sábado, enero 22

En contra del olvido.


Enero 2011.    En contra del olvido.

 

No conmemoro los aniversarios de fallecimiento de mis seres queridos, simplemente oro por su alma y los recuerdo con mucho amor.

Recuerdo los bellos momentos que pasé a su lado y todas las cosas buenas que aprendí de ellos, aunque no por ello deja de resonar en mi memoria el aniversario de la despedida física de mi padre, y he reunido hoy y aquí algunas emociones,  porque tengo un recuerdo cariñoso de él y el vacio  que dejó se mantiene, aunque quisiera llenar ese hueco con estas memorias junto a Dios.

Me encuentro ya más serena, más tranquila, me consuela que está en las manos de Dios.

Sé también que cuenta ahora con su participación y su ayuda desde el cielo.

Ahora puedo orar con más calma y con mayor esperanza.

Tantos recuerdos me inundan hoy, transito nuevamente en los ayeres de la mano de la memoria entre los pesados camiones urbanos con banderas verdes, amarillas y rojas para indicar las rutas.

 Austeros como trenes sobre llantas que atravesaban las polvorientas calles olvidadas por: Dos caminos, La alameda, y el barrio de La Estación.    

Recuerdo el Cine Córdoba, el Cine Isabel, el Cine Reforma, habitantes de cuadras céntricas y continuas, donde en un solo recorrido se podía comparar la cartelera repartida y decidir el templo donde vería el celuloide de su predilección…

Recuerdo al Marinero Acosta, orgullo local de la Arena Córdoba, al Santo, "El enmascarado de plata" y a Blue Demon y a Tinieblas y al Huracán Ramírez y al Aníbal y al Solitario y Ray Mendoza y René "copetes" Guajardo, y a  "El Perro Aguayo" y, claro está, a Toña la Tapatía…

Recuerdo las revistas  Memín Pinguin, Chanoc, La familia Burron,… las novelas de vaqueros y el periódico Excélsior los domingos…

Recuerdo el noticiero 24 horas, con Jacobo Zabludovsky y Lolita Ayala… y los domingos "Siempre en Domingo", ¡Dios, qué basura!

Recuerdo las Olimpiadas del 68, la degradación de estudiantes asesinados, la inauguración de la primera línea del Metro, la Guerra de Vietnam, Septiembre Negro…

Recuerdo a Capulina con Viruta y la Vitola, Chelelo y Clavillazo, Resortes, Tin-tan, y también "Un mundo nos vigila" de Pedro Ferríz, por no hablar de los Polivoces ¡Ahí Madre! y Topo Gigio y la Carabina de Ambrosio. ¡Diablos, qué locura!

Exhortada a callar, a no escribir más sobre mi padre y sus aniversarios de muerte,  la amenaza pende sobre mi cuello.

 Si lo hago, cosa que ni remotamente pienso dejar de hacer, aunque lo haga "bien", vendrá el frio y seco silencio familiar por la noche maldita, para,  aparte de jalarme los pies, arrugar y quemar mis escritos.

Y, a decir verdad, no sé si también me pondrán a escribir cien veces en el pizarrón: "No soy parte: soy lo que queda de una rebelde.

 No vivo de acuerdo a mis ingresos, sino de acuerdo a mis medios emocionales.

Y esa intensidad me la brinda la pulsación de la narrativa.

Y, de la narrativa y sus múltiples disciplinas, escojo la que más me gusta,  y de ella prefiero su etapa inicial, la prosa libre.

 Y, sin más, esa es mi riqueza, mi activo personal, mi solvencia en la vida.

Lo demás, son herramientas y garfios para el hundimiento de la humanidad simuladora.

Alguien me dice que los aniversarios luctuosos no sirven para nada.

Yo le contesto… que cubrir con indiferencia a quien nos formo, tampoco.

Escribir, es algo de lo poco que puedo hacer en contra del olvido.

Desde BC, mi rincón existencial, recordando a mi padre en un 23 de Enero, aniversario de su muerte.

Andrea Guadalupe.


                                               



domingo, enero 16

Un estilo de “putamadre”.

Enero de 2011.      Un estilo de "putamadre".

 

 

 

 

Ha pasado lo peor, atrás han quedado las horas en que mi cerebro parecía engrudo cociéndose, las neuronas se hacían pasta y mi mente divagaba en diversos mundos alternos.

Ese fue el resultado de una bronco perro neumonía galopante atrapada mientras trabajaba entre las heladas posteriores al agua nieve que tapizo los últimos días de diciembre.

Noches confundidas con días entre las fiebres que me sacudían, temperaturas que me cocieron, no literalmente, la lengua, labios e intestinos.

Medicamentos con un sabor horrible, inyecciones que me dejaron las nalgas como si hubiera hecho mis necesidades en un enjambre de abejas africanas.

Ocasión que refrendo el cariño patente de José Ángel, mi hijo, que manejo sin quejas o muestras de agotamiento durante largas horas  para llevarme a casa y poder tener mejor atención.

Ups, mi mugroso hijo no sabe cuanto le quiero, porque se necesita una actitud de amor y servicio, un pedacito de vida palpitante, el brillo de una mirada o el roce de una emoción cargada de chispas multicolores , porque el oro de la energía de dar y recibir es circular, es decir: ¡solar!

 

Y yo, frente a sus atenciones, sonreía y dejaba caer la cabeza, sobro mi hombro derecho…

Entonces veía su rostro sereno, atento a la carretera  y descubría como volaban mariposas desde su pensamiento en una meditación de pétalos de nieve… que caían distraídos  y recogía yo para observarlos derretirse y así entender lo maravillosamente temporal de toda la existencia.

Y en la transmisión de nuestro calor humano en el pick up que conducía mi hijo,  entendía aquello que enriquece al individuo de ilusiones: ¡No puede salvarme la vida muerte, aunque puede ayudarme a vivir!

Y esto era la curación,

Mientras en los mundos alternos en que mi mente afiebrada divagaba, le interrogaba mi espíritu,  ¿En verdad deseas saber cosas sobre la vida y sobre la muerte?

Porque si queremos despertar de la muerte en vida de una existencia apagada, hemos de sobreponernos al miedo.

Y yo, que prefiero la naturaleza, ver las estrellas desde la hierba fresca de la noche y sentir, como una muchacha de provincia, cómo los libros guardan la sabiduría que trasciende el misterio de todas las soledades.

Escuchaba desde mi interior una voz que me decía: "Esta es tu vida y es bella.

Es perfecta a su manera, así como un árbol, una hoja o un copo de nieve o un gatito son perfectos si se les considera por lo que son".

Y así, sonriente  bajo la lluvia helada en medio de la carretera del desierto lleno de nada, convertí mi vida en arte, en bailes y canciones, en poemas…

 

Hay quien me dice que escribo en un estilo de "putamadre".

 

No lo sé de cierto, a decir verdad., ya que siempre he recriminado ante los astros y demás estrellas que "fama" que no da dinero es autoengaño.

 

Sólo que lo que no es un engaño es la repercusión que genera lo que escribo.

 

Que, para bien o para mal, siempre hay quien me está reclamando por el desparpajo insolente de mis analogías o tratando de joderme por tal o cual  componenda de palabras.

 Y puedo decir, después de haber practicado la generosidad de la narrativa, he obtenido una consciencia benigna del mal y no sé si también una conciencia maligna del bien…

 

¿Quiénes son los buenos?

 

¿Quiénes son los malos?

 

¿Qué tan buenos son los malos?

 

¿Qué tan malos son los buenos?

 

¿Qué tan malos son los malos?

 

¿Qué tan buenos son los buenos?

 

Aunque lejos quedaron ya la insolencia desenfadada de la escritora maldita y el incontenible deseo de un mundo mejor; es decir, la distracción intelectual y su poderío intimidatorio dio paso a la contemplación crítica y sus residuos literarios, de mi estilo de putamadre.

He cumplido, la tarea está realizada: Entre comentarios, reseñas, investigaciones, aciertos y vacilaciones, palabra a palabra, envuelta en el laborioso acontecer, el despliegue de opinión fue ejercido a conciencia, otorgándole a mi alegato una ventana pública.

Me encuentro agradecida y agrego: que si la lucha diaria  de opinión suele fraguar la presencia de la discordia, también ofrece la valiosa oportunidad de generar respuestas, encause y extensión de argumentos, así como actos concretos, que bien pueden arrebatarle la máscara a los "falsos satisfechos", entes sociales que esconden tras ella el origen de la miseria, el rencor o la insatisfacción, cuando denigraron con su desempeño las riquezas de una comunidad que a todos nos pertenece.

 

El desengaño político es una opción adecuada,  por los alcances del castigo psicológico y sus tintes aleccionadores, fanáticos y disciplinarios, nos cobra la más cara de las facturas comunitarias: la entrega de las alegrías de vivir a cambio de un mundo del dolor, aderezado de un sin fin de adicciones,  entre ellas, las drogas y malentendidos existenciales que pudren la condición humana.

 

Se podría alegar que hacer crítico es una tarea fácil, al alcance de cualquiera, que sólo hay que ir por la temática según los vientos de temporada política, esperar a que alguien se equivoque o se desboque y listo.

 

No es tan sencillo, no basta con dominar los elementos esenciales de la redacción y atender el "chisme", toda opinión  acredita con sus argumentos su estancia y durabilidad.

Que quede claro.

Además están las amenazas y los insultos que se traducen en desprecio y cancelación de oportunidades.

Aunque el rencor de los ofendidos es también la excusa perfecta para no ser un ser humano obscenamente neutral, pues deben de saber que tengo muy bien definidas mis preferencias sexuales: a mí me gustan los libros.

 

Convendría tomar como ejemplo del Año Viejo y entrar sin visa o pasaporte  o alguna otra recomendación comprada a sangre o conseguida con humillación y desprecio al Año Nuevo.

 

Sí, ser como este año que se fue y este año que aparece y se impone, que se construye día a día y nos dice: tú vas conmigo, naces de mí y puedes hacer lo mismo que yo.

 

Entender, como el Año Viejo, que muchas fronteras son sólo límites en nuestra imaginación.

 

Concebir, como el Año Nuevo, que pocos caminos tienen los días contados sólo para recomenzar.

 

Que el obsequio de la vida, año tras año, es una trenza deslumbrante, donde los resplandores del pasado se tejen con los milagros del presente.

 

Seria interesante entender que el año, diamantina volátil de las horas de este mundo, es un brillante en bruto, al que le pulimos las caras de su belleza.

 

Convendría aclarar, para los que aun creen en las ceremonias del olvido, que nada queda atrás sino es para impulsarnos: ¡Impulsarnos y saltar!

 

Es inteligente considerar que los años, viejos o nuevos, no son injustamente cortos ni pecan de ser demasiado largos, como podría serlo o parecerlo para los amantes o para los prisioneros, sino que la intensidad de la existencia, remolino de la psicología de los relojes nos obsequia la eternidad fuera de las religiones. 

 

 La intensidad no siempre es un exceso,  esto lo dejo claro, para mí,  mística por humilde conveniencia  y para la banda de los exagerados de todo.

 

Resulta profundo apreciar, a partir de ciertas experiencias, lo que son los años: los que llegan y los que van.

Metiéndonos con ellos, sabremos que "nunca es siempre, siempre es nunca".

 

Y, así, con la mano en el corazón, sentir cómo late la vida en la maravilla de cualquier edad.

 

Desde BC, mi rincón existencial, a mis amistades y enemistades: ¡Feliz año nuevo!

Andrea Guadalupe.

 

 

 

 

 



                                               



lunes, diciembre 27

Por derecho de comunidad…



Diciembre 2010.  Por derecho de comunidad…

A pesar de haber nacido en el Estado de Veracruz, cerca de la ciudad y puerto, deje todo atrás y vine a radicar a Tijuana Baja California.

Aquí he podido aprender y comprender el influjo de la frontera, elemento esencial tanto como el árido entorno, que representa el tono del lugar que es percibido a través de los modismos e inflexiones del lenguaje, como mezcla de idiomas en su búsqueda de hacerse entender en ambos lados de la línea, aunque también como silencio, introspección frente a la naturaleza desnuda y deslumbrante que engaña a los sentidos.

Su influjo fronterizo se sitúa en un espacio diferente al resto del país, es una aridoamerica que funciona como espacio abierto, diverso, poli cromático, que sirve de punto de referencia, que, desde estas soledades elabora un sermón de profeta en el desierto, sólo que igualmente complejo en su carga de memorias, en sus visiones bajo el sol diurno del verano y sus noches invernales que congelan el animo.

Aquí, he aprendido a desarrollar una narrativa fronteriza como representante del proceso hibrido, es decir una crónica de la migración, de una sociedad que no es tradicional ni moderna, sino una mezcla de modos de vida, de actitudes y objetos reciclados, olvidando de esta manera que mi narración es un dialogo permanente con las circunstancias de mi vida, de la que he aprendido reglas y rupturas, conversación de quien escribe con sus fantasmas, creando así, un manifiesto sobre la realidad y un imaginario que puede reforzar o criticar su propio entorno.

En mi narrativa describo y descubro la frontera, más urbana que el desierto, porque el espacio urbano permite inventariar zonas, actitudes, modos de vida, metamorfosis que colman de experiencias la practica de la escritura, destacando su historia, su tradición, creando así un territorio de una leyenda colectiva.  

Presentando la frontera como espejo, que sirve para comparar lo que queremos ser y lo que realmente somos.

Una narrativa donde una y otra vez, entre líneas o en forma literal, marco los rasgos del ser fronterizo, lo cual se asume como enseñanza de la historia y lo social, rasgos que se han confeccionado en este espacio, en esta franja donde lo más terrible y lo más maravilloso, puede suceder a la vista de todo el mundo.

Narrativa que reclama lo que le pertenece, sus contradicciones, sus paradojas, que se sitúa entre realidades imaginarias, que se alimenta de la frontera y el desierto, de lo local y lo global, de lo antiguo y lo moderno, de lo urbano y lo rural, de lo latinoamericano y lo anglosajón, de lo aislado y lo progresivo, de lo nómada y lo sedentario, de lo propio y lo ajeno.  

Narrativa que apenas empieza a contar lo que somos, lo que queremos ser.

Geografía de palabras, donde lugar e historias son discursos no excluyentes, en donde la frontera se traza como vida en marcha, como tiempo para soñar.

Un espacio donde residimos migrantes y nativos por igual, tierra de nadie, que es de cada uno de nosotros por derecho de imaginación, de expresión, por derecho de comunidad.

Desde Tijuana BC, alfa y omega de la patria, mi rincón existencial.

Andrea Guadalupe.  

                                             

El amor no existe…


Diciembre 2010.   El amor no existe…

Baila el viento un vals con la hojarasca, ahora que los arboles se quedan desnudos, como sin vida, recuerdo el movimiento de las olas en sus copas.

De la memoria extraigo mi amante mar y encuentro ahí el repetitivo eco horizontal de sus orillas.

Cierro los ojos e imagino su grandeza, el resplandor gris y la espuma en un insaciable debate, y al abrirlos, miro la hermosa danza de los arboles, el parpadeo oro y sepia.

El flujo y reflujo de la muerte y la vida, el sufrimiento y el consuelo, el poder y la clemencia, el tiempo y la eternidad…

Así como la vertiginosa agua del torrente no vuelve atrás, ni se detiene jamás, porque las que vienen atrás incitan a las que van delante, así también la cadena de acontecimientos, observa la rotación perpetua del destino, cuya primera ley es mantenerse fiel a sus resoluciones.

Ahora con el paso del tiempo y el paso de los años, en equilibrio y sin la hipocresía recurrente del querer quedar bien, o en seguir las normas sociales, sin los oscuros tapujos del miedo o las afiladas púas del prejuicio, mi ser, tiende a confiar en la entrega, en el cariño, y el bien estar que me provoca, se convierte en fortaleza.

Porque encuentro que la confusión tiene sus raíces en el auto castigo, en una enigmática necesidad de lastimarnos.

Ordinario y recurrente el dolor nos hace sentir con vida, sólo que rechaza considerar que el placer, sea únicamente la felicidad del estrés, que después busca alivio en una copa, cigarros, pastillas, drogas, piercing, un látigo imaginario…o en un amor torcido.

No puedo permitir que la entrega, el cariño y mi equilibrio emocional se derrumben, cuando veo como se deshacen mis expectativas.

Exigente como idiotamente aprendí a ser, no quiero ver que la existencia tiene que ver más conmigo misma y mucho menos con la vida de quien nos rodea.

Dejar atrás una vida insignificante, apagada, triste y oscura, es salir de una existencia opaca, es sobre todo alimentar las carencias emocionales con caricias y abrazos, palabras dulces, como las que recibíamos en el tibio seno materno, el amor no existe, existen sólo los actos de amor.

Identificando la fuente de dolor y actuando sobre ella, así, nada se convierte en auto destructiva frustración, respetuosos actos de hipocresía o malestar existencial.

Estoy convencida de que no existen seres fracasados si cuentan con amistades.

Y que sólo una mujer extraordinaria puede devolverle la belleza del ángel de la niñez a la humanidad.

No soy una persona fácil, aunque a veces se me suele asociar con quienes si lo son.

Habitante común y corriente, como cualquiera, paseo mis penas y culpas cuidando siempre que no abonen más el ambiente enrarecido, alejándome siempre de los sitios donde la perra maldad hace de las suyas.

No pretendo molestar al mundo, es más, ni siquiera llevarle la contraria.

Sólo soy una mujer ordinaria, con deudas, amores perdidos, ropa por planchar, que también sabe que la magia de la literatura nos salva del basurero donde se anuncian a los cuatro vientos, los evangelios del consumo.

Lastimosos apostolados del consumismo voraz que generan la degradación, la drogadicción, y la prostitución.

Sin ser una persona dura, aunque tampoco me considero una nena delicada, me dan nauseas observar los crueles y sangrientas ejecuciones de civiles, sobre todo de niños y adolescentes en nombre del conflicto bélico, sin descartar los estúpidos daños colaterales que suman los ¨Ejércitos¨, incluyendo el mexicano en su guerra perdida contra el narco trafico.

Mientras los políticos sigan predicando sus mentiras superfluas, los sacerdotes enseñando que la vida esta en otra parte, y los educadores imponiendo su lastimosa injuria pedagógica, los latigazos del ultraje terminaran por hacer creer que la felicidad esta ligada íntimamente a la depredación consumista y por lo mismo, a la normalidad de las guerras, con sus intereses, xenofobias y materias primas involucradas.

No pretendo molestar al mundo, es más, ni siquiera llevarle la contraria, sólo sucede que después de haber sobrevivido a sus agravios y seducciones, ahora sé que detrás de esa apariencia cómoda, consoladora, crediticia y casi maternal, que nos venden caro la modernidad, se esconde un asesino que ya hace tiempo dejo de ser silencioso, para pasar a ser insolente, irrespetuoso, egoísta, cruel, que, además, no hastiado de tanta sangre que consume, sonríe como un santo y en la primera oportunidad es capaz de inventarse pesadillas, para luego, hacerlas realidad…por no decir que sacrifica a quienes componemos la sociedad, justificándose en sus avaricias económicas, para así garantizarse una vejez de poderío y pedofilia.  

No soy una escritora difícil,  aunque a veces se me suele asociar con textos que si lo son.

Tengo en la mano una taza de café, el ambiente se encuentra aderezado con el delicado influjo de esa refinada estridencia del terso silencio del agua nieve.

Armonía que revela el mutismo luminiscente de esa sinfonía en blanco, que a lo largo de mi existencia invariablemente me transporta a mis sueños, convirtiéndolos en tibio invierno para beberlos lentamente, embriagándome de luz y volver al éxtasis del amor primero y recuperar el paraíso perdido, porque sé que el oficio de la nieve arder: Agua nieve, Agua ardiente.

Delicado abrigo de calor, noche buena en el invierno, paseo alegre dentro de mi casa rodante, la bondad de la narrativa se convierte en el único pasaporte para sobrevivir.

Pasando las hojas en las horas, dejando atrás las letras para que los ojos descansen en el espíritu de la palabra escrita, donde los argumentos se vuelven palabras dulces: Sentada junto a la ventana, buscando purificar los sentimientos de inocencia y sencillez que busco con pasión, y creo risueña que podría sentirme en paz en este mundo.

Enlisto, recordándoles a quienes padecen de amnesia, que falsear, deformar, desvirtuar, es una arma de uso habitual, simular a sentir una cosa, pensar otra y decir una más, que nada tiene que ver con las anteriores.

Como quienes llaman prudencia a su miedo.

Como quienes callan cuando debían hablar.

Como quienes creen que es mejor la servil conducta de obedecer, antes que reflexionar en la orden.

Como quienes domestican su obediencia mientras satanizan la rebeldía.

Como quienes exigen que respeten su ignorancia.

Como quienes se arropan en la indigencia, porque tienen frio en la dignidad.  

Como quienes establecen la miseria y luego reparten los panes.

Como quienes disminuyen a los otros para verse más altos.

Como quienes mienten con el convencimiento de la verdad para establecer una mentira publica.

Como quienes fabrican abrigos y necesitan el invierno para poder vender.

Como quienes fabrican armas y hacen la guerra para tener mercado.

Como quienes inventan necesidades para alcanzar el éxito.

Como quienes construyen y destruye para obtener ganancias.

Como quienes hablan con idiotas para sentirse inteligente.

Como quienes confunden el sexo con el corazón.

Como quienes hacen soportable su infierno.

Como quienes son felices haciendo infelices a quienes les rodean.

Como quienes prometen sabiendo que no cumplirán.

Como los policías y soldados que avivan las pasiones para alimentarse de ellas.

Como quienes…

El lenguaje ha sido corrompido, prostituido, para que las mentiras suenen como verdades y así, una no tenga la capacidad de comprender la realidad.

No teniendo nada valioso que decir, perdido ya el espíritu de la nobleza a causa de su sacrificio por lo materia medido en ganancias y pérdidas, la cascara de la verdad, la encubre con su brillo en la premeditada mentira.

Llegan a mi mente las palabras: Sólo se desesperanzan las esperanzadas, sólo se desilusionan las ilusionadas.  

Documentar los ánimos en estas condiciones sociales, donde no se sabe en que parte se encuentra la verdad que resume del albañal de mentiras, puede ser sólo algo favorable al mantenimiento de la confusión.

A la enorme, desconcertante, degradante y obtusa confusión.

Hace tiempo, solía repetirme: Soy libre, si, sólo que únicamente cuando puedo mostrar mis debilidades sin que las utilicen para darme en la cabeza con un hacha.

Ahora que los esfuerzos se encuentran en el punto de seguir así o cambiar, de continuar en el laberinto de lo perjudicial o abordar la existencia como una oportunidad favorable, la palabra crisis significa cambio, debo tomar la invitación a la verdad, a la vez que me armo de valor y nobleza.

Es evidente, las cosas están mal, tus cosas, mis cosas, las cosas de todos.

La clase empresarial, la creyente, la política, la magisterial, la clase amaestrada por la anterior, la primera clase, la clase sin clase. ¡Todos!

Y no es necesario asomar los cuernos por la ventana, echar una mirada alrededor para que el desconcierto existencial de la realidad se estrelle contra nosotros.

Sola, desinflada, cojeando, insistente, avanza con sus lodosas ruedas de dramas.

Nos ha alcanzado el cinismo, se nos ha puesto de frente la contingencia y, así, como la realidad en marcha, nos ha rebasado la catástrofe.

¿Cómo estaremos de los triglicéridos del sedentarismo para que esto nos suceda?

Puentes caídos, calles navegables, carreteras destruidas, vados infranqueables, micro casas, utensilios hechos para desintegrarse, como las piezas de los carros o de los refrigeradores, el pago de la luz y el agua que se multiplican, el salario que no alcanza, las políticas abusivas, funcionarios que no funcionan, servicios que no sirven, engaños educativos, la juventud en baba, los adultos repitiendo sus estupideces, el mundo en una queja estereofónica.

Entre esto y aquello, el desenfado alcohólico, el cumplimiento toxico de los días, la neurosis social buscando y encontrando su fuga.

Abro el periódico, leo los acontecimientos que como un huracán trasquilan la esperanza, desatornillan y arrastra a la corrupción al más jodido.

¿Es esta la aceptación sin restricciones de la podredumbre de nuestra condición humana?

Podría decir que si, aunque digo que no.

Y, aunque algún despistado diga que tampoco es para cortarse las venas.

No debe ser el ser humano, por más que quiera, por más que pueda, ponerse al servicio de la mentira, el auto engaño y la crueldad.

No se si estoy enfadada, dudo entre las dudas, he visto escrito en el viento una alternativa. 

Las luciérnagas se han arrancado sus alas para viajar en mis zapatos.

Mi piel se ha vuelto resbaladiza, mi mente ha aprendido a esquivarse.

Se rumorea que ha nacido el amor, la libertad de aquellas palabras que no saldrán a la luz brindan por su secreta sinceridad.

La música me besa los labios, inmóvil controlo la efervescencia de mis venas, quiero comprarme el vestido de ese maniquí, justo ese, en esa talla.

Soy un capricho del destino, al releerme descubro que por fin he tocado fondo.

Desde BC, Un cálido abrazo  que en este clima, es envidiado, anhelado, buscado, deseado en este rincón existencial. 

Andrea Guadalupe.   

                                              



domingo, noviembre 28

A través de ustedes…


Noviembre 2010.  A través de ustedes…

 

He leído con atención sus comentarios, me han hecho ruborizar, soñar, sonreír, y hasta soltar más de una lagrima, al igual que una gran pregunta…

  En mi alma de mujer que escribe por catarsis, ¿qué arrastro?   

Acarreo todas las preguntas, en espera de todas las respuestas.    

Cargo, por decirte algo, la caricia feliz en la mejilla de mi muñeca de trapo, y el recuerdo imborrable que me obsequió la luna de octubre, así como la taza de café que compartí con una noche sin sueño.  

Traigo el instante en que vuela el colibrí de la ilusión y que es el momento eterno de la tibieza de Dios.

Cargo, en un collar de lágrimas alegres y en mi pulsera de diamantes tristes, el salto precipitado de un relámpago que se alimenta, de flor en flor, hasta llegar al sol.

Por eso tengo entreabierto el corazón por un poema y llevo así, resplandeciente, la dignidad elogiada de la humanidad.

Cargo el tiempo como un descubrimiento, cuando alguien me espera, además de la ternura en la conversación de quienes me rodean.

Llevo todas las carencias del Misal y los aretes de tulipanes  plata  que me regalaron un  día  y la fe como un armario divino que se reparte y otras curaciones de la belleza. 

Llevo en la piel el canto húmedo de mis hermanas las sirenas, con las cuales soñó Homero en su travesía por las estrellas. 

En la mano una taza de café,  y un abrazo en el alma  que despierta con tersas caricias sus alas de mariposa.

El recuerdo en la mente  que me recuerda que a todas, el amor nos hizo, es decir la eterna fidelidad de ser hijas de otras hijas.

Y  una sonrisa de alegría que se regenera en cada entrega...

 Llevo, eso llevo… o debería llevar en el alma, una niña, cuando…después de todas las adolescencias de la vida…observo a través de ustedes,  en lo que se ha transformado mi existencia.

Desde BC, donde sus comentarios me han hecho ruborizar, soñar, sonreír, y hasta soltar más de una lagrima en mi rincón existencial. Andrea Guadalupe. 

                                              

 


martes, noviembre 23

Por no saber contar hasta diez.


 

Noviembre 2010.     

Pido razones al sueño por hacer que me levante al amanecer.

Y al agua fría de esta mañana por humedecerme el alma hasta los huesos.

Pido explicaciones al tiempo por obedecer los pronósticos de lluvia.

Y a mi mano tibia por calentar con la plancha la ropa que uso bajo el abrigo.

Pido explicaciones al café con galletas por creerse desayuno.

Y disculpas a la prisa por hacerme salir de prisa.  

Pido razones a la gravedad por el peso de mis pecados que se carga mi existencia.

Y a los charcos por ser un obstáculo que hay que sortear.

Y a la idea de que mientras menos use el pick up, y más los músculos, mejor me mantengo.

Pido justificaciones al chofer que tambalea tardíamente el colectivo, a los semáforos por no sincronizar mi caminar.

Pido disculpas, en general, por el camino que me lleva a mi centro de labores.

Y razones a mis compañeros que se presentan a sus trabajos, por fingir un malhumor contra el clima, contra los patrones, contra la rutina, que se les está haciendo carácter.

Y a los administradores que hacen valer con sus actos sus ideas.

Y a los jefes que los atienden porque los entienden.

Y al sistema laboral que los escucha porque les va a hacer caso.

Pido disculpas por este desplante, por las ofensas que dispersa la verdad.

Y pido justificaciones por ser tan verdadera, y también por a veces no dar con ninguna.

Pido, si aun la humildad guarda algún favor para mí, mil justificaciones por no saber contar hasta diez.

Desde BC, con tardes lluviosas y fríos días sin sol, caminando solitaria con rumbo a mi rincón existencial. Andrea Guadalupe.


                  

 
 


domingo, noviembre 21

¿Sabes amor?



      

 

Noviembre 2010.   ¿Sabes amor?

 

A pesar de la eternidad, en esta vida todo dura demasiado poco.

Y ahora que somos como un cigarro que le quema los dedos a Dios, debería dejar por un momento los recuerdos y las reflexiones para contarte lo que me haces sentir.

Cuando pasé a tu lado la experiencia de conocer tu mundo, al despedirnos, en la voz quebrada al sepáranos, yo escuchaba  el mar…

Paradas en el andén, recordarás que cerré los ojos, y nos despedimos con un beso que hasta hoy, ha servido para salvar a mi corazón humano.

En el ir y venir de este tiempo, las olas han me murmurado: "Desandarás lo andado y lo volverás a recorrer la danza de tus pasos".

Hay poemas que no necesitan el pecado de estar tristes.

Hay poemas que ponen versos a la liviandad.

Hay poemas que son como fotografías, ecos de luz que hacen de la oscuridad algo resplandeciente…

Algún día, cuando me convoquen a declarar mis actos, presuntuosa diré: "Si estuve a su lado, es porque me abrió la puerta".

Te estoy agradecida, mi recompensa en tu abrazo se encuentra intacta, pues guarda la contextura de los amuletos de la juventud, Morrison, Serrat, Zorba, en el desahogo inmenso de tutear la dicha y le atribuye un sentido transparente a la existencia.

¿Sabes amor? Como los espejos, el mundo está lleno gente.

A unos, la televisión, que ya no refleja la realidad, sino que la crea, los hace visibles; a otros, los más invisibles, el robo o el crimen les regala rastro o rostro, según sus restos o sus arrestos.

Medito y digo…Tiempo postmoderno, vivimos un largo eco de imágenes.

Lejos del origen, cercanas al final, la simulación y la copia se multiplican.

Incapaz de analizar, ahora sólo puedo repetir…Los espejos están llenos de gente.

Los invisibles nos ven, los olvidados nos recuerdan, cuando nos vemos, los vemos.

Cuando nos vamos, ¿se van?".

Cada día, leyendo los diarios, viéndonos en televisión, asistimos a una revelación y a una ocultación.

Tanto los diarios, como la refracción, cualidad que tienen ciertos cristales de "duplicar" las imágenes de los objeto de la televisión, nos enseñan por lo que dicen y no dicen, por lo que callan o cantan, por la tinta que aprovechan y por la  luz que desaprovechan. 

La existencia es una paradoja andante, la contradicción le mueve las piernas.

Quizá por eso sus silencios dicen más que sus palabras y con frecuencia sus palabras revelan, mintiendo, la verdad.

Tengo, ante mis ojos, tus palabras, en mis manos que acarician y acariciando escriben, recibo y leo,  y lo que leo es fuente de alegría de lo que fluye y fondo de lo que no se cuenta… y cuenta cómo se cuenta la novela que forjas en mi vida con esa música que siempre nos lleva lejos, echaremos a navegar de nuevo nuestros sueños al horizonte.

Desde BC, con días  nublados, con sus tardes plenas de melancolías, brumosas y tristes sin ruido y sin sol, con las nubes en calma, recuerdos y sueños en giros confusos invaden el alma en mi rincón existencial. Andrea Guadalupe.

                                       

sábado, noviembre 20

Cuando los recuerdos acuden a mi mente,


Nov.2010.       Cuando los recuerdos acuden a mi mente,

 

De mañana, la niebla asciende del mar por los acantilados.

Sube, blanca y algodonada, al encuentro de sus hermanas las nubes, colmadas de sueños de húmedos pastos y ballenas.

Y más tarde, las lluvias que mojan, chubascos que esparcen esos sueños.

Entonces las grandes brumas ansiosas se espesan en el cielo cargado de saber, y mis ojos que no pierden de vista el océano Pacifico desde lo alto de las rocas tan sólo ven una mística blancura, como si el borde del acantilado fuese el límite de toda la tierra, y las campanas de las boyas tañesen libremente en el éter irreal.

Los peñascos se elevan con arrogancia, altos y curiosos, mirador sobre balcón, hasta el de Salsipuedes, que se recorta en el horizonte como una nube gris y helada por el viento. Desolado, sobresale una punta en el espacio ilimitado, ya que la costa tuerce bruscamente allí donde desemboca la playa de Saldamano,  después de dejar atrás el medio camino.

Las gentes marineras del puerto, miran hacia ese acantilado como miran otros hacia la estrella polar, forma parte del firmamento, y, en verdad, también desaparece cuando la niebla oculta las estrellas o el sol, sienten cariño por algunos acantilados…

Desde esta tarde fría y de bruma, veo en mi soledad al atardecer, cuando se abren las puertas a los recuerdos, repetidos y nunca los mismos.

Aparece ese momento en que la sangre siente como caduca el resultado, y una no canta lo perdido, reclama lo olvidado.

Y no lloro, es el humo del abandono el que hace saltar las lágrimas.

Voy caminando al lado de mi padre, pues iremos esta tarde a la función de cine.

Nos rodea un silencio que nos cierra la boca y mueve con alegría los ojos.

Con alegría por llegar a la densa oscuridad de la sala, nadie respira  para no desencantar el milagro de proyección.

El Cine Reforma, con sus interiores rococó, es con el cine Isabel, lo más elegante de la ciudad.

Ahí, en esa iglesia de sombras y rayo divino, es una fiesta y nosotros sus fieles oficiantes. El amarillo olor de las palomitas y los sorbetes rituales de la soda y sus hielitos dan la bienvenida.

Entre risas y tropiezos tomamos por asalto las butacas.

Mi padre, tipo serio y  mal encajado a la vida, comparte esta toma merecida.

Y, como un sueño colectivo, la función transcurre.

Es como viajar en el tren o en el autobús y ver en familia el mismo paisaje... No lo sé, quizá no sea así.

Y como truco de principios de siglo, se incinera la película dando la señal para la rechifla y el alboroto, el arguende y el insulto; algunas gargantas sueltan el clásico: Cacaro…

Así reinicia la película en el reino de la oscuridad.  

Al final, después de expulsar los demonios en bendita solidaridad, espacioso y desolado queda el  templo que cobijó por unas horas en sus tibias sombras al gentío del barrio y sus  arrebatos de dioses famélicos. 

Tal vez todo esto viene a mi mente porque a veces los recuerdos que flotan en las brumas de las tardes frías, me suenan a lluvia, y me hacen mirarme un poquito dentro, a través del cristal…

Desde BC, mi alma es una lámpara que se apagó y aún está caliente en mi rincón existencial.

Andrea Guadalupe.