domingo, febrero 10

Lo único que puedo hacer es cerrar los ojos y teclear palabras.

Febrero 2013.    Lo único que puedo hacer es cerrar los ojos y teclear palabras.

Es parte de mi naturaleza el despertarme cuando el crepúsculo matutino empieza a rasgar las sombras, espacio y tiempo de nadie.

 A esa hora, paseo por la casa y en ocasiones, se me escapa una gaviota en alas de un de un suspiro.

Entonces me doy cuenta de que sigo anclada a un lugar donde los sueños llegan empujados por las olas, sin más melodía que el rumor del mar acariciando las rocas que lo limitan, aunque a veces, se quedan al pairo largo rato... Hasta que el olor del café me devuelve a la orilla.

Amaneceres ya menguados éstos de febrero que se abrazan, resistentes, a los aparejos del invierno.  

El mar, antes resplandeciente, se va quebrantando por poniente.

El horizonte va descendiendo y si elevamos la mirada, podremos ver cómo la cola del ocaso aún serpentea al otro lado.

Las mañanas son grises, los árboles, desnudos de hojas, dan a las desiertas calles un aire de postal melancólica, las pocas personas que se enfrentan al frío se defienden de él con gruesos abrigos, bufandas, gorros, es como si fueran montañas de ropa que se inflarán al nacer la mañana y se desinflaran al caer el sol.

Imagino que no hay nada en su interior, que sólo están llenas de aire caliente, de ese vaho que se les escapa por la boca en forma de humo blanco, como si fuera su alma.

Caminan rápido, sin tiempo para fijarse en sí mismos o en quienes les rodean, incapaces de apreciar la estudiada coreografía que componen caminando, o esperando en la parada del transporte publico.  

Hace unos minutos que ha dejado de llover, aunque las nubes siguen tapando el sol,  rendido el cielo, las gotas de lluvia continúan cayendo con una rítmica cadencia que debería demostrar la existencia de una fuerza superior, capaz de ordenarlo todo.

Ahora que la tormenta ha parado, se nutre del agua que cae desde el techo de un negocio, cada gota tarda cuatro o cinco segundos en desprenderse de él.

En cuanto una se precipita al vacío, comienza a crecer la siguiente.

Se hincha poco a poco, hasta que pesa demasiado para continuar aferrada, al impactar en el charco, crea pequeñas ondas que se deslizan sobre la superficie.

No sé, si es una metáfora de la vida o de la muerte.

Este 2013 me propongo ser feliz, así que no cumpliré años, sólo sueños.

¿Sabes? Me gustaría tener un lugar al que llamar nuestro, un lugar en el que siempre sea de noche… y verano.

En el que no haya lámparas, para que podamos ver bien las estrellas, escondido en medio de la ciudad y con un banco, para que pueda sentarme a esperarte en él.

Un banco desde el que te vea llegar de lejos, como las promesas que nadie rompe, las promesas lejanas que se acercan paso a paso, demasiado despacio como para convertirse en realidad, sólo  que siempre llegan, como tú cada vez que vienes a buscarme a mi rincón existencial.

Siento nostalgia, aunque, quien nada tiene, nada puede perder… A veces estoy triste, sólo que no es por lo que tuve, es por lo que no llegué a conocer.

Ya no espero nada de la vida, así es más fácil disfrutar de las pequeñas cosas, de las que amenazan con morirse en cualquier momento, como esas promesas que parecía que no llegarían nunca a convertirse en realidad; y de las estrellas fugaces que rompen el equilibrio del cielo nocturno, igual que las lucecitas rojas de los aviones.

¿Cuáles la diferencia entre una estrella fugaz y la lucecita roja de un avión?

Se pueden comprar pequeñas partes de mar en el Pacifico, podría mirarlos desde aquí e imaginar que estamos allí.

Tal vez, así todo cambie.

Me encantaría despegarme del suelo y caminar sobre el cristal del espejo del mar.

El Mediterráneo, no está tan lejos como parece.

Refleja la luz de sol, hace calor y es un mundo de historias, como la  vida que me ha tocado vivir.

He aprendido a flotar sobre un mar de nada, a navegar entre sus olas sin tener que chillar órdenes.

Escucho la marea del tiempo golpear contra el madero de mi pequeña embarcación y me pregunto, qué clase de persona desea huir en un segundo y dejarse arrastrar por la corriente justo después.

Reconozco que no necesito un nosotros y el mundo me mira escandalizado.

Ahora sólo quiero despegar los pies del suelo y alejarme de la tierra guiada por el deseo de llegar a alguna parte en el Pacifico.

¿Puedes entenderlo? ¿Te gustaría comprenderlo? No, eso sería… ¿demasiado adulto?

¿Ahora haces tú las preguntas?

Yo siempre soy quien hace las preguntas, sólo que tienen forma de respuesta… Me cuestiono en afirmativo, eso significa que tengo ganas de vivir.

Tal vez, si le hago suficientes preguntas a las preguntas, terminan convirtiéndose en respuestas que no sean preguntas, aunque estén equivocadas.

Ahí está el secreto.

Cuando mis pies pierden contacto con el suelo, siento una corriente de aire elevar mi cuerpo, empiezo a flotar y noto como la tierra trata de abrazarse como si fuera a echarme de menos y quisiera entrelazarse con mis mulos, para que no me alejara de ella.

Es la melodía de la narrativa, la que me envuelve como si fuese una corriente de aire, y me hace volar.

 Sonrío fascinada sin pararme a pensar en la lógica del momento ni de los hechos, es simplemente una oleada de felicidad que me golpea el pecho, sin sentido, un soplo de aire fresco basado en la libertad.

Tan simple es sentirse rodeada de paz., tan simple como pasar la noche en un desierto.

Sólo hay que aprender a adormecer las voces y los susurros del viento.

Quizás sea esa la única respuesta posible, el silencio.

Siempre es algo sobre algo sumando una perfecta ausencia de sentido en el interior.

Estática allí donde nadie puede limitarse a guardar silencio, y hasta la arena del desierto grita mientras los seres humanos pierden la voz reclamando respeto, y tal vez, sea esa la única respuesta, taparse los oídos para no escuchar nada.

Se llena el mundo de promesas como el reloj de arena de granos que desfilan en perfecto orden, en un orden sin sentido, como las promesas.

Pierdo el camino siguiendo una palabra, o un olor asociado a una emoción, o una emoción asociada a una persona… o un recuerdo.

Un recuerdo felizmente perdido, como los enfermos terminales, que tendidos en la cama sonríen ante lo que fue porque lo que será ya no tiene sentido, y aprenden a llorar con el alma en calma o rebelada contra sí misma, con odio o amor, con las manos vacías o los puños cerrados.

Y puede que ahí esté la capacidad última de decisión, en abrazar la vida tal y como viene o en luchar contra la misma muerte cuando ya es inevitable, cuando no es más que la siguiente parada de la vida.

Tengo miedo de que me rompan el silencio y no me dejen aprovechar la vida con sus promesas.

Y cuando tengo miedo, lo único que sé hacer es…guardar silencio.

Me imagino caminando hacia el mar, sin nada en mi bolsa, sonriendo y un extraño calor me llena.

Tal vez, es por la melodía, porque hoy es uno de esos extraños días en los que puedo escucharla y dejar que guíe mi vuelo.

Cierro los ojos y disfruto del viaje sin ver nada a mí alrededor.

A cabo de descubrir por qué me gusta la noche, es cuando más huele el mundo a mañana… en el silencio, sigo un arcoíris de emociones que me llevan del lado diáfano de la vida a otro repleto de grises.

La puerta de las emociones se abre como un abanico lleno de opciones.

El próximo estado emocional sólo depende del siguiente segundo.

Cierro los ojos.

Mis dedos conocen cada una de las teclas que presionan de memoria, son lo más parecido que tengo a las lágrimas.

Lloro a través de ellas, son mis emociones, mis fibras nerviosas, sólo puedo presionar teclas, intentando crear un mundo triste, hermoso y desprovisto de maldad.

Mi cuerpo siente la melodía de las palabras y la oscuridad me sobrepasa conforme llega la tristeza, no me invade, sólo me sobrepasa.

Es como un fuerte viento que sopla a favor, haciendo que el pelo te tape la cara y que la chaqueta se te agarre a los riñones.

Como una aurora boreal de eternos matices cromáticos que desprende un universo de futuros extraviados, de tristezas, de sentimientos de pérdida, como una dulce nostalgia que te mece en sus brazos antes de llevarte a la cama.

Quizás pertenezca a la cara oculta de la luna, quizás sea ese cuarto menguante que se esconde a los ojos de quienes son normales, quizás sea el reverso de la moneda.  

Yo siempre me siento sola, y lo único que puedo hacer es cerrar los ojos y teclear palabras.

Sólo tengo los distintos matices de la tristeza soplando a mí alrededor, los grises bucólicos de una tarde invernal, los rojos de un atardecer solitario visto desde el recodo del camino, el violeta de la ropa interior de un cuerpo que está demasiado pegado al mío, el negro de mi alma, y el azul oscuro de esas mentiras tan trabajadas que coquetean con la verdad.

Voy buscando felicidad debajo de cualquier piedra, dándoles tímidas pataditas, no sea que se asuste y salga corriendo, o se entierre todavía más profundo.

Créeme, hay que tener mucha fuerza de voluntad para pasar toda la vida buscando.

Hay gente que se cansa y se dice a sí misma que ya la ha encontrado, sólo que es mentira y algún día lo descubrirán.

Entonces no sabrán con quién estar enfadados, si con ellos mismos por mentirse o con ellos mismos por haberse creído.

Sí, hay que tener algo especial para seguir buscando siempre, incluso con un corazón lleno de lágrimas y soledad.

Soy de las que buscan un tejado en el que sentarse para mirar hacia el cielo sin ver nada, porque les llena el ruido de la calle, de las que son capaces de estar pensando durante horas, con la mente en blanco, o de tener mil ideas con las que arreglar el mundo, aunque sea imposible ponerlas en práctica.

No hay más Dios que una sonrisa, nos decimos, y sí Dios existe, nos da la razón.

Y también siente envidia, porque le gustaría pertenecer a nuestra comunidad, aunque no puede, Él lo sabe todo, y nosotr@s sólo tenemos dudas.

Es hermoso vivir con dudas, siempre estás dispuesta a dejarte convencer por cualquiera, o al menos a escucharle.

Encuentras la verdad allí donde haya un Dios dibujado en los labios de un niño, su madre, un hermano o un amigo, aunque los credos sean distintos.

¿Qué soy? Soy la mentirosa que se cuenta quimeras para seguir viva y, de paso, tratar de recordarle al resto del mundo que aún respira.

Soy de las que cada vez le cuesta más distinguir un sueño de una mentira.

El resto del tiempo me pierdo  por el mundo.

Mientras tanto, espero que sigas siendo feliz, porque no puedo dejar de acudir a tu lado cada vez que estás triste.

Y mientras eres feliz, simplemente camino hacia cualquier otro lugar, al que me lleven mis piernas, que siempre han sido más listas que yo.

Cesa la música, me despido.

Desde Tijuana BC, mi rincón existencial, donde una vez más, me asomo a la ventana y grito tu nombre, y ni el eco me hace caso, cierro la ventana, vuelvo a la cama y me pierdo en mis sueños para encontrarte en ellos, alegre de verme, de abrazarme, de quererme.

Otra mañana más que sólo la palabra escrita calma mis penas.  

Andrea Guadalupe. 


                                              Andrea Guadalupe.

                Tijuana BC. México. Tierra que abraza siempre al regreso, que cobija entre latidos  
                                            sumergidos en una busqueda natural.

                   Desde mi rincón existencial, donde el  sol nace al poniente.      

 
 

lunes, febrero 4

¿Qué cómo estoy?


Febrero 2013.  ¿Qué cómo estoy?

Hoy encontré una mariposa muerta en la esquina de una ventana, me he puesto a temblar como una estúpida.

Alguien me pregunta por qué soy insomne.

La respuesta es que duermo con tantos fantasmas que siempre me caigo de la cama.

La soledad es como el tiempo: relativo y cabrón, en ocasiones, quisiera poder decir; ya no me daña tanto sentirme sola.

Eso significa que ya duele menos el nombre que tiene mi soledad, porque el verdadero inconveniente es el nombre.

El problema es que cuando te duele la soledad, es porque casi siempre duele una ausencia.

¿Estás sola porque quieres, porque nadie te quiere o porque eres mañosa?

Así me pregunta una esperanza.

Estoy sola porque adonde mire, veía un fantasma, porque había espejos en cada esquina, reflejando lo que ya no iba a pasar.

Porque una puede ser una conexión estropeada, una es una que no existe, o que se descascara, o que se arruga hasta no leerse ni una vocal, aunque, otras veces una es algo mejor.

Unas veces soy una novela entera, y tiene sentido, otras veces soy una luz que se desplaza y suena.

En ocasiones, me despierto y hay amistades que invitan a desayunar o libros que no dejan dormir, y no me quedan ausencias en el papel mural, y así, ya no me queda ningún pendiente en la nómina de llantos.

Esas veces, si cierro los ojos, me encuentro a mi misma abrazándome, entonces le soplo un beso en la nariz a esa palabreja rara, soledad, y ella se ríe conmigo, calladita, y ya no grita más.

Un buen amigo que me conoce, dice que mi tendencia a suspirar no es bronquial ni pulmonar, sino mental: Tienes demasiadas ideas, me diagnostica y dice que en acupuntura eso se llama: viento en el cerebro o algo así.

Yo me imagino fisuras entre un área y otra, y en las corrientes de aire que entran y me estremecen de vez en vez.

Pienso en las bajas presiones y en el buen tiempo, en este sol que se asoma en el horizonte y en las brisas que soplan sin nublar.

Pienso en el frío que traigo en el corazón hace ya un tiempo, suspiro y sigo el viento que me lleva al mar.

Me gusta tanto escribir historias, contarlas, leerlas, porque describirlas es ir en contra del caos y la incomprensión, significan un esfuerzo por tejer nudos para hilar realidades o fantasías.

Es la pequeña e insignificante rebelión que utilizo contra el sinsentido un segundo antes de quebrarme con él los dientes.

Es la idea caprichosa de creer que lo que se ordena se comprende mejor, porque esa rara creatividad es también una gota de morfina.

Es pedir, al final de ese plato no elegido, una última golosina, y yo, amparo el delirio de mi lápiz en ese magnífico derecho a la rebeldía.

¿Qué cómo estoy? Deja que te cuente…Por mi afán de escribir, me he curado de la fobia a la oscuridad, ya no cierro los ojos frente al espejo.

Voy por mi casa encontrando diálogos entre los objetos y me alegra pensar que al fin algo traman, abro la puerta y me encuentro con  pasadizos en un libro y en el, una carta para descubrirte en ella  a ti.

Entiendo ahora mi corazón como una casa, y esa casa como un vientre y confieso que no me alcanza con los pedazos de lealtad que generosamente me regalan, no me basta con la solidaridad genuina, con las dentelladas de rabia, con los nombres que pronuncio para tapar tu ausencia.

Cuando llego a casa, cuando me despierto y no está tu piel, cuando convoco con mis labios tus marcas, tus sabores, cuando la nariz se llena de tu aroma, cuando leo lo que dijimos, cuando descubro lo que falta, cuando recorro geografías que recorrimos, no me alcanza.

No me alcanzan los insultos ni las explicaciones no me alcanzan las lágrimas ni los consuelos, no me alcanzan las manos ni la lengua, no me alcanza el corazón.

Tiemblo hundida de invierno, congelada de sorpresa, enferma de abandono.

Me abrigo en un borde que no me ve, oscuro como la confesión de un torturador, sombrío como el mañana que no tuvimos, y todas las luces de la ciudad no me alcanzan.

Siempre pesadillas de abandono, siempre de partida, siempre pesadillas de adiós.

Y cada vez esa voz trayéndome de la pena a la realidad, a la madrugada en que tu pierna y mi pierna son parte de la misma trenza, en la que hay un pecho en el cual descansar y puede una reír de tanta desgracia.

Y luego, una noche, pesadillas de las que me escapo, hasta abrir los ojos, y extender el brazo en una cama vacía, muda, para confirmar la realidad también como una pesadilla.

Me palpo, entumida y fría, me aprieto contra mis brazos, y me calmo a mí misma: aquí estoy.

El tiempo es muy cabrón, te digo, ahora que escucho a mis fantasmas, acunando recuerdos como bebés que han muerto.

Tenemos una noche, una playa, una luna mordida y todo el mar, tenemos una urgencia demasiado aplazada, tenemos un viaje con desvíos, y un retorno con cuentos para despertar.

Me quedo en silencio; te alejas memorizándome, como te memorizo yo, el tiempo es muy cabrón.

¿Qué cómo estoy? Mejor, sonrío durante el día, no lloro con las canciones y despierto sin ganas de que sea ayer.

Escribo menos, no mando mensajes telefónicos, duermo suficientes horas por noche.

Yo diría que normal, con todas las vaguedades del término.

Quiero decir que a veces leo en voz alta y lloro un poco, o me acuesto y reviso cartas antiguas. Digo nombres prohibidos, hablo con los muertos, me escondo en los lugares públicos.

Cosas así, difusas, como hablar con la cafetera, como pasar horas mirando las nubes.

 Nada serio, nada incurable.

Aunque… ¿Sabes? En el ombligo, aquí, me sigue doliendo, y creo que la única posibilidad es eliminarlo.

Me duele antes de dormir y cuando me baño o miro fotografías viejas.

El resto, bien, por eso no se inquieten, en realidad el pulso quedó en otro sitio con la sangre. Todo bien.

Todavía, sí, vienen por cualquier cosa, los temblores, alguien diciéndome cariño, la puta luna llena, ups, perdón, la tristeza que me hunde cada vez que hace frío y me preparo un café, la ternura del insomnio, el miedo de los sueños, el hábito de hacer afirmaciones con la entonación de quien pregunta, las lecturas huérfanas que no pude compartir.

También estoy diciendo menos malas palabras, casi nada.

Aunque sí, bien, cada día más sana: no corro por las calles en horas imposibles, los pasos casi siempre me conducen hasta mi casa, ya casi no me importa que el rosal color durazno se haya muerto, ni que se caigan las mariposas de mi pared. ¿No te lo dije? Mucho mejor.

Desde Tijuana BC, mi rincón existencial, el lugar más mítico del mundo, donde las lenguas se aman y unen en el; Hello, O, key, Bye Bye, y el verbo to be.   Andrea Guadalupe.  

                                              Andrea Guadalupe.

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domingo, febrero 3

Le pude sorprender aquella noche…

Febrero 2013.     Le pude sorprender aquella noche…

Esa noche llegué temprano a casa, el trabajo no estuvo pesado y pude regresar temprano.

En mi mente la idea de encontrarle sin dormir aun, me enloquecía, planeaba un festejo romántico; pensaba ingenuamente que con eso llenaría los vacíos que dejaba el trabajo.

La lluvia caía cada vez más duro, como anunciándome la tragedia, aunque no la quería oír, hacía mucho tiempo que no vivía, era un zombi producto de una sociedad consumista que cada vez se hundía más en su propia miseria y rutina: trabajo, deudas, café, presiones, noches de insomnio y más café.

Cada fin de mes un sueldo que apenas cubría mis necesidades y la certeza de que el mes entrante sería igual.

Al principio me fue difícil adaptarme a una rutina tan espantosa, me había convertido justo en eso que tanto odiaba y criticaba.

Mi único escape a esa vida sin dirección y a la vez con metas firmemente trazadas, era mi pareja.

Le conocí en un parque, fue tan hermoso ese día, ¿cómo olvidarle?

Estaba ahí sentado, con su guitarra y su voz haciendo un poco más alegre con sus canciones la vida de personas infelices como yo.

 Mi meta de ese día era el suicidio que siempre estaba entre mis planes, quizá vio mi rostro y entendió que quería abandonar la vida.

Justo cuando pasé a su lado me sonrió y detuvo la canción, me invitó a sentarme a su lado y acompañarle.

No distinguí lo que me dijo, seguí caminando, como una mujer que se abandona a sí misma, porque después de todo eso era yo… Sólo que se paró y corrió hacia mí, me tomó de la mano y me detuvo, en su mano izquierda llevaba la guitarra.

Cuando alcé la vista y vi su rostro entendí que era  con él, con su sonrisa y su cabello largo y despeinado que quería levantarme todos los días del resto de mi existencia, existencia que de no haber sido por él no habría tenido más.

Ahora le amaba tanto, aunque el tiempo ya había hecho estragos en nuestros espíritus y nuestros cuerpos, aún así seguíamos juntos, la rutina se había apoderado de mí y ya no lo hacía feliz.

Por eso quería sorprenderlo esa lluviosa noche.   

Caminé hasta la casa, la lluvia me besaba con fuerza, busqué  entre mi bolso las llaves y abrí la puerta, al entrar oí gemidos, al principio me aturdí luego de un rato descubrí que eran de una mujer y que provenían del segundo piso, despacio subí las escaleras y la puerta de mi cuarto, de nuestro cuarto, estaba medio abierta, pude distinguir una espalda que se asomaba por las sábanas blancas que yo había puesto el día anterior.

La mujer seguía gimiendo y retorciéndose sobre el hombre que un día me dio una razón para vivir y ahora me daba otra para morir.

Sus manos acariciaban la espalda de quien  ahora le hacían sentir, en la cama donde yo algún día también lo hice.

No soporté más, retrocedí unos pasos, no sabía si entrar y gritarle a él, el dolor que sentía, el odio que me invadía y se apoderaba de mi por completo, o simplemente irme, desaparecer de su vida, así como desaparecí de la mía hacía ya tiempo.

En un intento desesperado por calmarme me tapé la boca para evitar que escucharan mis sollozos, las lágrimas brotaban de mis ojos a goterones,  como la lluvia del cielo, que hacía solo unos instantes me había avisado la tragedia y no la quise escuchar.

Duré no más de dos minutos atragantándome con mi propio llanto y mi dolor, dolor que solo yo comprendía; me sentía menos mujer, después de todo buscó en brazos de otra el placer que quizás yo no le brindé, la belleza que yo había perdido hacía tiempo.

Mientras pensaba, tirada en el piso, sentí de nuevo el llamado de la vida, olí flores frescas y bajé las escaleras, suavemente fui hasta la cocina, mientras las lágrimas al igual que los gemidos de la mujer de arriba, cesaban. 

El olor a vida me llamaba, ya sabía qué tenía que hacer, el cuchillo que reposaba en la mesa pasó a mi mano y el aroma a flores frescas lo percibía cada vez más cerca.

Cómo extrañaba yo los días en que olía flores y buscaba mariposas, extrañaba los días en que oía los cantos del viento y la risa del agua, extrañaba los días en que … vivía…

Subí de nuevo las escaleras, no me importó hacer ruido, abrí completamente la puerta y los vi allí.

Estaban abrazados como dos seres que se aman, abrazados como un día yo lo abracé, el ruido de la puerta al abrirse los hizo notar mi presencia.

Recuerdo la expresión de sorpresa, me vio a los ojos y bajó la mirada… y ella, ella sólo trataba de vestirse torpemente.

No me dijo nada, no había nada que pudiera decirme… mientras yo sólo pensaba a cuál de los dos asesinar primero.

Me decidí por ella, finalmente fue más el hecho de que fuera joven y bella lo que más me hería, así que tomándola por el cabello introduje el cuchillo en su vientre tantas veces como me fue posible, la sangre no se hizo esperar  y el olor a flores frescas invadía mi olfato, podía oír el canto de la lluvia al caer sobre el tejado; terminé con ella y caminé hacía él que permanecía inmóvil, no creo que me creyera capaz de hacer algo como lo que acababa de hacer,  lo tomé también por el cabello.

Aunque él de un golpe se soltó y me  empujó, recuerdo tanto su expresión de desconcierto y sorpresa, caí al piso levantándome casi inmediatamente y atacando de nuevo contra su pecho, contra su rostro, contra sus ojos y su sonrisa, clavé el cuchillo en su carne mientras me veía, joven, en un jardín de flores humedecidas por el rocío y el viento levantando mi cabello y haciéndome soñar, las mariposas jugueteando a mis espaldas y una sensación de tranquilidad y paz. 

No estoy segura de cuánto tiempo duré en ese aturdimiento, sólo sé que fue el suficiente para sentirme viva otra vez…

Todavía tengo su sonrisa guardada en el alma y su sangre seca en mi rostro.

Ahora puedo decir que logré mi objetivo, finalmente le pude sorprender aquella noche…

Desde Tijuana BC, mi rincón existencial, ciudad frontera simbólica entre Latino América y Estados Unidos.

Andrea Guadalupe.

 


                                              Andrea Guadalupe.

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Recientes unos, otros, en blanco y negro.


Febrero. 2013.     Recientes unos, otros, en blanco y negro.

¿Cómo se puede elegir entre todos los recuerdos, uno que marque una vida?

Siempre usamos el plural para hablar de recuerdos.

No hay gota de agua que calme una sed y el afán de no estar muerta, de ser consciente de haber vivido, lleva inevitablemente al plural.

Los tengo, recientes unos, otros, en blanco y negro, algunos llegaron ya con canas y otros, están por venir, aunque  sin duda, los más importantes y definitivos vendrán un minuto antes de mi muerte, en ese efímero instante en que dejaré de tenerlos, para quizás pasar a ser, el recuerdo de alguien.

Me gusta recordar que te quise antes de que pudieras ser realidad.

Que poco a poco fuiste ocupando un espacio que yo me negaba.

Que te buscaba entre la multitud con miedo a ser sorprendida por todos, menos por ti.

Me gusta recordarte ajeno a mis pasos tras los tuyos, a mis fantasías más decentes y mis sueños más prohibidos.

Me gusta recordarte en las distancias inmensas, y también en las más cortas.

Me gusta recorrer contigo otra vez el desierto, entre recuerdos que arrastra cada nueva tormenta de arena.

Me gusta recordarte en el primer encuentro, la primara noche, los primeros miedos y todas las confianzas que vinieron luego.

Me gusta recordarlo, y volver hacerlo nuevo en cada relato.

Aunque, a la misma vez, me gustaría recordarte que siempre creí en el futuro, en la esperanza de lo nuevo que se convierte en único, auténtico y verdadero.

Recordarte que sigo soñando en lo nuestro, y contigo, que estoy tendiendo puentes para que todas las distancias sean cortas, que siguen soplando los alisios, y que pronto viene el buen tiempo.

Me cuesta llegar a casa, no sé si es el sabernos tan distantes, o es la nostalgia de otras tardes que flota en el ambiente, porque hoy, tu sombra se refleja en las nubes y tus pasos se van borrando del sendero, seguidos por un soplo que inhala el polvo del camino.

Y la sonrisa se borra de mi rostro mientras cierro los ojos para ver como te alejas sin dejar de mirarme...porque sigo contando las horas para todos los encuentros.

Desde Tijuana BC, mi rincón existencial, donde estas noches claras y diáfanas, a todas las conjuntivitis les mando agua de rosas con besos al viento.

Andrea Guadalupe. 

                                              Andrea Guadalupe.

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miércoles, enero 2

No me etiquetes, conoce la realidad.


No me etiquetes, conoce la realidad.

Soy parte de una comunidad con el pasado oscuro y olvidado, con la boca sellada desde épocas remotas.

De una comunidad cargada de dolores antiguos, arrastrando cadenas largas e indestructibles.

Vengo desde la oscuridad,  del pozo del olvido  con el silencio a cuestas,  con el miedo ancestral  que ha corroído mi alma  desde el principio de los tiempos.

Vengo de ser esclava de maneras diferentes: sometida, vendida o canjeada como una mercancía.

Vengo de ser apedreada en las calles por hipócritas,  pecadores de todas las especies  que claman al cielo mi castigo.

Me han juzgado y condenado en todos los rincones  sin que cuente mi edad madura o tierna  o importe mi color o mi estatura.

Siempre invisible en la historia más lejana y olvidada en la historia más reciente.

He recorrido todos los caminos, he arañado paredes y ensayado silencios  tratando de cumplir con el mandato  de ser como quieren  mas sin embargo, no lo he conseguido.

Jamás se permitió que yo escogiera  el rumbo de mi vida. 

He caminado siempre en una disyuntiva  ser esclava o prostituta.

He vivido cosiendo,  construyendo, cocinando, tejiendo, curando, protegiendo, cuidando  y sobre todo amando.

Un día me dolí de mis angustias  un día me cansé de mis labores,  abandoné al miedo y convertí mi voz dulce y tranquila, en bocina del viento, en grito  enloquecido.

Convoqué a la fea, a la violada,  a la triste, a la callada, a la hermosa,  a la pobre, a la afligida, a la ignorante,  a la fiel, a la engañada, a la prostituida.

Y  formamos todas, con nuestras quejas  un caudaloso río que empezó a recorrer el universo ahogando la injusticia y el olvido.

Por fin, lo descubrimos. ¡Somos más que el silencio y más que el sufrimiento!

 Que este Grito resuene  llamando a la igualdad entre los géneros  a construir un mundo distinto, horizontal, sin poderíos, a unir ternura,  paz y vida.

A derrotar el odio y los prejuicios, a amasar con las manos de ambos sexos  el pan de la existencia.

No me etiquetes, conoce la realidad, soy una mujer transexual, con algunas primaveras pasadas y vividas, de ojos color café que se pierden mirando las estrellas, el mar, las flores con su vida particular y única, con sus inquietudes e ilusiones, que de paso por esta vida espera ver mas justicia y amor

Yo soy parte de aquell@s que nacieron con un sexo biológico y una identificación de género opuesto.

Desde mi rincón existencial, Tijuana BC, Andrea Guadalupe, mujer con alma de niña.


                                              Andrea Guadalupe.

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domingo, diciembre 30

Para no morir antes del final.


 Tijuana BC. Dic. 2012.   Para no morir antes del final.

Escribo para relatar cómo estoy agonizando.

Puntualmente los augurios se cumplen y todo vestigio de vida, comienza a notar la destrucción de lo que era nuestro hábitat, nuestro mundo.

Movimientos telúricos resquebrajan a las ciudades, otras, sucumben a inundaciones.

Es la conclusión final del apocalipsis anunciado.

Hoy, ¿Qué puedo decir de mí?

Con la seguridad, confianza, libertad, que brinda la Internet, los teléfonos inteligentes, las redes sociales, mantenernos en contacto, sólo era una cuestión de voluntad.

Aunque, siempre, pospuse el tiempo para encontrarnos, nunca tuve el suficiente para descubrir quienes somos.

No pase de los iconos en las redes sociales levantando el virtual dedo pulgar en señal aprobatoria.

Ahora, el tiempo se ha terminado, en el cielo, una nube gris y roja se mantiene amenazante, todo intento de vínculo se tiñe de desesperación y terror.

Parece mentira estar frente al fin del mundo, y darme cuenta que no supe acercarme a quienes amo.

No me senté a escucharles.

El fin del mundo se acerca y un extraño dolor me recorre.

Pienso en que no fui capaz de romper esquemas, tampoco de alzar la voz contra las injusticias.

El temor y la desidia me carcomieron de manera anticipada.

La decepción me paraliza con su incoherencia, la intolerancia que tanto critique, ya no tiene lugar en este final.

El mundo es destruido con un odio que nunca imagine.

¿Sera justicia Divina?

¿Será el castigo por la porquería de hábitat que construimos quienes vivimos en está Arca de Nadie'?

Escribo para contarte lo que no podrás leer, aun y con eso, me dirijo a ti, porque mis palabras ya no tienen más refugio que aquí.

¿Cómo se te ha ido la vida?

¿En qué búsqueda?

¿Cuándo nos volvimos distantes, a pesar de todos los accesorios que hartan está existencia tecnológica?

Algunas personas, al enterarse del fin próximo, se han encerrado para practicar el suicidio colectivo.  

Otras, se han lanzado a correr desnudas por las calles, quizá, así se liberan de si mismas.

Los dueños de supermercados, se encerraron en sus negocios con armas en las manos.

Los policías, usan la fuerza para robar la comida que quedo en algunas casas.

Yo, veo pasar las horas buscando agua para tomar café, vagan quienes muestran fracturas por peleas, golpes y rasguños provocados como prueba inútil de la imposible salvación.

El mundo es ahora un abismo sin fin, en el que se habrán de ahogar  nuestros odios, frustraciones, complejos, prejuicios, miedo, vanidades…

El número de amantes crece de manera exponencial, a toda hora, a falta de alimento, el beso se vuelve necesario.

Es otra razón para no morir antes del fin que se anuncia en el temblor constante.

Todo lo que veo, se vuelve registro de muerte, muero en tod@s porque el miedo me tritura.

Los minutos, se han vuelto elásticos, se estiran sin limite para regalarme la angustia del no saber qué hacer, ¿En qué pensar?

Hay llantos como ecos, cables mortales que vuelan por el aire, muros que dibujan grietas en tercera dimensión, basura y ratas.

Estoy entumecida en esa inmovilidad propia de las victimas.

Nada tiene sentido, ya agote mi capacidad de gritar y todas las lagrimas posibles.

Mi lenguaje se seco, me canse de orar en todas las formas posibles.

No hubo respuesta o signo a mis hipócritas promesas.

El mundo se hunde en este fin anunciado por las profecías mayas.

Ya no queda sensatez.

En medio de está locura, iré a buscar ropa limpia entre los escombros, para que el ultimo suspiro, no me encuentre impropiamente vestida.

Desde Tijuana BC, mi rincón existencial, Andrea Guadalupe, mujer con alma de niña.


                                              Andrea Guadalupe.

                Tijuana BC. México. Tierra que abraza siempre al regreso, que cobija entre latidos  
                                            sumergidos en una busqueda natural.

                   Desde mi rincón existencial, donde el  sol nace al poniente.      

 
 

sábado, diciembre 29

Merry Crisis y Happy New Fear.


Tijuana BC. Dic. 2012.       Merry Crisis y Happy New Fear.  

Una vez más, ha llegado a mi vida la época de fin de año, una vez más, siento que voy a vomitar.

Falta poco para que acabe el año, y yo, aun no decido qué ropa ponerme para está fecha.

En mi infancia, escuche decir a mi mamá abuela que nunca saliera a la calle sin ropa interior limpia, por aquello de los accidentes.

¡Por ahí comienzo!

Desde la penumbra de mi rincón existencial, escribo con atención en el fluir de la luz entre las ramas desnudas de mi durazno niño, con la fina lluvia gravitando con el ritmo de una constelación en movimiento que propaga el parpado preñado de incoherencias y el amanecer macera.

La ventana, es una hoja en blanco, virginal folio, mientras la mortecina luz borra al mundo y lo restituye.

Suspiro, y del tiempo nace la historia, de ahí, se despliega la infancia que dibuja diferentes formas de vivir.

Lo digo como propietaria única de las vivencias propias.

Son recuerdos de otro tiempo, estoy consiente de mis pecados, así como también lo estoy de mi realidad.

No siempre he ganado, y, en ocasiones, me han ganado los rencores viscerales.

Viaje de añoranzas y quimeras que saben a nostalgias.

La mente abre sus alas al pasado…

La memoria es una fosa común, ahí van a dar convenios sin afecto, antiguos inquilinos de mi historia, rostros del  ayer, centellas que fueron a apagarse en las cuevas glaciales del horizonte, astros efímeros.

Fueron años mágicos, sólo que, como la magia no existe, se acabo pronto.

Ya no me rio como antes lo hacia en el pasado.

Hoy soy alguien que le teme a Hannibal Lecter y a las serpientes surgidas de la sangre de la cabeza de Medusa, al ser transportada por Perseo.

Me provocan terror en las películas y me paralizan las personas que actúan iguales.

A menudo, durante mis ensayos de muerte, mis sueños, son una cascada interminable de palabras en narrativa.

Me habría gustado aprender a escribir, sólo que mi capacidad intelectual, no alcanzo para tanto.

Ahora, los relojes en mi vida están descompuestos, corren muy de prisa, se comen las horas como pirañas en cuaresma.

En mi lejana infancia, los días eran más lentos.

Recuerdo la luz de la mañana y el sinfín de juegos que realizaba hasta que llegaban las sombras de la noche.

Ahora, el reloj está tronado, las manecillas se volvieron locas, el tren va a toda velocidad.

Una vez más, ha llegado a mi vida la época de fin de año.

Consume, corre, corre, no te detengas.

Compra, compra más.

Si amas, demuéstralo, regala lo nuevo, tiene descuento por supuesto.

¿Ya conoces lo que acaba de llegar?

Demuéstralo, ¿Qué esperas?

Corre más rápido, se te acaba el tiempo, ¿Cuántos seres queridos tienes?

¿No se los vas a demostrar?

Consume, compra, compra más.

Queremos que gastes mucho para probar que amas a tu familia.

Una vez más, siento que voy a vomitar.

Para este año, en el que no habrá más que el ruido de mis vecinos celebrando, he decidido ofrecerme como voluntaria para un experimento de hibernación.

Así que despiértenme cuando llegue febrero.

Micro dedicado a quienes esté 21 de Dic., se les acababa el mundo.

Encontraron su cuerpo sin vida, murió asfixiado.

Se trago sus propias palabras.

Desde Tijuana BC, mi rincón existencial, Andrea Guadalupe, mujer con alma de niña.

 

  


                                              Andrea Guadalupe.

                Tijuana BC. México. Tierra que abraza siempre al regreso, que cobija entre latidos  
                                            sumergidos en una busqueda natural.

                   Desde mi rincón existencial, donde el  sol nace al poniente.      

 
 

Arenas que van y vienen.


Tijuana BC. Dic. 2012.  Arenas que van y vienen.

Esté, es un día frio, lluvioso, gris.

Percepción de un conjunto de imágenes que establecen un dialogo con quien observa ese otro mundo que construyen las sombras.

Espacio físico y emocional de límites fluctuantes.

Formas inmersas en una diversidad de contextos hechizantes.

Paisaje desolado, escenario lapidario, seco.

Demasiada melancolía mientras el mar abandona su aspecto de postal.

Océano Pacifico, belleza absorbente, seductora, que hoy se encuentra abandonado, como anciano que muere sin remedio.

Mar capaz de hacerme olvidar el infierno que a tantas nos toca y se ensaña.

Océano Pacifico, mar hermoso y engañoso como amante que se va, como buen marido. Proveedor de imágenes con playas donde podrían quedar varadas las ballenas despistadas con el gozo de jugar en la extensa membrana horizontal, desnuda y de humedades descarnadas.

Mojándose de arena y jugueteando con holanes blancos, confeccionados de cristal de azúcar para su piel de sal.

Sentimiento de introspección que me estruja el alma.

Eco de dolor indiferente, imagen evasiva y autista que invita a cerrar la ventana, a olvidar los rincones del mundo.

Formas que jalan la vista hacia el vacio mientras dibujan danzantes que se transfiguran en arenas que van y vienen con las olas.  

Desde Tijuana BC, mi rincón existencial, Andrea Guadalupe, mujer con alma de niña.


                                              Andrea Guadalupe.

                Tijuana BC. México. Tierra que abraza siempre al regreso, que cobija entre latidos  
                                            sumergidos en una busqueda natural.

                   Desde mi rincón existencial, donde el  sol nace al poniente.