viernes, noviembre 19

El tiempo todo lo destroza, todo lo deshace.


 Noviembre 2010.  El tiempo todo lo destroza, todo lo deshace.

 

 

Iba caminando por la calle, como si fuera la senda de mi vida, esa vereda mal tratada por las lluvias y las raíces de los árboles, cuando dos niños, inocentes retoños de un futuro prometedor, me dijeron, sin intentos de ofender: Hola Doña…

¿Será por eso que me enojé, no, es mucho más.

Favor de abstenerse de llamarme exagerada, porque es verdad, abrieron una herida difícil de sanar.

Ayer noté que el cajero del supermercado me miraba y me hablaba de tú a tú con confianza.  

Antes, hubiese pensado que le gustaba.

Ahora, solo puedo pensar que me está mirando un hombre con una vida por demás irónica,  pues todo el pelo que  le faltaba en la cabeza, le sobresalía por la nariz y orejas.

Llegue a imaginar que si juntara en una bolsita todo lo que se cortara de las orejas y nariz, podría taparse la prominente calvicie.

Si bien la edad no nos restringe de nada, en ocasiones, destilo olor a naftalina, y mi Rexona si me abandona.

Ya no es lo mismo, el tiempo pasa, me estoy poniendo vieja, dejo de escribir, me duelen los dedos.

Me pregunto si será artritis…

Realmente han pasado años, sólo que el tiempo es engañoso, pues depende de algo que no puedo explicar del todo.

A veces lo siento como algo que apenas acabara de ocurrir hace una semana, como cuando en mi juventud, iba de regreso a casa y recorría los mismos lugares donde acostumbrábamos encontrarnos.

tengo la sensación de que en realidad han sido muchos años los que han pasado entre hoy y aquel lejano pasado; tal vez una vida entera.

Me parece no ser la misma, me parece estar distante, tener recuerdos de otra vida, de otro entonces, recuerdos que me pertenecían aunque hace mucho han  dejado de ser míos.

Me asaltan imágenes de un ayer distante, o de un ayer que parece no tan distante, y quiero correr hacia su encuentro, como si todo fuera tal y como entonces solía ser, como si no hubieran pasado ya infinidad de momentos,…infinidad de años.

Alguien me dijo que el tiempo todo lo destroza, todo lo deshace.

Eso fue hace unas tardes, una tarde que salí del trabajo caminando y buscaba un colectivo que me llevara cerca de mi casa rodante, pues se me había hecho tarde.

Un hombre me paró y me contó la historia más triste del mundo.

Me entretuvo mucho, no me atrevía a irme porque tal vez mi sola presencia, o el hecho de que alguien lo escuchara le brindaba algún tipo de consuelo.

Y por más pequeño que éste sea, un consuelo nunca debe negársele a nadie.

Me preguntó si no sabía dónde estaba la planta procesadora de atún, y le dije en qué dirección se encontraba, aunque que aún estaba muy lejos, tal vez a un día de camino.

Su apariencia era humilde y su acento extranjero, sólo que no me daba desconfianza, comenzó a decirme la razón de su búsqueda, un poco desalentado después de saber que aún le quedaba un largo camino por recorrer: era un indocumentado de Centroamérica que había tratado de llegar a los EE UU, nada más que lo detuvieron en la frontera y le quitaron todo lo que tenía.

No sé cómo fue a llegar a esta parte del estado, sólo que por conocer de la pesca, le dijeron que tal vez podría encontrar algo de trabajo en la planta procesadora.

Así caminó hasta llegar a aquella esquina donde me encontraba.

Había pasado por mucho: su familia se moría de hambre muy lejos de ahí, y él mismo se moría de desesperanza sentado junto a mí; no sé qué lo mantenía vivo ni caminando.

Me pidió algunas monedas para comprarse un pan, porque hacía dos días que no comía nada. Le di lo poco que traía, ojalá le pudiera haber dado más; me acababa de gastar diez veces lo que le di en algo estúpido, y me sentí muy mal por eso.

Me dio las gracias más sinceras que en mi vida he escuchado, con una muy tenue sonrisa y unos ojos enrojecidos, jamás me han dado las gracias así.

El tipo se moría de hambre, de cansancio, tal vez hasta de desesperación, sabía que no podría pagarme lo que le acababa de dar, así que era una vergüenza extra, y aún así fue lo suficientemente cortés para agradecerme lo poco que ayudé.

Mientras se retiraba echó una última mirada al largo horizonte delante de él, escondido entre una multitud de barcas en el mar y gaviotas en el horizonte, y me dijo: "el tiempo todo lo manda a la mierda".

Ahora, sentada en la misma esquina, aunque esperando otro colectivo  por aquellos rumbos, me dio por pensar lo mismo.

Me fui a encontrar con mi destino.

Había concretado con él una cita desde hace tiempo, y ayer pensando en ello no pude dormir.

Me desperté temprano, me alisté y salí a la calle dispuesta a presentar mis trabajos de narrativa y pelear un lugar.

Llevaba una falda larga de mezclilla, una blusa de algodón, una chamarra abrigadora, y tenis viejos.

Así caminé lo que me pareció una eternidad hasta que llegué al lugar indicado a la hora pactada.

Había más gente ahí, gente con la misma inquietud que traigo desde hace muchos años.

Me fui a encontrar con mi destino, con miedo a que me haya dejado atrás.

Quise verlo de cara, tomar el valor que todos estos años nunca tuve para hacerle frente y así lo hice.

Quise verlo una última vez para ver si aún me quedaba, para ponérmelo como un guante y ver si mi mano aún se amoldaba a él o ver si había cambiado... y cambié.

Como era de esperarse mi destino no me quedaba más, no me esperó ni me perdonó todas esas malas decisiones que me hicieron perderle de vista desde aquella vez cuando, sin darme cuenta, tomé un camino diferente al suyo.

Comprobé que eso ya no era para mí, que el maldito tiempo me había dejado atrás y que ya nada se podía hacer.

Regresé derrotada, con mis cuadernos bajo el brazo, sólo que satisfecha con la pelea.

No lloré, porque esta vez no me quedé de brazos cruzados sino fui tras él.

Comprendí que no soy la primera ni la última infeliz que se ha quedado sin dirección.

Ahora no tengo idea de a dónde ir, aunque al menos tengo idea de a dónde no puedo ir, suena extraño, sólo que hay algo tranquilizante en todo el asunto.

Celebro mi derrota con una taza de café amargo en la mano y las estrellas sobre mi cabeza.

Hoy llovió desde la madrugada.

A mitad de la tarde la lluvia cesó de súbito, por completo, y comenzó a hacer un frío hermoso, salí del trabajo y me fui caminando como siempre.

Al principio me calaba el frío, aunque después el mismo ritmo de mis pasos me hizo sentir calor, ahí estaba, caminando cabizbaja, a ratos acelerando el paso, a ratos tomándome mi tiempo.

De repente sacaba las manos y me las ponía a la boca para soplar aire caliente; a ratos miraba el paisaje, y veía lentamente al día despedirse y a la noche nacer entre brumas marinas, la tarde estaba gris, las calles estaban solas, y yo también.

 

Llegué a mi casa rodante muy acalorada, abrí la ventana  y eso bastó para que en segundos volviera a sentir el dulce frío invadir todo el ambiente.

Siento que el aire me quiere decir algo, que quiere hablar conmigo y sus palabras son ese frío tan delicioso y pienso que rara es la vida: tan impredecible, tan inquietante, sólo que tan sutil que ni notas lo que el tiempo ha hecho contigo… ¿Cómo será mi vida dentro de una semana? ¿O dentro de un mes?

No quiero pensar dentro de un año, pues ahí sí que me entra el miedo.

Cuesta tanto acostumbrarse a las cosas que cuando te las arrancan de súbito te duele.

Y cuesta tanto comenzar desde cero… Como me dice mi hijo; "Levantarse del piso duele" aunque no lo dijo con el significado que le doy, sino más bien literalmente.

De repente la tarde se nubló.

Veo la luz caer cautelosamente en el horizonte marino, en la mañana hacía un día tan soleado, tan hermoso.

Tantas ilusiones tenía para hoy, que hasta decidí tomarme la tarde para pensar y repensar, ponerme al corriente con las lecturas que tanto me gustan y que las demás obligaciones me privan, y reponer algo de sueño atrasado.

Un pequeño respiro dentro de este vaivén de pesadumbre.

Y no tengo energías para ese momento de introspección donde investigo muy dentro de mí lo que sé que debo escribir, y cómo lo debo escribir.

¿De dónde viene la inspiración? ¿Acaso existe tal cosa?

Mi vida entera parece una secuencia de triviales días sin fin ni finalidad.

Estoy llegando al fondo de la espiral descendente, y pronto tendré que decidir qué perder.

La tarde se nubló de repente y yo la vi nublarse desde mi rincón existencial.

El claroscuro que se dibuja se volvió más etéreo mientras el reloj marcaba las 5pm, hasta que de repente ya no hubo más luz.

Espero que mañana salga el sol porque me muero de frío, y que pase lo que tenga que pasar, que venga lo que tenga que venir.

Mis conclusiones: La existencia es ese tiempo que todos tenemos.

Es como un lienzo, sobre el cual vamos pintando nuestra vida: el pasado ya lo pintamos; el presente lo estamos pintando; y el futuro lo pintaremos sobre la marcha, aunque podemos trazar con lápiz lo que queremos pintar.

¿De qué se trata la vida? De decidir qué hacer con el tiempo que se nos ha dado, de decidir qué pintar...

Me encuentro en mi casa rodante escribiendo este relato navideño, casi sin ideas, con mi inseparable café, una que otra galleta de chocolate y el frio  dándome en la cara.

 …Y quiero que me traigas dignidad, dijo en voz alta, escribiendo en una hoja, mirando a su padre, con ojos de ocho años recién cumplidos, esperanzada.

¿Eso vas a pedir en esta Navidad?

¿Por qué no le pides algo que haya en una juguetería, por ejemplo?

Sugirió esperando una respuesta positiva.

Eso me lo puedes comprar tú papá, finalizó, matando sus oportunidades.

Bueno,  pide algo que sus duendes puedan fabricar, insistió.

¡Está bien!, le voy a pedir un hermanito, expresó ingenuamente.

Hija,  eso lo puedo conseguir yo, dijo riéndose a medida que se iba dando cuenta que ese chiste, entre sus compañeros de trabajo a la hora del lonche, sería el furor del turno, aunque no para contarlo delante de su niñita.

Quiero decir, tosió, yo se lo pedí a Santa Claus, dijo, esperando arreglar el daño ya hecho.

Mejor le pido dignidad para ti, papá, resaltó mirándolo con esos mismos ojos de ocho años recién cumplidos, sólo que con ojeadas de desprecio, a medida que se le llenaban de lágrimas.

Desde BC, viendo la luz caer cautelosamente en el horizonte marino de mi rincón existencial.  Andrea Guadalupe.


                                               



jueves, noviembre 18

Desde BC y sus maravillas naturales


Noviembre de 2010.      Desde BC y sus maravillas naturales

 

Cuando se viaja por tierra hasta Tijuana desde el interior del país, uno de los paisajes que más asombra por su imponencia, es la Sierra de Juárez, en su porción conocida como la Rumorosa, al recorrer la sinuosa carretera que asciende desde aproximadamente 3 metros bajo el nivel del mar en Laguna Salada, hasta más de 1000 metros de altitud, preguntándonos: ¿Cuál será el origen de esta montaña, su paisaje de rocas desnudas y grandes precipicios?

Entorno montañés tupido de árboles, donde se aprecia que el viento al pasar entre las ramas de los pinos, se transforma en un delicioso rumor musical.

Este fue el motivo por el que se bautizo a la serranía: La Rumorosa.

Es la punta norte de la columna vertebral montañosa de nuestra entidad, zona intermedia, fronteriza entre dos regiones de Baja California, el desierto y la sierra.

Desde ahí, se pueden ver el valle de Mexicali en su desértica grandeza, y de de ella, podemos comenzar el viaje al interior de la península, rumbo a sus praderas, bosques, viñedos, y el clima del mediterráneo.

Aunque la sierra de la Rumorosa no es sólo una zona geográfica, una simple articulación entre dos ecosistemas.

Quienes la conocemos, sabemos que es una serie de montañas de roca desnuda, cuya belleza a seducido y ha sido descrita como un paisaje apocalíptico, como el hogar de dioses ancestrales.

Pienso que la Rumorosa, es una de las siete maravillas naturales de Baja California, junto con el Valle de los gigantes, la Bufadora, la Sierra de San Pedro Mártir, la Laguna Salada, las islas del mar de Cortes, y el paso de la ballena gris por las aguas del Pacifico.

La Rumorosa, nos revela lo que somos, a partir del propio paisaje, nos define como seres humanos en nuestro poblado, lleno de prodigios naturales, que nos precisan como sociedad.

Desde BC y sus maravillas naturales, en mi rincón existencial. Andrea Guadalupe.


                                               



Me tienes a mí, que te puedo escuchar.

Noviembre de 2010.    Me tienes a mí, que te puedo escuchar.

 

En un correo personal, señale un comentario de Peter Kingsley, escritor y filósofo: En México, tenemos todo lo que necesitamos, sólo que necesitamos que se nos enseñen lo que tenemos.

Y sin perder el tiempo, desenfundando la realidad, esa arma que se pone como evidencia en medio de los ojos, la persona destinataria me objeto: ¿Qué tiene México?

¿Qué nos ofrece este país para que vivamos en él?

Así, con la ronda de pensamientos, me he quedado dando vueltas en el imaginario de una nación, la mía, la tuya, la de nuestras familias.

Reflexionando en que posee mí país, para responder a quienes con razón, sólo que sin corazón, me cuestionan con dureza.

¿Qué tiene México?

Y yo, muestro, pinto, dibujo, describo con palabras este paisaje.

Tenemos el futbol como pretexto para apagar el televisor y leer un libro.

Porque tenemos a Octavio Paz, Carlos Fuentes, Monsiváis, los cuentos de José Agustín, los poemas de Jaime Sabines, Lauro Acevedo.

Tenemos las telenovelas, para saber de donde surge tu nombre: Esmeralda, Marimar, etc.

Tenemos nuestra propia historia de hadas lujuriosas que no ajustan con la realidad.

Tenemos el cine de los hermanos Almada, para saber qué no hacer en las películas, que es como saber lo que no hay que hacer en la realidad.

Tenemos a Juan Gabriel, que puede ser como tú, como yo, sólo que además compone y canta.

Tenemos todo un calendario…Santificado...para tomar cerveza, vino o tequila, porque aquí, todos los días, hay un santo que celebrar o una fiesta que organizar.

Tenemos el amor el amor perdido, es decir, el gran pretexto para salir a buscarlo a la calle.

Tenemos la rebeldía musicalizada de Gloria Trevi, el chocolate de la abuelita, y los noticieros diarios que no fallan en decir boberías todos los días.

¿Qué de cosas no  tenemos?

Y sobre todo, tenemos el deseo de cambiar la carne viva en la sal, del descontento, ese que nos dice: No a la anestesia de los anuncios que quieren hacernos creer que repitiéndonos 30 veces cada 5 minutos, que estamos bien, que no pasa nada, que nada es posible, menos cambiar la realidad, si no es con el poder de tu firma y usando su shampoo.

Y, además, me tienes a mí, que te puedo escuchar.

Alguien que…puede ofrecerte una respuesta, aunque no sea lo que quieres escuchar.

Desde BC, me tienes a mí, que te puedo escuchar en mi rincón existencial.

Andrea Guadalupe.

 

 

 

 



                                             

 
 


miércoles, noviembre 17

Cautelosamente, haciendo ruido con la palabra escrita.


Nov. 2010.       Cautelosamente, haciendo ruido con la palabra escrita.

 

Este fin de semana, entre otras actividades me he dado a la tarea de revisar y actualizar mis correos, descubro no sin cierta sorpresa que me distrae el silencio que escucho en mis diálogos

Situación que me llevo a imaginar argumentos, razones y palabras que justifican esta acción, concluyendo en estas reflexiones:

 En un mar de piedra, seco como el alma de quien ha perdido hasta la última gota de amor, el ángel de las cosas bellas escribió un resumen con el fuego rosa de su índice:

El silencio es primitivo como los amantes.

El silencio es el núcleo que se cimienta abierto en el ojo de las galaxias.

El silencio, por su transparencia, es duro como un diamante.

El silencio también es una nube que ilumina con su vacío el pulsar de las estrellas.

El silencio posee alas de colores que no se ven cuando aparece el arco iris.

El silencio danza apasionado en llamas pequeñas en el eco del sueño fugitivo de quien despierta.

El silencio sella con su piedra el cielo luminoso de la creencia.

El silencio, como quien persigue una tormenta, es horizontal sólo por un tiempo.

El silencio sirve de ventana a quienes  arraigan carbones de nieve en su castidad.

El silencio se besa con el tiempo.

El silencio imagina que teje la luz con diminutas luciérnagas. .

El silencio herido siempre deja su huella de niebla.

El silencio, tesoro oculto del ártico, llora su humedad geométrica entre las horas largas de la lluvia y de la espera.

El silencio, acróbata íntimo, canta suspendida en el brillo de las cucharas.

El silencio, en el camino, un paso sí, un paso no, va dialogando con el sonido.

Desde BC, cautelosamente, haciendo ruido con la palabra escrita en mi rincón existencial.

Andrea Guadalupe.  

 

 


                                               



Noviembre al irse…


Noviembre de 2010.    Noviembre al irse…

 

Se va Noviembre y con él se lleva sus muertos chiquitos…como si la niebla fuese un riel de luz, se elevan a un cielo donde el incienso, la alegría suave y las campanas palpitantes, se mezclan con transparentes palabras de bienvenida.

Se dice que van en busca de sus abuelos, por eso ellos siempre echan una flor roja en la mochila y una madera para que se talle una escultura.

Sus hermanitos los extrañan y, junto a las sumas y los mapas, los dibujan de angelitos morenos en los cuadernos de la escuela.

La imaginación les vuela cuando el lápiz traza las alas.

Les ponen plumas, una sonrisa de luna y unos ojos grandotes en forma de estrella…

Por eso el 1ro de Noviembre se extrañan de que sus padres, entristecidos por todo y con todo, celebrando, los animan a ir al Camposanto cuando ellos, hojas en la mano, colores rotundos y nobles deseos, esperaban ascender al sueño del infinito en una nube o en un globo…

Cuando llegan al panteón, después de una larga noche de truenos, las mariposas húmedas envuelven los sepulcros al ritmo feliz de los cantos de la mañana.

La tierra está fresca y aun existen charcas que reflejan los arcoíris del firmamento.

El sol aparece como una lejana ballena vestida de amarillo y la galería nocturna deja un lucerito de guardia  mientras el mundo amanece.

Una lápida, azúcar de cantera, otra, harina de mármol, y, una más, canela de granito.

Todo se lee en reverencia santa, con un Padre Nuestro por delante y, entre las aves revoloteando, un Ave María.

 La madre acaricia y besa el ramo antes de sumergirlo en el agua de su amor, el padre se quita el sombrero, lo acuna en el pecho… y, ojos cerrados, corazón abierto, siente como si la vida se estremeciera.

Desde BC, observando cómo Noviembre al irse, arranca a los muertos chiquitos  de mi rincón existencial.   Andrea Guadalupe.

 


                                               



Un amable correo.

Noviembre de 2010.   Un amable correo.

 

 

Lo encontré al abrir mi cuenta, atravesó distancias y fronteras que dividen al hombre, no a los afectos y, con la discreción equilibrada y feliz de su camino, llegó hasta el portal de mi correspondencia.  

Eran pocas palabras, sólo que nos les faltaban clase, entonces, con su mirada dulce me dijo:

¡Hola! ¿Puedo pasar?, Desde luego, agregué, y no quise realizar ninguna inquisición o averiguación  de carácter neurótico.

No sabía quién era, pero cada ademán, cada gesto, cada parpadeo, era capaz de iluminar de inocencia y belleza todos sus movimientos.

Me abrazó  y habló quedito al oído diciéndome lo mucho que me quería.

No dudo en lo más mínimo en acercarse amablemente y rodearme con su cariño… testificando que los prejuicios en las cosas del alma son un tonto invento de los adultos.

No pude negarme al humilde cobijo de la virtud, cálida y extraordinaria, mientras dejaba escurrir lágrimas de sensibilidad y comprensión.

En un amable correo había venido a saludarme a través de una  sencilla lección de amor.

Al terminar de leer, me dejo acompañada de la ternura de una sonrisa  para luego estampar su firma en señal de despidida.

Cuando su breve imagen desapareció de mi vista, la imagen, risas, cariño, y palabras de mansedumbre reflexiva de que alguien que sin un contacto físico, pudo brindarme calidez, cercanía y un momento de mágico desinterés, quedo con su nombre formándose en mis labios…..Gracias por este regalo en mi vida.

Desde BC,  disfrutando un amable correo que ha venido a saludarme a mi rincón existencial.

Andrea Guadalupe.

 



                                              



lunes, noviembre 15

Algo sucede pasada la media noche.


Noviembre/2010.   Algo sucede pasada la media noche.

Algo sucede a las 2:01 a.m., para ser preciso, cuando leo este fragmento de una carta de Herman Hesse: "Me he instalado de nuevo en mi antiguo terruño de Selva Negra, donde pienso quedarme por lo menos durante todo el invierno.

Mi antigua habitación, pequeña aunque muy cómoda, desde cuyas ventanas tengo una vista panorámica de los lugares que paseaba cuando era niño, ya está acondicionada, con un aspecto de aplicación y erudición, con su escritorio y los muchos libros y un intenso olor a tabaco.

De la pared cuelgan mi caña de pescar, el retrato de mi madre y el de mi novia..."

Algo sucede, claro está…

Y no por el resplandeciente frío de las estrellas.

Algo sucede, porque desde esta casa rodante donde vivo, pequeña aunque muy cómoda, donde tengo una vista panorámica de los lugares en que pienso quedarme por lo menos durante todo el invierno, y, lo cual está de más decir, tiene un aspecto de estudio y sabiduría, por los muchos libros, el escritorio y la foto de mi hijo, donde, a esta precisa hora de la pasada media noche, tendida en la cama y con la lámpara encendida, leo la CORRESPONDENCIA de Herman Hesse y Stefan Sweig, sobre todo porque quien puso este libro en mis manos sentenció que, por algunas hojas que había leído ya en él  -- "páginas de maravillosa importancia, que no te puedes dar el lujo de perderte" --, me quedaría hasta las 2:00 de la madrugada, sí, sorprendida leyendo…

Qué razón tendría la lectura en invertir en ella el sueño, cuando sé muy bien que la narrativa engendra sueños que la razón no entiende.

Reflexiones de una noche sin sueño…

El único poder: Vencer a la muerte.

El único valor: El que no tiene precio.

La única religión: La del amor.

El único Templo: El Universo, una Iglesia no es un lugar exclusivo de lo sagrado.

Una va a los templos: Parroquia, Bosque, Escuela, Santuario, Sinagoga, Zendo, a aprender el sentido de lo sagrado, y si la lección ha sido aprendida, el Universo entero se vuelve un Templo, cualquier hombre se convierte en un Sacerdote y todo alimento es una Hostia.

La única belleza: La del interior.

El único interior: El que se refleja al exterior.

El único Testamento: El del alma.

El único vuelo: El del espíritu.

El único espíritu: El que habita el cuerpo.

El único placer: Aquel que no lastima al corazón.

La conciencia única: Darse cuenta.

La única creencia: La duda.

La única sinceridad: Desnudarse las veces que sea necesario.

La única mirada permitida: Al suelo para ayudar a levantar a alguien.

La Luna única: La que no se confunde con el dedo que la señala.

Lo único dado: La vida.

Lo único quitado: La vida misma.

El único viaje: El de ninguna parte.

La única contribución: Toda.

La única necesidad: La de tu hermana.

La única obligación: La felicidad.

El único vacío: El que se llena.

Lo único que hay que decir: Nada.

La nada única: La que lo abarca todo.

Lo único que lo abarca todo: Lo no mentido.

Lo único no mentido: Lo verdadero.

Desde BC, en mi rincón existencial, algo sucede pasada la media noche.

Andrea Guadalupe.


                                              



Frente a la luz de la quimera, mi rebeldía da sombra de Arco iris



Noviembre/2010.   Frente a la luz de la quimera, mi rebeldía da sombra de Arco iris

 

 ¿El reverso de arriba es abajo como abajo es el reverso de arriba?

¿Dónde se encuentra el oscuro trazo del bisturí que cercena la sombra de las sombras?

¿Los ojos se confunden con las estrellas en el agua?

Frente a la luz de la quimera, mi rebeldía da sombra de Arco iris.

El amor es la luz blanca de las emociones y  la narrativa el prisma que las libera.

La narrativa y sus variadas disciplinas, puras o armoniosamente mezcladas, son un elixir que me oxigenan de alegría el espíritu, colmándome de dicha la existencia.

¿De qué satisfacción hablo?

De la alegría reflexiva, de la satisfacción que sabe recibir y sabe dar, la que jamás olvida que en el dolor y la felicidad nunca está sola.

Una minúscula pieza de humildad sagrada: un correo inesperado, un poema como el que envió Lety de Walt Whitman, el simple hecho de bailar bajo la lluvia, pisar la frescura del barro o la arena del mar y soñar que floto en la inmensidad del cosmos, son cosas sencillas que me salvan la vida, porque son cosas simples.

La narrativa, hace fluir mi energía creativa, reforzando el sistema inmunológico, creando una naturaleza curativa.

La sonrisa llega a convertirse en el complemento del arco iris y así se realiza la circunferencia perfecta...

Psicomagia de la palabra escrita, plegaria de los sentidos., vibraciones que cambian el tiempo o el espacio, modificando la materia.

¿El reverso de arriba es abajo como abajo es el reverso de arriba?

¿Dónde se encuentra el oscuro trazo del bisturí que cercena la sombra de las sombras?

¿Los ojos se confunden con las estrellas en el agua?

Estas son parte de las grandes preguntas que me preocupan como criatura favorecida con el don de poder trabajar el campo del tiempo.

Me queda claro: como exploradora de la existencia, antes que el Everest, debo escalar primero el Himalaya de mi propio espíritu, sólo así seré poseedora de esa intrascendencia necesaria que, no pocas veces, solicitan mis pasos para dejar huella útil, bondadosa y duradera.

Frente a la luz de la quimera, mi rebeldía da sombra de Arco iris, y me susurra que para salvar el alma no debo arrodillarme.

Me dice: si algo te pesa, engrandécelo, de nada sirve que te enseñe a caminar sobre el agua o los escombros de tu vida, si cuando llegues a la otra orilla seguirás siendo la misma tonta que partió de aquí.

 Anda, mejor inventa perlas de luz que se internan como peces… a la oscuridad caliente.

Descansa el peso de tu culpa en la espumosa alergia de la alegría, y verás que ésta desaparecerá.

Suelta ese prejuicio como a una media corrida, despréndete del dogma como una tanga sucia, arráncate la pesadez de la costumbre y mírate en el espejo de otros pechos, en la caricia de otros placeres.

No me lo preguntes a mí, escucho a mi rebeldía,  la respuesta que daré te resultará antipática, imagínate bajo una iridiscente luna de escamas, engalanada con el tráfico turquesa de las luciérnagas en la oscuridad.

Y, en la comodidad de mi carne, escucho el murmullo de la rebeldía en mi alma: Si deseas la desnudez de Dios, debes destruir sus símbolos.

Y cuanto más lejos llegues en esto, más cerca vendrás a su Esencia.

La verdad está ahí afuera, en tu corazón.

Dios es el Universo, que todo transforma sólo que nada pierde, por eso es infinito, dándoles la razón a los budistas, que no creen en la razón.

 

Desde BC, mi rebeldía da sombra de Arco iris en mi rincón existencial.  Andrea Guadalupe.

 

                                            .      

 
 


domingo, noviembre 7

Río que moja la boca de nubes frescas.

Nov. 2010.          Río que moja la boca de nubes frescas.

 

Hoy quiero desnudarme y desnudarte más allá de las palabras…más allá de las preguntas…

Hoy quiero pensar en no pensar, en ser evolucionista… hoy quiero perpetuarme con actos, no con simulacros.

Por que hoy quiero liberar el camino al placer, desobedeciendo los hábitos morales de existir.

Hoy necesito patrocinar los halagos, subsidiando la emoción de sentir, haciendo una venta de garaje de todas mis culpas.

Porque hoy necesito abrir la boca no sólo para hablar, sino también para callar.

Siento una imperiosa necesidad de ir a las zonas oscuras, desabotonando el camino con la luz, aunque sea divina.

De ir mojándome bajo la lluvia, y también desde la tormenta más íntima.

De permitir que el viento me despeine, yendo con la falda en las manos del aire.

Necesito saborear el dulce martirio de soñar, con los ojos cerrados, con las piernas alertas, con las puertas abiertas.

Para dormir despierta, caminando parada, yéndome al venirme, estando adentro, quedando  afuera…

Porque hoy quiero vender el encanto de ser pagada, poniendo en oferta perpetúa la sonrisa.

Para tener siempre la edad de la lujuria,  con la jauría de la piel dándome comezón en las uñas.

Dejando que inicie jugosa la locura y de nuevo morder, sin maestría, las manzanas del Edén.

El sueño sin belleza elige el lado oscuro de un idioma que tortura y fatiga.

Va convirtiendo de poco a poco la pasión en disculpa y la realidad en nostalgia.

Me expulsa del hoy, para luego abandonarme al ocio estéril de un pasado, sin medios días de abrazos…

El tiempo que sueña es río que moja la boca de nubes frescas.

Con luminosidad de caricias y arena va espantando mariposas de sombra que me anidan y sólo nombro a ciegas.

Elaboro así, para la animación de la sonrisa, pausadas voces y tibios tragos de café amargo.  

Mojo entonces al tiempo con los labios llenos  palabras de canción de protesta.

Y, con su lengua de paz, ahora, me despierta para no ver más futuros que la realidad que me habita.

El sueño sin belleza, ese que prefiere el oscuro semblante de un idioma que tortura y fatiga, se calla...

No habla más, sólo aborda un cigarrillo de llamas, humos y juegos.

Y en el vagón inmóvil de un frío hangar ausente de luna, el ángelus silente improvisa un colorido Bodegón de espejos y luciérnagas detenidas... 

Espera la piel en la lluvia y la noche en que duermo con la cabellera metida en ventanas de agua.

Para, cosa extraña, abrir mi paraguas de prudencia…

Entonces, sin que me de cuenta, me va cambiando el cariño en disculpas y la realidad en nostalgias.

Desde BC, rio que moja de nubes frescas mi rincón existencial, Andrea Guadalupe.



                    
 



Reflexiones nostálgicas


Nov. 2010.   Reflexiones nostálgicas…

Se ha ido el mes de Octubre, con sus noches, sus lunas, y me deja las grandezas que dio a mi vida, un nuevo aniversario en la existencia de mi hijo, el nacimiento de mi adorable sobrina Marifer, para alegría y felicidad de sus padres,  un cumpleaños más de mi silenciosa y amargada hermana, la fiesta en honor a la mujer a quien debo la vida, mi madre.

Se ha ido Octubre, salgo de mi rincón existencial, abro las manos y siento en ellas, el brillo cálido de una estrella.  

A veces, la situación abrazadora de mi lenguaje me pide a gritos insultar con rabia a las sombras para ahuyentarlas, y así, la luz fije su formidable y bello andar en el espacio liberado.

Que el sol y su llamarada siempre alumbren a dondequiera que estén, a quienes creyeron que la fraternidad y el amor eran posibles.

Que el astro de la justicia siempre ilumine sus sepulcros.

Hay muchos tipos de sueños, algunos se cruzan en nuestras vidas, invisibles a nuestra memoria, otros, los reconocemos justo cuando nos envuelven en su halo de realidad.

Suceden, simplemente suceden, sólo nuestra intuición es capaz de sentir esa realidad, antes de que pudiéramos tocarla, sentirla, acariciarla entre nuestros dedos.

Tal vez empezó a existir antes de que tuviéramos un nombre con el cual protegernos, más allá del significado que otros puedan darle.

Puede ser que desentumecer nuestros pensamientos, opacos en ocasiones, llenándolos de luz, ayude a poder creer en lo que somos, ayude a recordar las cosas que nos hacen sentir bien.

Aunque nadie nos dijo que el amor es menos limitante, nadie nos dijo lo que pasaría si dejábamos de soñar y matábamos la esperanza.

Tal vez por eso, dejamos de mirarnos a los ojos, y caminamos de prisa, dolientes para que nadie descubra lo que no queremos ver.

Los mejores sueños, son esos que se acurrucan en nuestra piel desnuda al amanecer, mientras nos abrazamos a su tibieza.

Son aquellos que nos despiertan con una sonrisa, aquellos que podemos compartir mientras alguien nos escucha con la mirada iluminada, nos rocía las manos con ternura y nos sigue recordando que, a pesar de que todo parece indicar lo contrario, si sigues las señales de tu corazón, los sueños pueden hacerse realidad.

Así, podemos volver a soñar y reinventarnos.

Mientras se escurre el tiempo entre mis dedos, atrapada en silencios, desatada en palabras, envuelta en un húmedo amanecer, despierto.

No es demasiado tarde, ni demasiado pronto, sólo un nuevo amanecer, un nuevo comienzo, mi imaginación refleja la certeza de que nada es nuevo, de que todo lo es, formando parte de un proceso, de una experiencia anterior, es sólo un punto de inflexión, un constructor de esperanzas…

El camino a mi espalda desaparece, sencillamente lo andado queda integrado, no hay marcha atrás, sólo existe en mi, la vida me lleva adelante, me toma la mano y me ayuda a levantar una y otra vez.

La soledad es un espejismo, no es real, empiezo a sentir otras gotas de agua en mi contorno, somos mar, gota a gota, equipo.

Hoy siento agotadas las palabras, como si pudiera prescindirlas para refugiarme en el cálido silencio de sus abrazos, de las generosidades, de cada uno de los momentos que hace mucho no existían, ahora eso no me preocupa, en realidad en este momento me siento en paz, como si al fin disfrutara el agua que calma la sed, soy agua con el cuerpo que habito, en la lluvia que baña, en las caricias que me erizan la piel, soy agua en el océano inmenso de la vida, puede que únicamente sea una gota, más… eso no importa.

Nada existe, ese, es el primer paso para existir, igual que el amor, siento, que cuanto más se ama, menos se desea poseer, sólo se comparte, actos generosos que contagian, regalo que se expande más allá de los limites de la felicidad, y que produce la complicidad de una sonrisa con efecto de boomerang.

Hoy me doy la oportunidad de cambiar, de transformar algunas cosas que dije, que pensé, la vida se renueva a cada instante, y cada instante ofrece la oportunidad de volver a empezar, de tomar la responsabilidad de cada acto, de cada palabra, de cada silencio, de cada mirada, para tomar acción en el mundo.

Con reflexiones nostálgicas, desde BC, mi rincón existencial, Andrea Guadalupe.