domingo, septiembre 20


Tijuana BC Sep/009.                  Atracción espontánea.

 

 

Siento un calor insoportable, tanto que las yemas de mis dedos se pegan a las piezas del teclado y me impiden escribir.

 No puedo aguantar más este tiempo, es una extraña presión que noto que necesito despedir y que veo que posiblemente jamás podré.

Tal vez no sea sólo calor.

Tengo  el día pensando en ti.

Recuerdo perfectamente la primera vez que te vi.

No puedo parar de recordar aquellos instantes.

Tenía tantas ganas de verte que ahora que no estoy a tu lado me imagino que actúas en el teatro de mi corazón de actriz; sí, de artista y ahí estoy: sola, sentada en la primera localidad de la primera fila, observándote sin apartar ni un instante la mirada, observando y sonriendo de alegría, de entusiasmo, de felicidad; reproduciendo cada escena de aquel día que pasó.

Recordando cada movimiento, cada sonrisa, cada mirada.

Cada surco de tu piel o cada hebra de tu cabello.

Encontrándome de nuevo con tu mirada y adivinando en tus ojos, descubriendo un nuevo mundo, una nueva vida, descubriéndote a ti. .

Ese día fue muy especial para mí, lo fue porque descubrí algo que jamás había desenmascarado.

Yo creo en la soledad, en mi ego, en mí.

Hasta que llegaste tú y la creencia se arrastro por el suelo y se perdió entre tanto calor.

Nunca pensé que llegaría ese día, yo era feliz conmigo misma y con mi soledad, sabía que no necesitaría más nada si estaba con ella, aunque no sabía cuanto tiempo duraría su compañía.

Ese día lo supe.

Mi soledad se fue, desapareció, se perdió… llámalo como quieras, solo sé que no he vuelto a saber nada más de ella desde ese día.

Aquí estoy, sola, completamente sola, y tú estás ahí, lejos, demasiado lejos.

Cerca., no tan cerca como desearía.

Eso es todo, me abandono, jamás había echo algo así, un buen día, aquel buen día, desapareció. Sé acabaron los largos paseos tomada de su mano, las preguntas que me hacía y los buenos recuerdos que las dos guardábamos.

Todo se esfumo, y se esfumo ese día, por ti.

Antes de irse, mi soledad me susurro unas palabras al oído, unas palabras que nunca olvidaré y que siempre permanecerán  junto a mi: "La soledad es y será siempre tu mejor acompañante, la soledad no es ausencia de compañía, si no abundancia, sólo que la soledad es incapaz de hacer sentir lo que nuestro amigo el amor te hará descubrir"

No dijo más, en voz baja y lentamente susurro a mi oído sus últimas palabras y se fue, voló tan alto que la perdí entre la inmensidad de las nubes.

Jamás pensé que me dejaría, aunque poco a poco voy descubriendo que la soledad no es eterna. Y aquí sigo, sola,  buscando una salida, buscando liberarme de esta cadena que me ata y que no me deja salir.

Tal vez mi soledad se fue porque sabía que ya jamás volvería a necesitarla.

Ese día encontré una nueva compañera, una nueva aliada, una nueva amiga, cualquier sobrenombre es valido.

Ese día te encontré a ti.

Vi en tus ojos lo que nunca he visto y lo que ahora no puedo parar de ver…Amor.

En cuanto te vi, supe que tenía que conócete.

Fue una tarde paseando por las calles de la ciudad, yo caminaba sin rumbo, intentando huir de mi soledad, cuando ella se cruzó en mi camino.

Caminaba despacio con la mirada perdida en el suelo.

No sabía quién era, no sabía cómo se llamaba, sólo que me atraía.

Es difícil explicarle a una desconocida que, te sientes atraída por ella.

Que desde que la has visto, no has podido apartarle la mirada, que cuando camina, desprende una fragancia que se apodera de cada parte de tu cuerpo y te vuelve frágil.

Que no es amor a primera vista, aunque tampoco a segunda, que simplemente, es una locura.

No me podía irme sin conocerla, si dejaba pasar esa oportunidad, jamás volvería a verla.

Tenía que conseguir que se fijara en mí y creyera que todo había sido de forma casual.

La seguí a unos tres o cuatros metros de distancia.

Únicamente le veía la espalda, y era tan hermosa…  como si el mundo a su alrededor no le perteneciera y viviera en un mundo imaginario donde sólo existía ella.

Minutos más tarde, se detuvo en una tienda de ropa, después de mirar el aparador, entró.

Había llegado a su destino.

Esperé un momento fuera, para no levantar sospechas, poco después entré en la tienda.

Cuando entras a una tienda de ropa para mujeres, eres consciente de haber dejado el mundo habitual y ocupar un espacio fantástico, que tú y nada más que tú, controlas.

Las tiendas de ropa interior femenina son semejantes a los cines porno.

La gente jamás levanta la vista para observar a los demás.

Las compradoras habituales no acudimos en grupos, sino individualmente, bajo ideologías y vestimentas que sólo nosotras entendemos.

Fue directa a uno de los anaqueles que estaban situados a la izquierda de la tienda, anduvo buscando entre las gavetas y al rato, con una sonrisa en los labios, sacó un fino ejemplar.

Parecía muy feliz, como si hubiese encontrado un tesoro, un diario secreto o un boleto ganador de lotería.

Soltó la lindura de camisón  durante un instante, mientras acudía a preguntar algo la dependiente.

Fue entonces cuando entré en escena y me convertí en protagonista de aquella historia, era mi oportunidad, mi única oportunidad.

Con paso ligero me acerqué al estante y como quien no quiere la cosa, tome cuidadosamente el modelito que la chica acababa de devolver a la estantería.

En cuanto las finas telas y encajes tocaron mi mano, la chica dejó de hablar con la dependiente y se acercó, algo triste, hacia mí.

Oye, oye, eso es mío, dijo con la mirada clavada en el camisón mientras se acercaba a mí.

¿El qué? Dije haciéndome la tonta.

Eso, gritó, señalando la ropa.

Lo siento, lo voy a comprar, le contesté

No, por favor, no… dijo con tono preocupado,… lo tenía yo…sólo he ido un momento a preguntarle la dependiente el precio.  

Observé el camisón, que por cierto era de estilo juvenil, fresco, lindo, y fingiendo contesté:

Bueno, mira, podemos hacer una cosa.

Tú lo compras, le dije mientras le entregaba la prenda y yo te invito a tomar un café, ¿te parece?

Ella Sonrió.

La acompañé hasta la caja y después de pagar, salimos de la tienda.

Por el camino me dijo que le había salido más caro de lo que pensaba.

Le contesté que a quien le había salido caro todo aquel asunto era a mí, que encima tenía que invitarla a tomar un café.

No dejaba de mirarme mientras hablaba, cuando nuestras miradas se encontraban, ella apartaba la suya rápido, como si sintiera vergüenza.

Nos sentamos en una cafetería.

Tenia unos ojos cafés de un brillo intenso; un pelo rizado marrón, recogido en un perfecto moño.

Sus labios parecían arcilla maleable a los que una artesana disfrutara dado forma.

Imaginé como las yemas de mis dedos formaban sus bordes.

¿Tengo algo en los labios?, pregunto limpiándoselos con una servilleta.

 No, no… respondí con algo de vergüenza, los estaba mirando, son preciosos.

Se sonrojó un poco.

Las dos reímos, me miró y me expuso una pregunta que le había estado rondando por la cabeza desde que nos conocimos.

Y tú,… ¿en qué crees?

¿En qué creo?, repetí sin entenderla muy bien

Sí, todo el mundo cree en algo: en Dios, en el dinero, en el amor, en el sexo, en el triunfo…

En algo tienes que creer.

Yo creo en la atracción espontánea, respondí.

¿Y eso qué es?

Me acerqué a darle un beso y nuestros ojos se cerraron mientras mis labios, desesperados y hambrientos, comenzaron a moldear los suyos apasionadamente…

 

Andrea Guadalupe.

 

 

 


                                              Andrea Guadalupe.

                Tijuana BC. México. Tierra que abraza siempre al regreso, que cobija entre latidos  
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                   Desde mi rincón existencial, donde el  sol nace al poniente.      

 
 




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domingo, septiembre 13

Pedacitos de miradas o de ilusiones

Tijuana BC Sep/009.   Pedacitos de miradas o de ilusiones

 

 

Llegue a esta página Web de prisa, buscando un lugar que me dejara sacar adelante la idea de crear y escribir por el disfrute de garabatear.

Llegué sabiendo que podía desaparecer el impulso inicial.

Una vez registrada, publiqué un pequeño post, a modo de introducción, a modo de compromiso para seguir escribiendo, ya no podía dar marcha atrás.

Ahora me siento orgullosa de mi espacio virtual.

Revisándolo me he dado cuenta de mi evolución.

Creo que he pasado por una etapa amarga en la que he maldecido una mala suerte injusta, que al final ni fue mala ni fue suerte ni fue injusta para, ahora, sentarme tranquila en este temor que nunca debí abandonar.

He escrito también intentando reflejar lo complejo y personal que puede ser el amor o el odio, la alegría o la tristeza, la reflexión.

He dejado claro que me gusta vivir, la narrativa y que  escribir bien es un arte que no domino.

Mis palabras escritas, son diarios personales abiertos, declaraciones, a veces, del alter ego que guardo en el ropero; testigo de mis errores, de mis ataques de felicidad; alimento de mi vanidad; ejército de mi mala o buena voluntad.

 

Gracias a quienes visitan este espacio habitualmente, a quienes lo han visitado buscando alguna cosa, a los que se han confundido de autora, a los que entran para ver qué tal estoy, a los que lo visitan para confirmarse que no les gusto.

A todos, muchas gracias, sin sus visitas, personalmente, esto no tendría sentido.

 

No sé cuántas veces he vuelto a empezar ni si esta es mi tercer o cuarta vez que vuelvo a nacer, por decisión propia, empujada por la triste muerte de mis acontecimientos.

Es curioso, me siento dispuesta de nuevo a caminar sospechando que tras una esquina me sorprenderá el destino, ese que te golpea y te limpia, o quizás te nuble, la ilusión virginal de ponerse el mundo por pañoleta.

Mis acontecimientos murieron una noche, a eso de las doce, cuando la ruleta de mi fortuna salió negro par y otra vez ganó la banca y otra vez perdí mis secretos.

Sólo que, qué más da eso ahora, cualquiera tiene  una noche en la que, a eso de las doce, se nos mueren las hechos.

Lo importante aquí es que quise nacer otra vez y no morirme para siempre.

Lo importante aquí es que ya no le tengo miedo a morirme otra vez.

Todas tenemos una noche en la que, a eso de las doce, nos da por brindar a la salud de nuestra mala suerte.

 

Es cierto que tan sólo son palabras y que como tales pueden invocar a la suerte para que las recuerdes.

Son pedacitos de miradas o de ilusiones tal vez que, con sus acentos, son comas, sus giros que las peinan, pretenden desfilar ante tus ojos.

Buscan destacar unas sobre otras, brillar por encima de los artículos y adverbios, presentarte a sus adjetivos del alma, todo con tal de que les prestes atención.

Porque su vida es simple y corta y, tal vez, tu mirada no se detenga ni un segundo en el cuerpo de esas palabras.

Sólo que aun así pretenden ser tus amigas, tus confidentes, tus maestras.

No pretendo obligarte a que mis palabras sean siempre de tu agrado porque, reconozco que, a veces, de entre todas las que existen escojo las menos expresivas.

Da igual que me esfuerce en ensayar con ellas, en instruirlas para que reciten solas el mensaje que intento, en guiarlas hasta la puerta de tu atención.

A veces el mensaje que quiero escribir es una tarea demasiado complicada para las palabras aspirantes que elijo.

Y aún a pesar de mis fallos, quiero decirte que mis palabras son meditadas con el mayor de los cuidados, porque cada una de ellas, ya lo dije antes, lleva un pedacito de mi mirada o de ilusión, que quiero regalarte.

La próxima vez que llamen a tu puerta o suene tu teléfono, abre o contesta, porque puede ser una de mis frases dispuesta a recitarte lo que tanto tiempo ensayó conmigo.

Gracias. Andrea Guadalupe.



                                              Andrea Guadalupe.

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domingo, septiembre 6

Es preferible soñar.

Tijuana BC Sep/009.   Es preferible soñar.

 

No sé hace cuanto tiempo tengo que dormir abrazando una almohada en mi cama.

Cuando apago la luz y me acomodo para dormir, siento como alguien se acuesta a mi lado y me pregunta: ¿Por qué?

Su voz es la misma que a veces me grita cuando descubro algún recuerdo olvidado en mi memoria, o le oigo llorar cuando encuentro alguna foto entre las páginas de un libro que alguna vez significo mucho en mi vida.  

Sólo una vez logré ver quien era.

Era la misma criatura que en ocasiones veo  reflejada en el espejo  o se asoma en alguna vitrina.

Una vez fui esa criatura, sólo que acabó consumiéndose, ahogándose en sus metas  y en su esperanza en las revoluciones lentas de conciencias.

Y ahora regresa con ánimos de no  dejarme dormir tranquila.

Quizá cuando me pregunta ese porqué, quiera saber que fue lo que hizo que la dejara morir. Aunque yo  me callaré y la dejaré dormir esa noche conmigo.

Tal vez desde su odio me quiera, y cuando me quiera me perdonará.

 

Confieso que estoy  preocupada.

Nunca se me ha roto el corazón, no he tenido el corazón en un puño, tampoco se me ha subido el corazón a la garganta, o me ha danzado el corazón en el pecho.

De ningún modo me ha dado un giro el corazón.

No he tenido jamás corazonadas, así como no he abierto mi corazón a nadie; no he asegurado nada con el corazón en la mano, o con la mano en el corazón.

No he hecho nunca de tripas corazón, no tengo un corazón de oro o de piedra.

Jamás he amado de todo corazón... Lo que sí noto es que mi corazón late, reparte la sangre por el cuerpo y hace mucho ruido.

¿Es suficiente?

 

Aprovechaba cualquier oportunidad para embobarme con su foto durante unos segundos.

Mirar esas facciones que, al principio, me habían parecido abundantes.

 Dos ojos, una nariz, una boca, todo con estilo, eso sí.

Más tarde, según me iba enamorando, resultó ser la perfección en cuanto a fisonomías se refiere, presencia que se transformó otra vez en una más, justo después de que me dejara.

Quienes la conocieron, dicen que siempre ha tenido las mismas facciones, sólo que yo no he tenido los mismos ojos. ¿Será eso?

Y su foto se quedó escondida entre mis documentos en mi bolso.

Saltó un día por casualidad de su escondite y  en vez de tirarla, o lo que se haga con las fotos de quienes has querido pero ya no puedes, la guardé otra vez.

Y me sorprendí a mí misma observándola para después insultarme y decirme que tenía que acordarme de olvidarla.

Me pareció absurdo andar corriendo delante de mi sombra para que no me descubriera mirando la foto.

Así que decidí enfrentar la situación.

Y me propuse soñar con ella otra vez y preguntarle qué debía hacer  para no estar como estaba.

Y esa noche en mis sueños apareció, guapa como la recordaba y poco más.

En cuanto me vio, me tumbó sobre la cama y me ordenó que no dijera una palabra.

Se inclinó sobre mí y empezó a recorrerme con sus manos; desde el cuello fue bajando por mi pecho, desabotonando la blusa, soltando la falda, entonces se paró repentinamente, me miró y sonrió como ella sólo sabía.

Y sin más sacó de mi bolso la foto y se fue.

Siempre tuvo mucho carácter.

 

Desde ese día me dejó arrullar por unos ojos negros y brillantes o, tal vez, claros y profundos.

Me dejó llevar de la mano de las miradas hiriente como el hielo a veces, otras, dolorosas como una rosa de funeral y unas más, ficticias, como un primero de enero.

Y así esos ojos sin fin se volvieron retiros, se tornaron oasis, se mudaron en playa para mis naufragios y en sueños para una insomne.

Así, hipnotizada de utopías comprendí porqué la humanidad tiene miedo a la muerte.

Y cerré los ojos para despertar más tarde en el mismo lugar, sólo que con aires de pesadilla, porque esos ojos sin fin ya no estaban.

Se fueron mientras dormía y me dejaron como antes, en medio de un escandaloso silencio y una soledad espantosa.

Y un día alguien encendió la luz que aquellos ojos habían apagado, me reescribió la memoria y me quitó de los hombros el cargo de conciencia.

Me abrió la puerta de la calle y empujó para volviera a buscar otra mentira con ojos sin fin, otra ilusión que me acunara y que quizás también me robaría un trozo de su alma.

Aunque asimilé que el alma es infinita, que se parece a una rara piedra preciosa, que hay quienes saben valorarla y quienes no, que siempre la vida da oportunidades para cerrar heridas y que entre soñar y el dolor del despertar, es preferible el soñar.

Andrea Guadalupe.

 

 

 

 



                                              Andrea Guadalupe.

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Muerta desde entonces


Tijuana BC SEP/009.       Muerta  desde entonces

Las horas, los días, los años pasan, a su ritmo, ilusionados por su seguridad de sólo mirar hacia delante.

Atrás van quedando las pasadas metas, aquellos espejismos nacidos de un mundo solitario, de un mundo que se antojaba enorme.

Se murieron muchos de esos sueños cuando el aire los tocó, ese aire viciado de ser respirado tantas veces a través de tantos años, por gente distinta que al final era la misma.

Se murieron y descansan en paz o en el olvido quizá.

 Sólo que quedan los hijos de esos sueños, algunos se dedican a vengar la muerte de sus progenitores y otros se olvidan de donde salieron.

Y el tiempo sigue andando, a su ritmo, atropellando diferencias y almas que se atrevieron a ponerse en su camino, guiadas por la falsa luz de la esperanza en un cambio a mejor, sin detenerse a pensar que no merece la pena morir por nada.

Nadie se acordará de nadie cuando el tiempo pase.

 

Me acomodé sobre las vías a esperar la muerte.

La misma muerte que frecuentemente rondaba mi vida, sólo que nunca me había rendido a dejarla entrar.

Me acosté  mirando al cielo, como quien está cansada y sólo espera a que el sueño le apague el pensamiento.

 Esperando al pesado ferrocarril que se llevaría mi dolor, dejando atrás el cuerpo destrozado con el que diría adiós, agitando al viento un ensangrentado pañuelo.

Me había escondido para tomar mi último tren.

Señalan que soy cobarde, que nunca nada es tan malo como para acabar de esa manera, que la vida no es un jardín lleno de flores, sino un extendido campo de batalla donde unos empuñan espadas de oro, y otros luchan con piedras.

Existen opiniones que expresan que una es digna de retirarse de la vida cuando ya no tiene nada por lo que luchar.

Había salido de la casa después del desayuno, frente a una mesa sin cariño y abundante de café.

Sin algún familiar que lograra poner una sonrisa en mi rostro, o que frecuentara mi estéril compañía.

Hacía demasiado tiempo que no pasaba nada extraordinario, la rutina era un ritmo de días ingratos.

Quise dar una vuelta por el centro de la ciudad, tal vez con la secreta intención de que algo o alguien pusieran en indecisión la idea de morir, que me obligara a buscar la cura para un corazón seco de no latir.

Camine por  las plazas tratando de encontrar gente agradable sentada en los bancos; recorrí sin prisa las avenidas, atenta a algún conocido con quien romper el silencio y volver la hoja, quitar esas telas de araña que desde la mente colgaban hasta mi boca.

Incluso busque las figuras de personas que un día admire

Una simple conocida, una amistad, habría enfriado y puesto en orden mis locas ideas, o tal vez, me habrían convencido para tomar pastillas que me llevaran al sueño eterno.

Vagaba dispuesta a que algo inesperado me desviara a continuar con vida, o simplemente demoraba el camino trazado especialmente para el día, con un objetivo claro del fin que me había propuesto.

Empecé a caminar llevando la cuenta de mis pasos en mente, y en cada uno encontraba una razón más para despreciar la vida.

 Una suicida a veces es lo mismo que una asesina.

Hay asesinas que, literalmente o no, matan a personas por desprecio a su propia vida.

Y hoy, yo iba a ser mi primera y última victima.

 Camine con decisión fuera de la ciudad, por las veredas que se extienden a lo largo de la carretera, y ya cansada de buscar en las calles en las que nunca había encontrado nada, me oculté  para sumirme en mis últimos pensamientos, que no se supo jamás, si fueron para afinar detalles o para evadirme de lo que se planeaba a hacer.

Poco más tarde, me tumbaba sobre los rieles para esperar a ese tren mientras rezaba para que, por una vez en la vida, no se escapara ese también.

Con los ojos cerrados sólo podía sentir el viento en mi cara.

Y sólo oía mi propia voz en mi cabeza.

No tenía miedo, estaba segura, era eso lo que quería hacer con mi vida.

Por fin había encontrado la respuesta a la pregunta que me hacía constantemente.

Y la respuesta era que no quería vivir.

 

Estaba cansada de no ser nadie o en el mejor de los casos, de ser una copia de alguien que a su vez era la copia de alguna otra.

Me cansé de sentirme extraña cuando soñaba y de sentirme vacía de ilusión.

Por eso lo hice, avisé,  nadie me entendió.

Nunca hablé el mismo idioma que los demás en el fondo.

Por eso lo hice.

Abrí los ojos, aunque no sabía si tenía los párpados abiertos o cerrados.

No sabía si tenía cuerpo, porque no era no sentirlo, era no acordarme de si lo tuve.

Sólo apreciaba mi propia voz.

Nada más, no escuchaba nada, me había convertido en una continuación de preguntas y pensamientos.

Pensé que eso debía ser el infierno, al fin y al cabo, me había suicidado y era ahí a donde iban las suicidas me dijeron una vez en la iglesia.

Y tenía lógica, ¿Qué peor tormento que una eternidad en dónde sólo puedes escuchar tus pensamientos?

La mayoría de los vivos huyen de quedarse a solas consigo mismos.

Recordé los motivos que me llevaron a no creer en ninguna religión.

¿Me había equivocado?

Tal vez de haber tenido una vida llena de alegrías, de momentos felices, de metas cumplidas, ahora también sería feliz recordando.

Sólo que no hice nada, busque complicaciones a todo y me escudé en mis planes rotos para no organizar nuevos.

Estaba muerta  desde entonces de alguna manera.

Y ahora tengo la eternidad por delante para arrepentirme

Quizás no sepa lo que diga.

Andrea Guadalupe.

 

                                              Andrea Guadalupe.

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sábado, septiembre 5

Las cicatrices no se borran.


 

Tijuana BC Sep/009.  Las cicatrices no se borran.

 

El penetrante olor a carne descompuesta inundaba el ambiente.

¡Huele a perro agusanado!...!Que peste!

Así van a ir apareciendo los muertos, escuche decir mientras me cubría la nariz con el ante brazo.

Mi guía suspiro profundamente, mientras recordaba en voz alta los momentos cuando paramilitares cargaron a quienes señalaron como rebeldes, cuando los treparon para reventarlos lejos, en el lugar donde ya habían preparado las fosas.

Los llevaron en un camión, lejos por una brecha, mi hijo pudo saltar y esconderse, entonces una patrulla se separo de la caravana para darle alcance.

Sólo que el anduvo aprovechando que las piedras grandes no dejaban que se metan las trocas.

Lo persiguieron, le dieron carrilla hasta meterle un balazo.

A todos se los fueron llevando, sólo dejaron a los ancianos, niños y a las esposas.

Querían acabar con los hombres.

En las tumbas colectivas, van a ir encontrando las viudas a sus hombres, los hijos a sus padres, los padres a sus hijos.

El mío pudo saltar y correr para esconderse.

Una pareja de paramilitares lo busco por diversión.

¿Qué podía costarles haberlo dejado que huyera?

Sólo que no, estuvieron siguiendo sus huellas, olfateándolo, jugando, divirtiéndose.

Lo obligaron a tragar hierbas mientras huía, a dormir con el corazón palpitante,

Y cuando se tranquilizaba, lanzaban un tiro al aire para verlo correr. Tropezar, levantarse para volver a caer.

Por la noche, los vigilantes, lanzaban disparos cerca de su escondite…lo enloquecieron.

La pareja de para militares, se divertía en el centro de una guerra sin sentido.

Mientras sus compañeros expulsaban de nuestro territorio a los paisanos, ellos perseguían a mi hijo que corría agotado y sin rumbo.

Sus fuerzas desvanecidas hicieron aburrida la cacería del hombre.

Fue cuando la pareja se enfado de perseguirlo y aquí mismo lo mataron.

De nada sirvió verlo vencido.

Lo obligaron a  hacer con sus manos su fosa para ya no arrastrarlo luego, mientras él, con sus gritos cansados, pedía clemencia.

Los malditos, notificaron por radio que habían cumplido, lo dejaron escuchar que ya lo daban por muerto, cuando aun estaba vivo y difícilmente respiraba.

Entonces lo mataron, le echaron encima escombro y se fueron.

¡No cubrieron bien siquiera el cuerpo!, expreso el chiquillo.

De haber puesto atención, le habríamos visto desde un principio.

¿Cuánto tiempo no le hemos buscado?

Tantos días, qué ya se pierde la cuenta.

Nada es igual después de una guerra.

Los padres se quedan sin hijos, los hijos sin padres, y por más que se quiera lavar la sangre derramada, el olor queda en el ambiente.

Las cicatrices no se borran.

Después, sólo después, se encuentran los cadáveres al paso, los perros sin rumbo, buscando a sus amos, las moscas verdes…la sangre.

Ya no se puede recuperar la vida de mi hijo.

¿Cuándo podremos parar?

¿Cuándo habremos de aprender?

Esto no se acaba.

Acércate chiquillo, mira ese cuerpo que descansa bajo el montón de tierra, reconozco esos pies.

¿Le tienes miedo?

Es mi hijo, es tu padre.

¿Por qué le tienes desconfianza?     Andrea Guadalupe.

 

 

 

 

 

 


                                              Andrea Guadalupe.

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domingo, agosto 30

Busco amante…

Tijuana BC Agosto/009.   Busco amante…

 

 

Con Cariño y atención a Carlos Andrés, amigo cordial.

 

 

 

Le dije que no podía imaginar cuánto la amaba.

Se lo repetí varias veces, sólo que esta vez suspirando.

Por fin, guarde un dolido silencio.

Ella me miraba distante, con gesto de extrañeza.

Después contestó muy despacio que, en efecto, era incapaz de imaginarlo.

 

A veces creo que tener amante es lo mejor que puede pasar.

Algunas  personas tienen ya y muchas también quisieran tenerle.
También puede ser que yo no lo tenga porque no quiero, o lo he  tenido y lo perdí o decidí perderlo.
Quizá sea parte de esos grupos que vagan por las calles con aspecto triste y que si nos preguntas  respondemos que tenemos nerviosismo, falta de ánimo, pesimismo o crisis de ansiedad o llanto. También diría que la vida es monótona o que no tengo expectativas.

En definitiva, que estoy  desesperanzada y que tengo  todos los síntomas de estar deprimida.
Sin dudarlo, lo que necesito es…un amante.
Seguramente sería increíble ver la expresión de sus ojos cuando me oigan decirles eso.

Sólo que si se quedaran a escuchar les explicaría mejor y les diría que un amante es en realidad cualquier cosa que apasione.
Algo que ocupe mi pensamiento antes de acostarme o que no me deje dormir.

Un amante que me vuelva distraída frente al ambiente y que me dé sentido y motivación.
Claro que puede ser también la pareja u otra persona ajena.
Puedo encontrar a mi amante en cualquier sitio: en la literatura, en la música, en el crecimiento espiritual, en los amigos de verdad o en un hobby.
En fin, puede ser alguien o algo que me dibuje una sonrisa y que me aparte del triste destino de sobrevivir.
Sobrevivir es anhelar cómo viven los demás, es guardar rencores, es no querer ser bondadoso, es no estar en paz con una misma.
Así que viviré.

Buscare un amante o algo.

No me limitare a sobrevivir.

Aprenderé y seré grande con las frustraciones.

Respirare hondo y viviré en paz.

 

Escucha Satanás, hagamos un trato, me parece desproporcionada tu idea de que te venda mi alma por toda la eternidad.

Es un precio demasiado alto para las cuatro o cinco cosas que quiero pedirte.

Así que negociemos.

¿Qué te parecería si a cambio de éxito literario y sentimental te alquilo mi alma durante tres mil años?

Después de ese tiempo la dejas libre, me juzgan como Dios manda y tendrías un 50% de posibilidades de que mi alma volviera otra vez contigo al infierno.

¿Te parece bien?

Bueno, ahora déjame que te ofrezca el alquiler de algunas almas que conozco.

 

 

 

 

 

Las dos sabemos perfectamente que es mentira.

Que ni te ahogarías en mis ojos, o que no me falta el aire cuando no estás.

Tampoco es cierto que te morirás sin mi amor ni que eres mi primer pensamiento al despertar.
Sentémonos y hablemos sobre laberintos con Minotauros; recordemos aquella vez que la vida nos encerró en la torre; soñemos, tú con las habitantes de la isla de Lesbos, yo con sus poemas; inventemos soluciones para nuestra soledad de portarretratos vacíos.
Sentémonos y cedamos a nuestro deseo de creernos.
Porque qué bonito es mirarnos a la cara y pactarnos juntas contra el miedo a perder, aunque sea con mentiras piadosas, aunque sea a base de poemas improvisados.
Caminemos juntas gritando que para ser poeta sólo hace falta enamorase y ganar, enamorarse y fracasar.

Vivir.

 

 

¡Aquel se equivocó al no querer que esa mujer le leyera la mano!

 Con un gesto de odio, la gitana lo maldijo con estas palabras: "Escucha tu castigo por no haber querido perder un minuto conmigo... ¡Que desaparezcan tus alegrías habituales!

A partir de ahora tus cafés se enfriarán en segundos, la cerveza que te sirvan estará caliente y los bocados  cualquiera te sabrán amargos; llegarás a la parada del colectivo cuando el tuyo se haya  marchado y el siguiente tardará el triple de lo normal en llegar; perderás todos los taxis por segundos; no recordarás el nombre de tus amigos cuando tengas que presentárselos a alguien; entrarás siempre tarde en cines, teatros y fiestas; toserás violentamente cada vez que te rías, nunca se te volverá a ocurrir algún pretexto; la PC  se  colgará en los momentos más impropios; las máquinas expendedoras nunca te devolverán cambio ni funcionarán correctamente para ti; mancharás tu ropa varias veces en cada comida; la gente que se cite contigo llegará siempre tarde y se equivocará de sitio; sudarás como un maloliente al mínimo intento de calor y te resfriarás con la más leve corriente de aire...

No hacen falta grandes maldiciones para destrozarte la vida, como pronto empezarás a comprobar...  Andrea Guadalupe.

 



                                              Andrea Guadalupe.

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                                            sumergidos en una busqueda natural.

                   Desde mi rincón existencial, donde el  sol nace al poniente.      

 
 




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Estoy loca, tal vez.

Tijuana BC Agosto/009.     Estoy loca, tal vez.

 

 

 

 

 

A cada paso que doy, voy rompiendo el tiempo, igual que la proa de un barco rasga el mar.

Atrás voy dejando las sombras de minuteros muertos que fueron presente y ahora son pasado, que fueron océanos de posibilidades y ahora son rastros de hechos consumados.

Porque al dar vuelta en aquella esquina, desprecié las otras, porque al abrir aquella puerta perdí de vista las demás.

Y así, como si de un poema de Machado se tratara, voy haciendo camino al andar.

Camino con niebla, camino con sombras, camino que mata a quién no quiere caminar.

 

Mi corazón está lleno de aire, confusiones, olas suicidas, risas de un ayer, cañaverales, naranjales y cafetales, relojes de sol y de luna, agendas vacías, teléfonos mudos, fotografías, palabras ciegas, estrellas, nubes blancas y de tormenta, puertas de madera, tierra negra y húmeda, ataúdes, faros, barcos sin vela, esperanzas, ilusiones, utopías, sueños, papel y lápiz,  y alguna cosa más.

Sangre creo que no.

 

Trato de recordar aquellas tardes cuando el universo era una mesa y una conversación.

¿Recuerdan cuando nos mirábamos como si el destino de pronto existiera?

Fue mágica la manera que teníamos de anticipar las frases, como una sola imaginación.

Y ¿se acuerdan de cómo reíamos?

 En cualquier momento y contexto, la sonrisa por excelencia.

Son esas las historias que alegran los recuerdos, aunque sólo sea un momento.

Y si no me creen, mírenme la sonrisa en los labios mientras repaso por oficio y no por aburrimiento, ni nostalgia.

Quizás por melancolía sí.

Sólo que no me acusen, porque descubro que a ustedes también les ocurre.

Aunque recuerden otras tardes, otras mesas y otras conversaciones y no lo hagan por oficio, sino por accidente.

En fin. ¿Cuántos días me quedarán antes de hundirme en el pozo de sus memorias?

No, no me llamen fatalista, saben que pasará, mi nombre se desvanecerá de alguna manera y, con suerte, mi imagen se convertirá en un deja vú abrazada a la espalda de alguna palabra.

Y si no tengo suerte, la máquina del rencor y la vida pasarán por encima de mi presencia, y me convertirán en lo que nunca fui, y eso lo entiendo.

A veces entiendo algunas cosas.

¿Entienden ustedes lo que nos pasa ahora?

 

Miro a mi contorno y veo gente que viene y va con sus vidas a cuestas, que han dejado debajo de la almohada su cara de enfado y se han puesto la de persona feliz, con metas en la vida y con futuro radiante.

Algunos caminan con mirada altiva, orgullosos de pensar que los envidian.

Otros viendo sólo que sin mirar, sin bajar la cabeza por si acaso se cruzan con Dios y no lo ven y luego no pueden contárselo a sus amigos.

Van concentrados en pensamientos que insultan al significado de pensar, ajustados en analizar ideas que se perderán al tomar la siguiente esquina.

Y otros que se mueven con la mirada en sus pasos; porque no quieren encontrarse con una situación en la que tengan que improvisar, y de esa manera plasmar el desprecio que reflejan sus espejos del cuarto de baño.

Unas pocas, entre ellas yo, también miramos al suelo porque al hacerlo de frente, no vemos más que cuchilladas.

Golpes a la ilusión, heridas a las ganas de olvidar y volver a intentarlo, machetazos a la esperanza de no ser la única que no tiene ganas de mirar dentro de nadie, puñaladas al intento de pensar como los otros que la vida es sencilla y no que esas cosas sencillas son también las más aburridas.

Son cuchilladas que ríen, hablan, lloran y que me las encuentro nada más salir de mi burbuja, en el trasporte publico, detrás de un mostrador, caminando en las banquetas, en medio de un supermercado y en el trabajo, en cualquier parte.

 

Y qué puedo hacer.

Sólo me queda derrotarme o volverme loca.

Rendirme lo elimino porque seguramente no tendría ánimo para disimular y no podría fingir la sonrisa de buenos días, ni probablemente recordar frases hechas para dar a entender que escucho lo que me dicen.

Y eso sobrellevaría, en el mejor de los casos, el desprecio de quienes no soportan que sus vidas no nos parezcan apasionantes.

En el peor de los supuestos, el que queden huellas que me he rendido a la ilógica del mundo, implica lo que yo considero el peor de los sentimientos que me pueden ofrecer: la pena.

Y no es que no la soporte porque quede de manifiesto que soy débil y que no soy apta para la sociedad, como acostumbra pensar la mayoría en cuanto ven a alguien que consideran inferior tan solo porque creen que ese alguien no tiene las habilidades sociales de las que ellos piensan que son unos expertos.

No soporto dar pena porque transforma mi desilusión, natural creo ya estas alturas, en agresividad hacia las personas que se atreven a regalarme su compasión.

En esos momentos siento un profundo desprecio hacia esa gente que brinda compasión y brazos por el hombro, en vez de guardárselos para si mismos.

Les harán falta cuando se paren a pensar que no son más que náufragos ilusos que piensan que bebiéndose el mar no se ahogarán, que no son más que olas ciegas convencidas de que llegando a la orilla habrá gente que les aplaudirá su trabajo y que descansarán, en vez de morir como mueren, que no son más que gaviotas cobardes que se conforman con vivir siempre sobre el mismo trozo de mar creyendo que eso es el universo.

 

La única solución que me queda llegado este punto es perder la cabeza.

Para esto tendré que aprender a reírme por dentro, imaginándome una sonrisa de superioridad en mi cara cuando los mensajes, que me lleguen escondidos en las conversaciones de los demás, me transmitan la ignorancia del que habla sobre el complejo final de las cosas, me murmuren comentarios sarcásticos sobre la seguridad con la que me dicen las palabras.

Y entonces me engañaré pensando que soy dueña de los segundos que pasan, que soy la única que ve a las personas atrapadas dentro de otras personas, que los errores no se pagan, que las risas sinceras valen más que la sinceridad misma, que las lágrimas no ahogan palabras, que decir te quiero porque sí no es de románticas, que creerse única es necesario, que las sombras sirven para apreciar más a la luz, que la felicidad se muestra siempre con otros nombres para que no se le  reconozca y en definitiva, me engañaré con todos esos pensamientos que la razón ata y entierra.

Estoy loca, tal vez.

 

 

Sabes padre…

Todos los días me atacan unos segundos en los que tu cara se interpone en todo aquello a lo que miro.

Y no me importa que te quedes mirándome sin decirme nada.

Sé que si pudieras hablar no sabrías cómo empezar.

Y si yo te pudiera responder te diría que ahora estoy bien, que soy capaz de recordarte y sonreír.

La mayoría de las veces.
Ya han pasado años desde que te marchaste.

Ahora ya ves, si pudiera, escribiéndote una postal que no sé muy bien a donde enviar para decirte no sé tampoco muy bien el qué.

Quizá escribirte que desde que te fuiste me parecen importantes muchas menos cosas.

Quizá escribirte que me di cuenta que no sólo te quiero, sino que te admiro por todo lo que viviste e hiciste, a veces sin darte cuenta.
Quizás escribirte simplemente que te marchaste demasiado pronto.

 

Andrea Guadalupe.

 

 

 



 

                                              Andrea Guadalupe.

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sábado, agosto 29

Tú que me lees…

Tijuana BC Agosto/009.     Tú que me lees…

 

 

El representativo cuento" Macario", escrito por B Traven, enigmático escritor con vida de leyenda, expresa con desnudez la manera de ver el mundo del mexicano, de filtrarlo por si mismo, y expresarlo en su forma de trabajar y sus costumbres.

Vivir la vida de golpe, consumirla intensamente, sin importarle el mañana aunque se muera.  

"Macario', narración donde el personaje come un pavo sin compartirlo, sin usarlo como pie de cría que pueda ofrecer recursos para un futuro.

Lo devora a cambio de su propia muerte.

Un cuento extremadamente mexicano.

Las comunidades se descubren en su forma de combatir y sus costumbres.

México comienza con M, igual que Macario, quien es una expresión del espíritu y raza  mexicana, y por lo tanto de nuestros gobernantes, frutos de nuestra sociedad.

Atienden lo urgente, sin reparar en lo importante.

El mañana en los hechos, no cuenta.

Lo urgente, indica improvisar, igualado con robar.

Lo importante supone pronosticar, emparejado con crear.

Se improvisa una mafia, se crea un estado.

Desde que se supone que somos independientes, andamos en lo urgente.

Hemos rematado media geografía, importado príncipes, copiado la constitución americana, obedecido ordenes en latín, francés, ingles, y últimamente en chino.

Hemos subastado la otra mitad de la nación asesinando hombres grandes, desterrando héroes, honrando violadores, pederastas, narcopoliticos, nepotistas, asesinos, ladrones, hemos protegido defraudadores, saqueadores, preservado dinosaurios, y becado inútiles Made in USA.

Gente urgente, mafias.

Un viejo trabajador de PEMEX, hablando del logotipo, que en años pasados era un charrito, decía; "El día que el charro caiga, México se caerá"

Es interesante saber que desde que tenemos a los Harvard Boy's, dirigiendo nuestra economía, el logo de PEMEX, es un águila calva.

¿No es el ave nacional de USA?

Este es un país con germen de lo urgente en lugar de lo importante.

Presumimos de despreciar lo importante, esto es el futuro.

¿En que dirección vamos?

¿Hay acaso un proyecto de país?

Por lo expresado, lo hecho y lo no hecho, eso no cuenta, es importante, no urgente.

Tú que me lees, te sugiero que repases con sensibilidad "Macario"

Si te quedas confundido, acude a San Juan Diego, quien tiene acceso directo con quien lo mantiene a flote este país, sin importar la carga de tanta burocracia.

Tal vez sea oportuno comentar en forma marginal que las empresas más competitivas del mundo, no contratan  directivos con sobre peso.

Si no controlan su figura, menos el rumbo de las compañías.

Ojala y el gabinete adelgace antes de adelgazar al pueblo.

Algunos parecen modelos de Fernando Botero, lucen una corbata como babero sin mancha.

Tal vez la abrochen a su oreja para que no les estorbe mientras se acaban lo que les falta del pavo.

                  Andrea Guadalupe.

 

 

 

 

 



                                              Andrea Guadalupe.

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