sábado, octubre 10

Narraciones que nunca finalizaré:


 

 

 

Tijuana BC Octubre/009.      Narraciones que nunca finalizaré:

 

En el convento complacían a la anciana monja como a una santa, adulación que ofendía su modestia.

¡Ustedes van acabar por convertirme en una leyenda! rezongaba.

Inútil. Sus compañeras escuchando esas ejemplares protestas, la admiraban aún más; y unas novicias se dispusieron a festejarle los cien años, convencidas de que su salud era otra prueba de que Dios la estaba favoreciendo.

Llegó el día del cumpleaños.

En ese amanecer la anciana hermana se despertó con una extraña sensación: dientes nuevos crecían en las encías desiertas; de la cofia se derramaba una negra cabellera; los ojos volvían a ver un mundo diáfano; la piel se estiró, fresca, suave; el cuerpo recobró las curvas de sus diecisiete años…

Temerosa que este rejuvenecimiento fuera interpretado como un milagro de santos, la monja se escapó del convento y con sagrados contoneos se marchó ha recorrer el mundo.

 

 

Andrea Guadalupe caminaba como cada día hacia el trabajo.

Las miradas de aquellas personas le atravesaban indiferentes y soberbias.

Sólo que a ella no le importaban, guardaba un secreto que ni sus más cercanos conocían.

Llovía... Tras su defensa de alambres y tela podía observar unas luces alternos al fondo de la calle, se reflejaban en los edificios y producían sombras rectas y móviles.

Tontos, volvió a pensar.

No entendía aquellas miradas, no llegaba a decidir si eran fruto de su imaginación o si realmente el odio anidaba en ellas.

Algunas veces se le había cruzado por la mente un incómodo pensamiento: "Quizás sean cosas mías, tal vez sólo están enfadados, han dormido mal, sus mujeres les engañan, no son felices o sus trabajos son una basura", y estas ideas desaparecían tan rápido como el agua sucia que se escapa por las cloacas.

 

Llovía y las sombras intermitentes de azul y rojo se hacían cada vez más cercanas.

Pensó en correr, lo pensó de veras.

Comenzó a sentir un sudor frío bajándole por la espalda y el filo del presentimiento ya cortaba hondo en sus ojos cafés.

Andrea Guadalupe comprendió demasiado tarde que iban a por ella, " Cubriéndose con su sombrilla destartalado intentó cambiar de acera para caminar por la siguiente calle en otra dirección, sólo que ya era demasiado tarde.

Dos manos como tenazas le aferraban por detrás y, sin saber cómo, se encontró esposada y en el suelo.

A duras penas, temblando de horror, pudo observar la expresión de odio homo fóbico que asomaba como un insulto furioso por la abertura del pasamontañas de los agentes policíacos que la detuvieron.  

Esta vez sí era odio, sin duda era odio...

 

Andrea Guadalupe fue detenida el lunes por la noche a escasos metros de mi casa acusada de transgredir el bando policiaco del buen ciudadano, la moral y las buenas costumbres.   

Quizá una de esas miradas anónimas que contemplaba todos los días era la mía.

 

Ninguno de los planes con que aquel ingrato hijo intentó asesinar a su madre había dado resultado.

Otros planes más arriesgados tenían el problema de que ocasionalmente la policía podría descubrir al culpable.

Una mañana de invierno, terminó de imaginar el plan definitivo.

Fue al puente y se lanzó.

Su cadáver fue recuperado en la ribera, cien metros hacia abajo, a los dos días.

El plan era perfecto.

Una semana más tarde su madre moría de tristeza.

 

Se oyó un trueno atronador y la anciana, sentada en la mecedora de mimbre con la cabeza echada hacia atrás, salió de su somnolencia con el rostro desquiciado. Conocía muy bien aquel sonido y la potente luz que lo antecedía.

El mismo que cincuenta años antes se había encargado de arrancarle de los brazos a su pequeño hijo haciéndolo volar por los aires como una paloma púrpura, el mismo que la había dejado casi sin familia, sin hogar y sin sueños.

El mismo.

Hay cosas que no se olvidan, aunque el mundo gire y en cada vuelta trate de borrar sus errores.

Hay recuerdos que se instalan en la mente como parásitos que van sorbiendo la razón hasta acabar con ella.

Intentó levantarse, sólo que ya no era aquella mujer joven de hace años.

Ni siquiera la madre coraje que sacó adelante a la única hija que le quedó viva, que trabajó en el campo, en la fábrica.

Ahora era un conjunto de huesos rígidos cubiertos por una piel antigua y castigada, unos ojos opacos y una mente con demencia senil.

Ésa era ahora.

Una vieja triste a la que trasladaban cada mañana desde la cama a la mecedora y cada tarde desde la mecedora a la cama.

Se oyó un nuevo trueno, una nueva detonación, y la mujer, inmóvil desde hacía tres años, se agarró a los brazos de la mecedora y se puso en pie.

El miedo es valiente, avanzó unos pasos y tomándose de los muebles logró salir de la habitación.

Grotesca e insegura como un payaso ebrio.

Tenía que proteger a su nieta: "¡Todos al suelo! ¡Las manos sobre la cabeza!", la mente se le llenó de gritos, de frases emitidas por voces desconocidas.

Consiguió alcanzar el dormitorio de Paula, no estaba.

Quizás ella ya se hubiera escondido.

Sí, seguro que se habría escondido, ella era una muchacha lista.

Otro trueno terrible la obligó a doblar las rodillas, fosilizadas a golpe de años y sufrimiento.

Arrastrándose como soldado en el campo de batalla consiguió esconderse debajo de la cama.

Ahí, a oscuras, con las manos sobre la nuca y el corazón rebotando contra el suelo, notó que le faltaba el aire.

Ahí, entre cuatro patas de madera se le acabó el oxígeno que almacenaba en los pulmones y su cuerpo volvió a agarrotarse.

Esta vez para siempre.

Cinco minutos más tarde se abría la puerta de la casa y una voz excitada comenzaba a flotar en el ambiente.

¡Abuela, vengo hecha una sopa!

No te puedes imaginar la tormenta que se ha soltado, me ha tomado sin paraguas en la calle... ¡Abuela, abuela!… ¿Abuela?

 

Y se vistieron para la misa de doce.

Provocativas, sensuales, con buen gusto.

Como si no supieran que para incitar a los vecinos no necesitaban ropa llamativa.  

Al caminar por la plaza tomadas de la mano, algunas personas tiraban habladas.

Ellas cruzaron serenas, sin hacer gestos, como si atravesaran, sin saberlo, un criadero de víboras.

Los eternos clientes del café, murmuraban a sus espaldas, las mujeres comentaban su maquillaje y su desfachatez

Llegaron hasta la puerta de la iglesia que tenían prohibido pisar y ante la multitud de fieles se besaron, como cada domingo.

Después volvieron satisfechas a su hogar.

 

Tú no te das cuenta, sólo que te pasas las noches mordiendo la sábana, como si al masticarla desgarraras el sueño que quieres.

Anhelas, sudas, tragas saliva como si ésta fuera un jarabe dulzón que te diera voz; quisieras contar lo que sientes, lo que oyes, por eso muerdes la sábana.

Sin voz, sin oídos, testigo siempre mudo.

Viviendo indiferente la vida de los otros.

¿Qué vas contar? si no te enteras de nada.

Sólo retazos, retazos; retazos que en la noche, cuando la casa calla, reconstruyes en tu sueño y muerdes, masticas la sábana.

Sin embargo, tampoco el sueño es tuyo, es de ellos.

Tú querías venir a la ciudad, progresar, soñabas, hoy no sabes para qué.

Tú cumples con tu trabajo, no tienes amigas porque sabes que son como tú, con vida prestada para los domingos o el día de descanso en que los otros quieren que vivas tu propia vida.

Por eso, aunque no te das cuenta, masticas la sábana por las noches.

Aquí las paredes tienen oídos.

Escuchas todas las noches un zumbido tenaz, sordo.

Tu cuarto no es grande, por eso los sonidos se quedan pegados a las paredes.

Al principio pensaste que el zumbido pertenecía al viento que se colaba por las rendijas de la puerta, sólo que al despertar tenías los oídos inflamados.

Recuerdas el remedio de tu madre y cortas unas ramitas de ruda, las hueles.

Te sientes aliviada, el picante olor de la ruda te penetra, te sumerges en otro sueño, el tuyo, el que has olvidado, y el zumbido permanece, retumba dentro de ti.

Te asustas, piensas que estas loca, y de repente el sonido disminuye, se apaga, se pierde entre los rumores de la calle que también se despierta al sol.

Entonces peinas tus cabellos, te sientas en la cama y por un instante te sabes bella.

Renace la sonrisa en tu rostro y quieres gritar lo que sabes, tienes miedo.

Te zumban de nuevo los oídos.

Quisieras huir, no pensar, quedarte quieta mirando cómo la marea se mece al ritmo de tu respiración.

Sola en tu costa, en tu arena.

Comparando tu piel al sol; a ese sol que te labra.

No hay zumbidos, sólo el murmullo caliente de la playa… Quisieras refrescarte la garganta y dormir… Dormir sin soñar.

Así como el peñasco: quieto, solo; que no se molesta cuando la furia de las olas chocan; ni cuando la espuma le rodea y acaricia.

Qué lejos… que lejos te sientes y que sola.

Por eso muerdes la sábana en las noches.

Te dejaste envolver y ahora tienes miedo, tiemblas, te hierve la sangre…los muslos.

Te dijo palabras extrañas, te adormecías, te dejaste llevar por el sonido de su voz, por sus manos…Te dijo que eras bella.

Recoges tus cosas, te marchas sin decir nada.

No quieres explicar… pedir…. Quieres llevarte sus manos en tu piel; su voz entre tus cabellos.

Ya no morderás la sábana por las noches, morderás al mar

Dirás que fuiste amada y que a tu amante se lo tragó el mar cuando nadaba… nadaba.

Te abandonarás en la brisa, te perderás bajo el sol cuando nadie te vea.

Y tal vez volverás a soñar con la roca… Y la arena… Y la semejanza… Remontas la noche… tus recuerdos… Callas…Te duermes…

Andrea Guadalupe.


                                              Andrea Guadalupe.

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domingo, octubre 4

Palabras gritadas en silencio,

Tijuana BC  Oct/009.    Palabras gritadas en silencio,

 

 

Si nos escucharan hablar.

Si escucharan lo que llevamos tanto tiempo gritando,

Lo que queremos decir,

Las urgencias de los hospitales estarían trastornadas por infartos.

Frente a ti halle mi verdad, en un amor que nació callado, en miradas pacientes y ocultas
Buscándose siempre en rincones, de una caricia muda inexistente, de palabras gritadas en silencio,
de un beso contenido y diluido en un suspiro, de acariciarte sin rozarte por temor a sentirte,
del miedo actuar y amar sin razón, del deseo diseminado por el interior del alma.
De necesitarte y desearte cada día en un ahogo, de morir cada noche por tu ausencia y
amanecer húmeda en tu recuerdo.
Del calor acumulado entre nuestros cuerpos, del amor disfrazado en amistad, de confesarme con mi corazón.
De permitirme decirle al miedo adiós, de confesar que halle el amor en otra mujer…

Andrea Guadalupe.
 

 

 



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Treinta monedas


Tijuana BC Octubre009.            Treinta monedas

 

El joyero estuvo mostrando a la señora unos collares, anillos y hasta un surtido de relojes. Ella torcía el semblante dando a entender una y otra vez que no era lo que andaba buscando. Desalentado se encogió de hombros, parecía que esta venta no iba a cuajar.

Entonces la clienta le explicó que era para un regalo y que en realidad no quería gastar mucho.

El vendedor le preguntó de cuanto disponía.

Ella le enseñó un billete de diez y otro de veinte.

Sonrieron, tenía una manta llena de crucifijos relucientes, en un instante se decidió: "Este". La mujer se marchó contenta y el hombre quedó satisfecho, una vez más lo había conseguido; acababa de vender a Jesús el Cristo, por treinta monedas.

Andrea Guadalupe. .


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sábado, octubre 3

Una semana de vida.

Tijuana BC Octubre/009.   Una semana de vida.

 

 

Necesito salir, estar ausente, desaparecer, caminar sin sombra, correr y caerme.

Escribir sin palabras, levantarme, volar sin alas, gritar que me muero.

Hablar sin boca, escupir fuego, reír sin carcajada, llorar nostalgias.

Toser sin aliento,  respirar pasión, vivir sin vida, mirarte a los ojos.

Encontrar sin buscar, volver a vivir

Son las horas en que la noche deja de ser confusión para iniciar el amanecer.

Estoy en la cama, con los ojos abiertos mirando al techo, sin poder serenarme, de repente suena mi teléfono.

¿Sí?

¿Es usted Andrea Guadalupe? Pregunta alguien al otro lado con voz ronca y desgastada.

 Sí, soy yo, ¿quién eres?

Y es entonces cuando te das cuenta de que tu vida cambia completamente por una llamada de teléfono.

Antes no has vivido, sólo has soñado vivir.

Soy la muerte.

¿Cómo? Pregunto extrañada.

Debo de notificarte, dice pausadamente y entrecortado, de que, te queda una semana de vida.

¿Perdón? Pregunto confundida.

Dentro de 7 días usted morirá, contesta.

 No entiendo. Digo extrañada.

No te hemos pedido que lo entiendas, sólo debes saber, que dentro de 7 días dejaras de existir.

¿Por qué?

Sabes algo que no tendrías que saber.

La cuenta empieza, ya.

Disfruta de tu última semana de vida.

Me quedo callada, sin decir nada, pensativo.

Escucho como echa el humo de su cigarrillo por la boca y rebota en el auricular llegando hasta mi oído.

Cuelga el teléfono.

Sólo siete días de vida.

Me levanto de la cama, tomo una hoja de papel y lápiz, escribo:

Cosas que debo hacer antes de morir:

1- Decirles a quienes viven en mi pensamiento y corazón lo mucho que les quiero, besarles y abrazarles cada segundo de mi última semana.

2- No olvidar jamás lo que fueron para mí, y decirles que sin ellos yo no sería quien soy.

3-.- Saludar a todas las personas que veo por la calle y desearles los buenos días.

4- Escribir la poesía más bonita del mundo y tatuármela en el pecho, mientras grito que algún día quise ser escritora.

5- Escribir en un cuaderno todo aquello que sólo yo pueda leer, y nombrarme mi mejor lectora.

6- Pedir perdón a quien he echo daño.

7- Regalar todas mis cosas al vagabundo de la calle que siempre me pide dinero y que yo nunca le doy.

8- Bailar una noche entera con la música que amo a medio volumen.

9- Rociarme pintura de todos los colores por el cuerpo.

10- Confesar todos mis secretos. TODOS.

11- Escribirle una carta de puño y letra a cada uno de mis amores pasados.

12- Romper en partes mi reloj de pulso y dejar de contar el tiempo.

13- Comprar y regalarle los chocolates rellenos de cerezas con licor a mi hermana Eva y mandárselos a su casa.

14-  Decirle a todo el mundo lo que pienso, sin importarme absolutamente nada.

15- Dormir un día entero

16- Y por último, besarte, aunque sea sólo una vez y tú te apartes.

 

Vuelve a sonar mi teléfono:

¿Sí? Pregunto aturdida mientras lo tomo.

Perdona te hemos confundido, no debes morir hasta el 2015 de suicidio.

Suspiro aliviada.

Perdona las molestias, me dice

Oye, disculpa, ¿Moriré suicidándome?

Sí, a este paso sí., contesta en voz baja.

Dejo el teléfono sobre mi mesa, y releo lo que he escrito.

Después, arrugo la hoja y la lanzo a la basura.

Una voz dentro de mí me dice:

 

"Si vivieras cada semana como si fuera la última de tu vida tendrías la paz que buscas.

Y disfrutarías de la vida que algo o alguien te ha regalado y que continuamente no sabes valorar.

Dejarías de sentirte vacía, llena de preguntas sin respuesta, y tus pasos comenzarían a tener sentido."

Andrea Guadalupe.



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Baile de disfraces sin disfraces, historias LGBT


 

 

Tijuana BC /Octubre 009.       Baile de disfraces sin disfraces, Historias LGBT.

 

 

Nunca es orgía si no estás tú.

 

Hubo un momento en el que no supe si asustarme o disfrutar.

Demasiado morbo, demasiado calor, demasiada alegría, y una mujer extraordinario para mí.

Después de reflexionar, y sabiendo que no había vuelta de hoja, decidí integrarme en la fiesta que ella me ofrecía y gozar del exceso que  me aguardaba.

La cópula fue tremenda, el movimiento rabioso y la pasión desbordante, sólo que cuando sentí el mordisco y la picadura, rápidos y casi indoloros,  comencé a notar que la vida se me apagaba.

Descubrí lo que era ser el macho de una mantis religiosa.

 

Una hormiga silenciosa descendía por su espalda., otra exploraba.

Se besaron lejos del bacanal ruido

 

Oigo el rasgarse de tu ropa al desnudarte, el tacto se queda pegajoso, tu fragancia empieza a inundarme mientras te acerco a mis labios entreabiertos, sin mirarte, empiezo de gusto a derretirte y mordisquearte.

Lo conseguiste, chocolate relleno de cerezas al licor, eres toda una orgía para mis sentidos confusos.

 

...Bocas que comen labios prohibidos, pieles convertidas en vestidos desnudos, manos tocando, rozando, que acarician cuerpos autorizados sólo para el placer, risas mojadas en lágrimas de tormenta, susurros breves elevados a la máxima potencia sensual, nombres que se esconden, se escurren...identidad penetrada por los rincones...gestos obscenos que disimulan el miedo, la vergüenza, la soledad...lluvia dorada que seca el alma, besos de arco iris que se confunden, se encuentran y se buscan...circo de pasión, teatro de corazones ingenuos, película sin drama...a las puertas del vacío se descubre la eternidad...al limite, en la frontera, se traspasa la línea... ¿el infierno en calma?...después abrazo la nada, y al ritmo loco de las notas excitadas del silencio, la orgía de mis sueños despiertos desembocan en ti...

Sonó mi teléfono, lo tomo sin pensar en que te escucharía al otro lado...

¿Sabes quién soy? Mi cuerpo sí lo sabía y tembló ligeramente.

También mi corazón se desgarró y mi mente no dejó de imaginarte de nuevo entre mis piernas.

Voy a la ciudad al final de mes.

Yo te escuchaba y tú aclararse la garganta antes de seguir: ¿Podré volver a verte?

No dudé porque lo deseaba tanto como tú o más: Búscame entre la música y los colores.

Entre la orgía de los cuerpos y sus olores, la orgía de sabores en labios húmedos y en roces clandestinos... Sígueme, encuéntrame y... ámame.

 

... Ahí estaba, mi lejana diosa, bailándome bajo la luna sus curvas borrosas por el ir y venir de las olas.

Me incitaba distante, estremeciendo todo mi ser, acompañando mi deseo con sus labios salados.

¡Oh qué deliciosa tortura!

No pude sino unirme a aquella danza celestial que a voces me rogaba convertirla en orgía de cuerpos entrelazados.

Fue en ese instante cuando caí en la cuenta de que estaba presenciando mi  bautismo de carne.

No volvería a ser la misma...

 

Lo siento, te tengo que dejar, Marina, no volverás a verme.

Valoro tu sacrificio, yo sé que fue por mí, sólo que debías haberme preguntado sobre algo tan importante.

Sabes que nunca habíamos hablado de sexo, sólo miradas, sonrisas, roce de manos, esos pequeños besos a escondidas... Sé que te hablaba mucho, demasiado tal vez, de mujeres, de como estaba de buena esta o aquella.

Era para disimular, Marina..., para guardar las formas ante los demás.

Aunque ya no hay arreglo... Yo te quería como eras, Mariano, con tu barba de días, con tus brazos morenos y peludos, con tu voz ronca, mis sueños siempre eran de encuentros sexuales entre ambos.

Ahora me resultas extraño, extraño y turbador... Me hayas preguntado antes de cambiar de sexo.

 

Hoy volví a leer sus palabras en mi correo.

Empecé a temblar como me ocurre siempre que leo su nombre en la Bandeja de entrada.

Otra vez estaba dispuesto a dejarme amar por él y a darle todo mi amor en una orgía cibernética y telefónica que nos hacía llegar a ambos hasta el séptimo cielo. Era demasiado el tiempo que llevábamos separados, de hecho, sólo el cable nos había acercado y unas viejas fotos intercambiadas nos habían mostrado nuestros cuerpos.

Sólo que su manera de hablarme, su pasión en cada encuentro y la seguridad de que había algo más que sexo ahogado en nuestra relación, hicieron que robara mi alma.

Desde entonces, sólo dos palabras me despiden de él: Siempre Tuyo.

Andrea Guadalupe.

 

 

 


                                              Andrea Guadalupe.

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miércoles, septiembre 30

5:07 de la mañana, historias LGBT.


 Tijuana BC Sep/009.                 5:07 de la mañana, historias LGBT.

 

 

Hay un espejo en mi habitación que cree saber más que yo, me mira y me recuerda quien soy. Acéptalo me digo mirándome a los ojos.

Cambio mis formas… Transformo estos labios resecos en suave y roja ambrosia; los cabellos rebeldes, en flameantes hilos de plata; los ojos vidriosos y oscuros, en vivaces espejos color café; el cuerpo, en deliciosas, sugestivas curvas; la piel áspera, en tersa y manejable seda; mi voz, en inconfundible melodía de un lejano atardecer… Me veo, diáfana, frente al espejo, y quedo satisfecha: la metamorfosis se ha completado.

Hace días que esperaba este momento, la habitación iluminada por las velas, las dos solas, mirándonos a los ojos, con curiosidad.

Sé que te sorprende verme así, con estos ropajes cubriendo mi piel cálida y transparente. Miles de veces lo has imaginado: éste el momento decisivo, la hora de ser lo que eres realmente.

Acércate, desnuda mi cuerpo pieza por pieza, deshaz estas vestimentas que resultan un estorbo para nuestro fin, y representemos el amor en su manera más natural.

Mis ojos brillan: me encantó verte arreglado como hombre, pervertido.

No cabe duda de que nos parecemos.

Mi vestido de mujer también me encanta.

Era lo que querías, ¿no?

Veo que estás más cómodo de esa manera..

Fuera de lo que se diga comúnmente, tú y yo sabemos que somos la pareja perfecta.

 

 

He dejado de ser hombre, y me siento feliz, por ser lo que soy: un ser sin ataduras, libre, desigual a todos los demás.

Nos conocimos en misa

Su mano me lanzaba entre espasmos y risas hacia la tensa rutina de nuestras miradas.

Me recompuse, besé sus sanguijuelas rosas y me fui.

No imaginé que pudiera ser tan divertido.

El sacerdote miraba horrorizado.

 

Siento que te vas, te estoy dejando escapar.

Algunas correos, apenas unas llamadas, poco tiempo juntas.

Me obligo a pensar en el por qué no me decidí, por qué te miraba de manera velada.

Me obligo a no recordar en tu cuerpo sobre el mío.

Y entre tanto, descubro el deseo y la impaciencia.

 

A veces no sé interpretar bien las miradas, aunque la de aquella persona,  rotundamente era una invitación a conocernos, a mi me había atraído desde el primer momento y aunque lo nuestro era imposible, ese último gesto parecía no dejar ningún tipo de duda.

Sé que me quiere, si la mirada es el espejo del alma, le encantan mis huesos y se expresaba sin importarle lo que piense la gente, no oculta lo que siente por mí por encima de todos los obstáculos que la sociedad nos pone.

Si pudiésemos hablar le propondría que nos casásemos ahora que se puede porque creo en el amor a primera vista.

No es fácil.

Si con las miradas pudiéramos hablar al menos... Me conformaría con que me pudiera mirar sólo que como ya dije nuestro amor es imposible.

Y apago la tele.

 

Me amó como yo la amé: En silencio, y quise despertar la voz para saludarla a los siete vientos, sólo que no, amé en silencio, ahí nadie puede contaminar lo creado, lo magnífico, lo perpetuo, lo sublime...lo lindo.

Me quedo con lo que nadie puede ver desde mi corazón.

Me quedo... con mi silencio.

 

Ustedes son lo que quieren ser, déjennos a nosotras ser lo que somos.

 

La maestra es buena: enseña de manera correcta, nos ayuda en los exámenes, nos infunde modales y valores, nunca la he visto molesta, casi siempre sonríe y te mira a los ojos con una mirada tierna, comprensiva.

 ¿Será por eso que me gusta tanto?

Tal vez… He pensado seriamente en descubrirle esta pasión que llevo en mi pecho hace ya varios meses.

Aunque, la verdad, no sé cómo tomará esta declaración de una niña de diez años como yo.

 

Somos mujeres en este momento.

Tomadas de la mano recorremos la ciudad, vagamos por los parques y las calles desérticas, cruzamos avenidas, observamos a quienes nos observan con escándalo, con disgusto, algunos con burla.

 Continuamos nuestro recorrido; llegamos al malecón, contemplamos el mar, su choque constante contra las rocas, las gotitas que saltan en el aire y caen cerca de nuestros pies desnudos.

Vagamos por la arena cálida de una playa cercana y nos desnudamos frente a la tarde anónima que esconde su rostro tras las colinas grises.

Exploro tu cuerpo ardiente e inquieto que me pide un atrevimiento, una súplica desesperada. Mis labios, independientes, besan cada espacio de tu cuerpo, siguen el trayecto que dibujan tus médanos de carne y hueso y transparentan los rayos solares que ya desaparecen.

Ahora eres tú y me conviertes en la selva virgen que buscas, nos sumergimos en un río que no cesa de fluir y salimos a la superficie, aspirando el aroma del placer en su etapa final.

Somos seres humanos contando nuestros detalles más minúsculos al crepúsculo, aventuras pasadas, verídicas o imaginarias,  somos así: mujeres que juguetean con su sexualidad, que se extravían por la atmósfera cálida de un tiempo que transcurre, seres que se suman a un mundo que divide su orden.

Así somos: libres como el espacio celeste.

 

Cuando por fin llegan a casa Malhechor, Malgastar y Va a asaltar dejan sus coronas y sus mantos en el perchero y cada uno de ellos simula la sorpresa de encontrarse con el regalo de los otros dos.

Este año, Malhechor y Va a asalta le han traído a Malgastar un nuevo aceite corporal, con sabor a frutas, que todos están ansiosos por probar.

Se miran dulcemente a los ojos, se toman de las manos para pasarse al dormitorio

 

No me gusta hablar del pasado, no me gusta ver el brillo de mis ojos sólo en fotografías viejas, no me gustar recordar..... No me gusto; no desde este presente ingrato que destruye mis recuerdos y los convierte en imágenes manoseadas de tanto acudir a ellas.

No me gusta la cuerda floja por la que camino cuando te recuerdo.

No me gusta vivir una vida prestada, no me gusta dar explicaciones de mis acciones cuando nadie las puede comprender.

 No me gusta la gente con una mueca permanente en su rostro, manías de una.

Reglas de supervivencia para no caer en el abismo.

Soy mujer y hace más de un año que no comparto mis noches con mi dama, que su olor no se enreda en las cortinas y su risa no se oye en el baño.

¿Por qué?  

Una voz artificial anuncia mi marcha.

Un brillo de tus ojos celestes se te escapa clandestinamente.

A mí llega arbitrario y solo sirve para recordarme que entre ambas hay tierras secas, viento cálido y un río hecho de llanto.

"No puede ser" te oigo decir.

Tan solo tres palabras, qué fuerte me golpean.

El impacto se coincide con este sol para derribar mi montaña construida con piedras de entusiasmo.

La voz metálica llena otra vez el aire de urgencia.

El fragor de la caída me expulsa de nuestro sueño.

El polvo de los desechos casi me ciega, llenando mis ojos con restos de realidad implacable.

No caeré, no caeré, me sujetaré a tus susurros horizontales.

No caeré, me sostienen los versos que me pediste leer: "no es el amor lo que muere; morimos nosotras"

 

5:07 de la mañana.

Aquel hombre no para de dar vueltas en la cama.

 Se ha despertado y no puede volver a dormir.

Está impaciente por recibir su regalo, está nervioso por si  no llega.

No puede esperar más, lleva demasiado tiempo esperándolo.

Se queda un rato mirando a su pareja, que como cada noche está en la cama a su lado con su eterna sonrisa, no sabe dormir sin él.

Se imagina que esta soñando algo bonito.

Lo abraza e intenta volver a dormir.

Poco a poco va pasando la noche.

 Son las 8:47 y ya no puede esperar más, lleva toda su vida esperando.

Se levanta y pone la tele muy bajita. Su pareja parece seguir soñando feliz.

Por fin llega el momento: votos a favor 187.

Una gran sonrisa ilumina su rostro, tiene 57 años y vive con otro hombre, su pareja, como le gusta llamarle, desde hace más de 30.

Por fin se van a casar. Andrea Guadalupe.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


                                              Andrea Guadalupe.

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domingo, septiembre 27

Que el hasta pronto, no tarde


Tijuana BC Sep/009.                Que el hasta pronto, no tarde

 

Cuando termino de escribir, me gusta pensar que lo que  acaba de nacer ya tiene vida propia,

Que llora, patalea y ya tiene quien lo quiera.

Que lo acunarás en tus brazos, que ha nacido con algo de ti y de mí en sus rasgos, en la forma en que sonríe, en cómo nos mira asombrado.

Que va a crecer libre y sano llevando nuestro mensaje, transportando en sus pupilas la luz de otra historia que extienda nuestro afecto.

Terminó el momento de introspección, volví renovada, con fuerzas, con nueva apariencia y mentalidad.

He cortado mi melena, y al inverso de Sansón, me siento mejor.

Las aguas vuelven a su cauce, aunque por un sendero distinto, diferente, extraño, sólo que a su cauce.

La decisión de vivir en paz, antes que ser feliz la he tomado, es mía y no voy a renunciar a ella.

Por vanidosa que parezca, me lo merezco.

Lo sé, y voy a ser firme en ello.

Y si alguien no está conforme, que de un clic en mi vida y no vuelva nunca.

Hay momentos en la vida en que cuando llueve furiosamente, de repente, sale el sol.

Y entonces se forma el arco iris.

La vida es, sin lugar a dudas, una montaña rusa.

Cuando te abres y revelas lo que llevas dentro, evolucionas, creces y llegas a la cima.

Después, ocurre algo, y vuelves al fondo de la curva, aunque por suerte ya sabes que existe la cúspide, puede ser que no la veas, sólo que está ahí.

Y si, descubrí que después de tantos años y de todo ese sentimiento, el argumento volvió.

 Y ahora sé que tú también, y aunque la vida de todas formas, a veces la realidad te pega la bofetada, ahora tú, me pegaste el guantazo.

Y no me importa, me he dado cuenta de que me niego en rotundo a sucumbir.

 Me niego, estoy en paz, estado más duradero y estable que la felicidad.

Y nadie me va a poder arrebatar eso, al menos de momento

Y  a veces, creo que los astros se alinean, a veces, soy capaz de imaginar que eres tu quien pareces esperar que lea entre líneas, a veces, dudo sobre lo que siento, y a veces, no se que hacer.

Este es pues, mi momento, llueve, si, sólo que el sol se deja ver a través de las negras nubes.

Y empieza a no asustarme nada.

Oficialmente, este día domingo, me he decidido y no voy a permitir ni a consentir que nadie pueda impresionarme teniendo como arma a los prejuicios, no voy a permitirlo.

Me niego, soy y desde que existo, una mujer fuerte, aunque no creo que sea políticamente correcto expresarlo de este modo, sin embargo en este momento, me parece lo más apropiado.

Y no tengo intención de que esto cambie.

Y al tercer día Dios creó al dinero, y el cuarto los prejuicios...

Hoy, después de varios días en pendiente elevada, ha llegado el bache.

Involuntario, rudo e impactante.

Llegó en forma de delincuente, con sus amenazas correspondientes, evidentemente.

Y una vez pasado el momento, todo volvió a la normalidad; el ambiente quedó igual que una playa tras un tsunami, tranquilo, sólo que terriblemente desértico.

Reinaba el silencio y no había paz, no había movimiento, sentimiento, ni ningún tipo de color.

El color, se marchó de mi día.

Y una vez más, me encontré en una película de cine mudo: Agotada…

Intente levantar mis pies del suelo, y no me resulto posible.

Intente caminar, y no me siento capaz.

Intente alegrarme, mirar la vida con ojos nuevos, y descubrí que estoy sin fuerza.

Intente… intente, y no parezco exponer en la frecuencia correcta.

¿Estoy estropeada?

Creí ser capaz, creí que sería posible, aunque  no, sin tener nada que contar, nada nuevo que decir…

No encuentro valor en las palabras vacías que solo sirven de relleno.

No lo veo, lo siento.

Sólo quisiera comentar, que ahora con un cariño rota en vías de recomposición, tengo trazas pobres y grises, perspectivas al fin y al cabo.

No son demasiado alentadoras, aunque son las únicas que tengo.

 

Es lo que me saca de quicio, pensar en tantas cosas, imaginar, componer historias enteras en mi mente, y que pobremente se escapen por la puerta de atrás sin encontrar la salida que merecen.

Es triste, y mientras eso ocurra, mientras salgan por la puerta de atrás, estaré ausente, entre el bien y el mal; entre la espada y la pared.

Ahora, aquí, me despido hasta que el día sea noche y la noche sea eterna

Solo escribo hoy para dar las gracias, a todos, y a nadie, al mundo y a ti en particular.

A ti, que lees mis penas, y ríes mis alegrías, a ti que siempre estas ahí, aunque yo nunca lo sepa.

Un beso, y que la vida te de todo lo que te mereces, no, que te de más, que será lo que de verdad mereces.

Saludos y que el hasta pronto, no tarde. Andrea Guadalupe.

 

 

 

 

 

 


                                              Andrea Guadalupe.

                Tijuana BC. México. Tierra que abraza siempre al regreso, que cobija entre latidos  
                                            sumergidos en una busqueda natural.

                   Desde mi rincón existencial, donde el  sol nace al poniente.      

 
 




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