sol del Niño, con apariciones repentinas de Michael Jackson
El CERESO 821
Chicali ranch, se distingue indudablemente, por su alta gastronomía, que causa gastritis, obesidad y diarrea, aunque deleita el paladar más exigentes, entre la comida más reconocida del rancho está la Comida CoChina, los tacos de carne de perro asada , los tacos de perrego del ferrocarril; carretas de Tejuino... que lo hacen de quien sabe qué, aunque es para quien sufre insolación; flautas en el centro de la Ciudad, donde si te sale una hebra de carne te regalan otra docena; tacos de "gusano"...perdón, guisado... por toda la ciudad; tacos de borregato, de ratachaca, al pastor alemán, de pesgato y los de paloma pollo, además están los riquísimos y saludables Churros de Maíz con origen Mexicalense, que  se le puede dar sabor con Chile, Limón, Chamoy, que se venden en cada esquina de la ciudad, donde si los compras en la calle, el chile tiene la sorpresa de estar hirviendo provocándote gastritis.  
El clima de Mexicali es apto para deportistas, ya que los jugadores se juntan para hacerse sombra.
La competencia más practicada es la tomadera de Cerveza, generalmente Tecate, o en su defecto, el lanzamiento de meado.
En esta disciplina, hasta los niños se divierten participando, aunque los adultos se reservan el derecho de impedirles participar en la primera actividad, en su lugar, los chicos lo hacen con Coca Cola, así que si ve a hombres y mujeres acompañadas de pequeñas morsas o hipopótamos con ropa, no se asuste, no se escaparon del zoológico, sólo se trata de sus hijos con sobrepeso, gracias a la Coca Cola.
Sabías que: ...en Chicali Ranch hace un pinché calorón de 52 °C, y entre el horario de 8 a.m. a 8 p.m., la ciudad registra la mismas temperaturas que se dan en el centro de la Tierra, que cuando no hace calor o frio, tiembla, y no debe extrañarte si caminando, percibes un olor a carne asada y no ves taqueros cerca, es tu  piel quemándose.
En Mexicali sólo hay 2 estaciones: verano y la del Tren, y Tel Nor, entre el infierno y Mexicali sólo te cobra como llamada local.
Se dice que, el diablo solía vivir aquí aunque se regresó al infierno porque aquí hace mucho calor, y actualmente es la antesala del infierno, que cuando un Cachanilla muere y se va al infierno, se regresa por una cobija por que ahí tiene mucho frio.
Que  las llaves de baño marcadas con una C y una H significan Caliente e Hirviendo y  a veces sale vapor, y que en Mexicali el calentamiento global es imperceptible.
A Mexicali se le conoce como la Ciudad de los Huevos Fríos, porque todo el mundo anda con su Caguama entre las Piernas.
Y aun a pesar de todo esto, vine por unos días a ganarme la vida trabajando en lo que mejor sé hacer, detectando y corrigiendo las fallas en los equipos de la maquinaria que tiene la empresa para la cual trabajo.
Por ese motivo, me ausente temporalmente de sus ojos, nunca del cariño.
Gracias, de verdad, muchísimas gracias.  

Andrea Guadalupe. 

domingo, agosto 11

Cada atardecer atestiguo la muerte de la luz.

Verano 2013.   Cada atardecer atestiguo la muerte de la luz.

He llegado a casa después de días de andar caminando por diversos rumbos, estuve frente a la grandeza del Océano Pacifico, en estas tardes del verano, donde el cielo ha estado surcado de nudos que cascabelean entre las alas y las piedras lavadas por el mar.
La superficie del agua estaba quieta, como en trance.
Entre mis paseos al atardecer en la hermosura de la playa  y con los reflejos de aquello que lo produjo, nacieron estas reflexiones: El camino tiene luz, esperanza, y vale la pena, es humano, es divino; es largo, contiene belleza; es muchas veces adverso, aunque, cada tramo tiene sentido en sí mismo e invita a detenernos.
La carretera se diferencia del camino no sólo porque por ella se va en vehículo, sino porque no es más que una línea que une un punto a otro.
La carretera no tiene sentido en sí misma; el sentido sólo lo tienen los puntos que une.
Camino es una palabra amigable, sugiere algo agradable, calma, un destino elegido, un sitio al que hay algo a lo que quiero llegar, aunque también, es el trayecto hasta ese destino, es una experiencia, que se disfruta.  
En el camino hay algo que ver, algo que mirar, algo que disfrutar, y la carretera es una palabra hostil, es velocidad, es llegar, sin importar los márgenes, pues lo que se desea es pasar de prisa, pues se va por obligación.  
Tomo la carretera para ir al trabajo, y voy de camino a casa al terminar
Detenerse es, disfrutar del camino, quedarse en la carretera, es interrumpir un traslado.  
Estar a medio camino, es estar más cerca del lugar al que quiero llegar.
Estar en medio de la carretera es estar tirada.
La carretera es la manera más corta de llegar, siempre es igual, en el camino cambias como el paisaje.
Si voy a verles, a encontrarme con ustedes, estoy en camino,  cuando vuelvo, al separarnos, voy por la carretera.
En mi camino, mi día es más largo que la noche, esto es lo que ha ayudado a que permanezca en pie.
Los años no pasan en vano, y el camino es una escuela que da sus frutos y el mejor de ellos es que continuo aprendiendo.
A veces creo merecer un descanso, sólo que la vida es exigente y pide más para vivirla, para moverme, para poner límites y alcances.
Ya habrá tiempo para descansar en la tumba.
Quienes estamos aquí, todavía con vida, hemos conocido también la muerte de cerca, la muerte de lejos; la muerte que amenaza, la muerte que huele, la muerte que fastidia, la muerte que engaña.
Vivir y soltar, estar lista siempre para la siguiente escena y al llegar la noche, no somos ni ganadores ni vencidos...sólo somos seres humanos capaces de experimentar el todo y la parte, el arrebato y la desilusión.
Se nos ha ido el tiempo viviendo, trabajando, amando, de vez en cuando hemos llorado, aunque, el corazón está en paz, la mirada en paz, los recuerdos en paz.
Y seguimos aquí caminando los caminos ciertos y los inciertos, el sí, el no y la duda: todo cabe en el corazón humano.
No hay camino derecho: todos los caminos son torcidos, a veces creemos que si el camino está torcido, no vale la pena andarlo.
El camino se tuerce, nos lo tuercen, lo torcemos... y hay que andarlo, el camino nos refleja y lo reflejamos.
Cuando les saludo, lo hago como un ser vivo  con muertes a cuestas, cuando les saludo, la muerte se hace a un lado y el corazón sonríe entre la cárcel de los huesos.
Cada atardecer atestiguo la muerte de la luz, y cada amanecer asisto a la resurrección de ella.
Y así, con tumbos y aciertos, voy haciendo mi camino de sigilo y expresión, derrota y gloria.
Un beso y un abrazo intenso y largo para ustedes, que me han querido en mí ayer, en mi hoy y en mí mañana.
Desde Tijuana BC, mi rincón existencial, lugar en que deseo, que al igual que el océano a las  esponjas, el tiempo nos atraviese y deje en nuestros corazones instantes de una eternidad profunda y flexible.

Andrea Guadalupe. 

lunes, agosto 5

Es el amanecer lo que araña las cortinas.

Verano 2013.  Es el amanecer lo que araña las cortinas.
Es genial tener un sitio que puedes asociar a miles de recuerdos.
Paseas por una calle y sabes que tu vida ha pasado exactamente por ese punto.
Lo curioso de esos buenos recuerdos es que nunca sabes qué van a ser en un futuro, un buen recuerdo.
Crees que… van a ser días que nunca olvidarás y que serán para siempre recuerdos imborrables.
Y no es así, los días que crees que serán más importantes, son en tu memoria una nebulosa en la que ciertos resplandores aparecen y desaparecen, aunque nada más.
Sin embargo los hechos más insignificantes, pueden aparecer en cualquier momento como recuerdos tan vívidos que incluso provocan una sensación física.
Además cuando vives esa experiencia no eres consciente de lo feliz que eras en ese momento y de que esa vivencia te acompañaría toda tu vida.
Eran cosas que se realizaban por inercia y que sin embargo cuando vienen a tu mente ahora te provocan una sensación maravillosa.
No lo sabías al vivirlas, sólo que estaban dejando una marca en tu vida.
Los buenos recuerdos, como cosa curiosa, no se pueden compartir, se puede intentar explicar el momento, la sensación, el sentimiento que provocan.
Se puede incluso participar esa experiencia con otra persona, aunque, lo que para unos constituye un recuerdo muy especial para otros puede haber caído en el olvido más absoluto.
Los malos recuerdos tampoco se pueden compartir, eso es una cuestión de supervivencia, igual que no puedes sufrir las desgracias de los demás tampoco puedes compartir la experiencia de un mal recuerdo, si se pudiera la vida sería un dolor continuo.
Los malos y los buenos recuerdos no provocan lo mismo.
Los malos momentos se pueden invocar sin estímulos exteriores.
Puedo pensar en el día que murió mi padre o en el día que hice el ridículo o el día que alguien se rió de mí, traigo en mi mente, nuevamente esos momentos a mi vida, y experimento las mismas sensaciones que tuve: pena, humillación, vergüenza, ridículo, tristeza absoluta…con tan solo pensar en las situaciones que lo provocaron, todo está ahí de nuevo, por supuesto que no con la misma intensidad aunque, sí con bastante crudeza.
Los buenos recuerdos sin embargo no se pueden invocar así como así.
Para que de verdad reconforten tienen que ser invocados inconscientemente, voy por la calle y el olor a tierra mojada me trae a la memoria el día que iba paseando completamente empapada y se me llenó el bolsillo de agua, reí tanto en mitad de la calle que la gente me miraba pensando que estaba loca.
En el momento que revivo ese recuerdo, experimento una sensación agradable, aunque no la misma que tuve en ese instante, es como si me viera a mí misma en una película pasada a doble velocidad.
Me veo rápidamente en un momento dichoso, aunque  pasa tan deprisa que no me da tiempo a atraparlo, a revivirlo.
Intento volver a pensar, aunque el recuerdo se ha esfumado, la sensación que me ha provocado también y sólo me queda esperar a que vuelva.
Los buenos recuerdos me hacen revivir lo feliz, lo libre o lo animada que me sentí en un determinado momento sin saber que ese determinado momento perduraría en mi memoria.
Quizá dentro de un tiempo la visión del arco iris, del cual absorbo sus colores, como la esponja absorbe el agua de la piel de los amantes, me traiga a la memoria la arena de la playa que retiene las últimas gotas de cada ola del mar que se acerca a humedecer los cuerpos cálidos y excitados, como un buen recuerdo aunque por ahora solo tengo los colores del alma, de blanco y negro con algún gris pálido perdido de la mente.           
Desde Tijuana BC, mi rincón existencial, donde las palabras nacen como los pecados sólo que,  no se perdonan ni se olvidan, y ya no sé si soy yo, o  es el amanecer lo que araña las cortinas.

Andrea Guadalupe. 

domingo, agosto 4

Yo no sé escribir.

Verano 2013.           Yo no sé escribir.
Hace un tiempo, años, me imaginaba sentándome delante de unas hojas en blanco y escribiendo una historia, intentaba visualizarme en ese acto creativo y no lo conseguía, sabía que no sería capaz de redactar nada decente.
Después empecé a garrapatear como loca desesperada, y en cierta manera, si lo estaba.  
Fue una época  en que no quería hablar con nadie, me recuerdo leyendo y pasando muchísimo tiempo sola sin hablar con nadie, no es que no tuviera nada que decir...es que tenía tanto que no era capaz de expresarlo, y además me daba vergüenza.
Era una olla de presión andante...todo el día con la cabeza hirviendo de ideas y de pensamientos laterales, aquello empezaba a ser complicado de delimitar así que me puse a escribir, era una necesidad física y lo hacía sin ningún tipo de control…sólo lo que me salía…todo, sin filtros, sin vergüenza, páginas y páginas de letra pequeña apretujada.
Un día, mi cabeza dejó de hervir y esa necesidad se acabó, dejé de escribir tan abruptamente como había empezado.
Ahora, sigo intentando mantener buena letra y no precipitarme, aunque, por supuesto no he conseguido ninguna de las dos cosas.
A veces tengo tantas cosas que decir que empiezo a escribir y mi mente va mucho más de prisa que mi mano, soy más apasionada, más expresiva, las manos y los ojos me sirven para transmitir más entusiasmo de lo que soy capaz de escribir.
Escribo párrafos y más párrafos…sin pensar, hasta que me he vaciado.
¿A qué viene toda esto?
Pues porque a pesar de todo, yo no sé escribir.
No es que no me guste ni que me arrepienta de lo que escribo…sencillamente pienso que si eso mismo lo dijera otra persona, lo diría mejor.
La parte buena es que no me frustro.
¿Podría hacerlo mejor? No creo, esto es lo mejor que puedo hacerlo.
No tengo vergüenza... en lo que yo escribo sé perfectamente qué es lo que está mal…sólo que no sé hacerlo mejor.
Eso sí…lo que escribo me sirve para encontrarme, aunque a veces no lo consigo, unas veces lo logro y otras no, unas veces doy con algo que no buscaba y me sorprendo, otras busco, busco y busco y no lo encuentro: está ahí, lo veo y no se deja atrapar.
He descubierto con el tiempo, que escribir me conecta, extiende hilos que parten de mí hacia el exterior, unas veces hacia l@s demás, otras hacia alguien en concreto, otras solo hacia mi espacio virtual, no es algo absoluto igual que leer no me desconecta de todo, escribir no me hace accesible para tod@s, aunque me saca de mí, saca lo que pienso, lo ordena y lo coloca haciéndolo más interesante o convirtiéndolo en una completa tela de araña.
Al escribir, libero espacio de la memoria, deshago nudos mentales y equilibro mis pensamientos, además, me distrae, me exige un esfuerzo de concentración, porque mi mente tiende a querer hacer otra cosa, a buscar excusas, a escapar, a bombardearme con más ideas de las que soy capaz de escribir.
Y me frustra porque por un lado quiero atrapar todas esas ideas y esos hilos que mi mente ha hecho revolotear por mi cabeza y por otro lado quiero distraerme, quiero levantarme y no escribir, dejar atrás ese impulso.
Aunque, también, ahora sé que el placer de la escritura es al terminar, rara vez es durante y casi nunca antes.
El temor a perder la idea, a no ser capaz de aprehenderla, de fijarla con palabras para que suene como me parece que tiene que sonar me provoca más ansiedad que placer.
Terminar de escribir es el mejor momento, pues si he conseguido escribir lo que quería me siento contenta y satisfecha y si no lo he conseguido, me queda la mísera satisfacción de haberlo intentando, lo cual, no es mucho, aunque consigo que el gusano de: Te tienes que sentar a escribir, se calma por unas horas, tengo un tiempo de tregua hasta que empieza  a carcomer diciendo: vuelve a intentarlo, enfócalo de otra manera…
En algunas ocasiones leer y escribir convergen, leo algo que he escrito, y mágicamente deja de ser algo que yo he escrito y pasa a ser algo que leo, las palabras que escribí, se transforman en lectura.
Lo releo, me gusta, me acaricia el alma, me protege, me sorprende.
Desde Tijuana BC, mi rincón existencial, lugar donde pienso: No hay nada que me guste más que esto, escribir.

Andrea Guadalupe. 

Para dar las gracias

Verano 2013.        Para dar las gracias
Leer a mis compañer@s, es una actividad curiosa, porque no se leen noticias, no son libros, no son diarios, no son estudios exhaustivos sobre un tema, no son un álbum de fotos y son todas esas cosas a la vez.
Se llega sus espacios por caminos inescrutables: porque llama la atención un título, porque, alguien te ha recomendado al autor, porque lees un comentario que te hicieron y por atención, quieres saber quién hay detrás de esa opinión, porque….
Leer puede provocar muchos efectos: puede hacerte aprender, puede hacerte reír a carcajadas, puede hacerte apuntar recomendaciones, puede hacerte aprender alguna cosa, puede hacerte pensar y puede provocarte muchísima curiosidad sobre la persona que hay detrás de la palabra escrita.
Se empieza a leer por curiosidad, interés o por afinidad.
Un@ empieza con precaución, y por supuesto un@ quiere que esa primera impresión que ha tenido, sea la que sea…sea porque ha aprendido, reído, pensado o lo que sea…sea cierto.  
A nadie le agrada darse cuenta de que se ha equivocado, nos reanima confiar en nuestro instinto y nuestras primeras impresiones.
Si la primera impresión se confirma con el tiempo, se establece una especie de vínculo con quien escribe.  
Es como cuando te hechiza una serie y esperas el siguiente capítulo con ansiedad, eso pasa con l@s autores, espero el siguiente trabajo escrito con impaciencia y si no llega lo echo de menos. En casos extremos, puedo desarrollar un poquito de ansiedad y se desliza por mi pensamiento la pregunta: ¿y si ya no escriben más?  ¿Y si le ha pasado algo?
La mayoría de los lectores jamás comentan, llegan leen y se van.
O llegan, leen un post y otro y otro y otro, y siguen leyendo durante años y jamás dicen nada.
¿Por qué no se comenta?
Por pereza.
Porque te has divertido, suspirado, llorado, soñado, reflexionado, enojado, confrontado, entretenido, anhelado, implorado, idealizado, divagado, especulado, enfadado, comprobado, aprendido mucho leyendo y te parece una simpleza total decir: gracias.
Porque esa persona que escribe, tiene un grupo de comentaristas que parecen conocerse tod@s y te da como intranquilidad meterte en medio.
Te sientes como si fueras andando por la calle, vieras una fiesta en una casa y decidieras entrar a sumarte al jolgorio.
La incomodidad hace te quedes mirando desde afuera.
Por vergüenza.
Porque esperas que te contesten, aunque no sabes si te contestaran y prefieres seguir pensando que la posibilidad de que te contesten es nula y lo más fácil, es que te ignoren.
Por indecisión…quería decir algo, aunque no, mejor no digo nada... total…  ya mañana.
Porque no quieres desilusionarte, ya que quien escribe, puede ser genial preparando sus argumentos, hilando un post de lo que sea y sin embargo contestando los comentarios, se revela como un personaje antisocial, complacid@ en su pseudo reino intelectual, indiferente, sin modales ni educación.
Volviendo a lo de antes...prefieres confiar en tu instinto y no ponerlo a prueba demasiado.
Porque eres amig@ de quien escribe... así que no comentas, envías un correo.
Porque crees que quien escribe, no lee los comentarios, y nadie le gusta pensar que sus palabras van a ser ignoradas.
La gran noticia, es que l@s lectores silenciosos en cualquier momento pueden dejar de serlo si de repente encuentran algo que les hace “clic”.
Aun hoy, guardo en mi mente y alma, las palabras que dejaron en mi buzón, y su resultado, refleja en mi rostro una sonrisa que no puedo explicar por la  sensación, el sentimiento que me provocaron.
Constituye una ilusión muy especial, y si, son comentarios que  me dejan sin palabras.
Es para dar las gracias a tod@s l@s lectores silencios@s que pasan por aquí.
Desde Tijuana BC, mi rincón existencial, donde pienso que aquí, existe mucho talento, lectores y ego, muchísimo.  

Andrea Guadalupe. 

viernes, agosto 2

Desnudarse delante de otr@ y que te ignore.

Agosto 2013.  Desnudarse delante de otr@ y que te ignore.
 Los recuerdos son por definición del pasado, de lo que ya no está, son las fotografías descoloridas y agrietadas, son las cosas que ya no quieres recordar.
Son esas vivencias que llegan al escuchar una melodía que creí olvidada sin saberlo, son una carta con una letra que había olvidado que reconocería, ropa que huele a alguien...son las cosas que no quiero recordar porque duelen.
Me siento y pienso en los buenos momentos vividos, que se recuperan solos y crecen al traerlos a la memoria aunque es imposible disfrutarlos como entonces.
Los malos sin embargo, asaltan y casi con la misma ironía, tengo miedo o ganas de llorar como en el momento en que ocurrieron.
Los malos recuerdos tienen un efecto continuo en el tiempo y la única manera de desactivarlos es sufrirlos hasta que se desgastan, hasta que dejan de doler, echando sal en la herida hasta que cauterizan.
No todo el mundo es capaz de esto y entonces es mejor huir y evitar esos detalles que los traen de nuevo a la vida.
Mucho de lo que soy, viene por lo que siento, lo que he sentido y lo que he sido.
Mis recuerdos son parte de mí, de lo que soy y no soy, me anclan.
Para tener recuerdos hay que tener memoria, y hay que ser consciente de un@ mismo.
Hay que saber cómo se siente un@ en cada momento o en un momento determinado y ser capaz de guardar esa sensación.
Para tener recuerdos son importantes los lugares, las personas y las cosas, esos objetos o sitios se llenan de significado día tras día o año tras año.
Un@ no se da cuenta, sólo que, van adquiriendo contenido, no por lo que son sino por lo que he vivido en ellos, y llega un día en que me encuentro en ese lugar o llevo o hablo, y de repente, ese lugar está lleno de mí, de mí ahora y de mi yo del pasado, y  hablo, o escribo, o lo comento y soy capaz de recordar cada sensación que he tenido ahí, como me he sentido.
Los recuerdos se heredan... y puedo transmitirlos, dejar las historias y pasarlas sobre lo que he sido, aunque…son frágiles y delicados, no se pueden compartir con cualquiera porque hay gente capaz de destrozarlos, al mismo tiempo son resistentes y se pueden volver a remendar.
Si muestro mis recuerdos a alguien y no los aprecia, o simplemente los ignora... se quebrarán porque significará que no quiere saber quién soy ni quien he sido, por eso, compartir recuerdos, es algo muy íntimo.
No encontrar el eco,  provoca una sensación muy desagradable, como  de desnudarse delante de otr@ y que te ignore.
Si alguien no entiende mis recuerdos y lo importante que son para mí, no sabe quién soy y si no sabe quién soy y cómo me siento, no me quiere.
Sin embargo, con la persona adecuada, los recuerdos crecen y ascienden en una espiral sin fin.
Se empieza contando una anécdota cualquiera y sin saber cómo, llega el momento a los  recuerdos que no es que pensara olvidados, es que ni siquiera sabía que los tenía, aunque, cuidados y mimados, vuelven a primer plano con toda su fuerza y me encuentran  yendo tan atrás que llego a mi primer recuerdo.
Y me reconforta de varias maneras, me alienta la resonancia al haber contado mis recuerdos, me consuela el haberme reencontrado con ellos y me estimulan esas sensaciones de entonces.
Incluso los malos recuerdos, los tristes...alegran al encontrar el eco adecuado.
Cuando llevo a alguien a mis recuerdos, en realidad estoy haciendo una prueba.
Esto que te enseño, esto que te cuento: soy yo...tal cual y te lo enseño sin miedo.
 Todo esto no quiere decir que haya que vivir anclada a los lugares o a los recuerdos para siempre, no hay porqué.
No entiendo a la gente que no tiene recuerdos, le pregunto por su infancia o adolescencia, por su familia, sus amigos...y dice: no sé, normal.
Comprendo que no todo el mundo tenga una memoria, es increíble, aunque, me resulta aterrador que haya gente que no recuerde como era, como se sentía y no tenga conciencia de su yo en el pasado.
Como era y cómo me sentía, me hace ser como soy, para lo bueno y para lo malo así que creo que siempre es mejor recordarlo y además algunos recuerdas siempre hacen sonreír.
Desde Tijuana BC, mi  rincón existencial, lugar donde me reencuentro al desnudarme compartiendo recuerdos.

Andrea Guadalupe. 

Sabores nocturnos que no tienen las otras estaciones.

Agosto 2013.   Sabores nocturnos que no tienen las otras estaciones.
EL verano, es un azul descolorido en el que las cosas, los objetos, los árboles, se vuelven borrosos, todo se apaga, se deja para después, es una estación sin ganas de hacer nada, sin motivación.
Lo ves todo a través de un velo, la vida está ahí fuera, sólo que el calor y la monotonía le resta interés y emoción, nos volvemos borros@s, estamos desenfocad@s, nos vemos con pocas ganas, con poco interés.
La luz en verano es brillante, dicen, como una luz de quirófano.
Ilumina de manera excesiva, es una luz que tapa todo, que borra todo, los límites, los colores, las distancias.
El verano huele a lo que provoca, a calor, a sudor, a somnolencia.
En ocasiones, una noche se levanta un viento de ventilador de horno,  un viento que te visualiza en un microondas, es un viento que te quema.
En verano el viento se mueve  trayendo y llevando el calor, agitando las hojas de los árboles, las ramas, es un viento que ya no entra por las ventanas, las cierra.
El cielo es un azul que dice: traigo sorpresas, no te confíes.
Es claro y con nubes un día y al día siguiente es profundo y oscuro, en el que las cosas  conquistan más volumen.
Después, la luz del otoño enciende los colores y lo vuelve todo más suave y más cristalino.
La luz también cambia, el luminiscente solar se apaga, se vuelve más tenue y cada cosa tiene su propia luz…todo parece distinto, con bordes y contornos.
Cada cosa tiene su luz y su sombra.
Abres la ventana y huele a mil cosas, ya no huele al calor que amasaba todos los aromas en un solo olor.
Es un cambio sutil aunque definitivo, ese día el verano ha terminado, hay que taparse por la noche...
Desde Tijuana BC, mi rincón existencial, lugar donde este verano, me lleva por senderos diferentes, se pone el traje de baño, y llega primero a las playas con todo su señorío caluroso, con sabores nocturnos que no tienen las otras estaciones.

Andrea Guadalupe.